Opinión

ESI: camino hacia unasexualidad responsable

Sábado 20 de Octubre de 2018

Educación sexual integral (ESI) es un programa nacional que avala un derecho de los estudiantes. Intenta romper con estereotipos, mitos y creencias referidos a la sexualidad y pretende, tal como su nombre lo indica, un abordaje integral; esto es, trabajar en el aula con información científicamente válida, con valores como la empatía, la solidaridad y el respeto en pos de formar identidades plurales y respetuosas.

El programa está avalado por la ley 26.150 del año 2006, donde se establece que todos los estudiantes tienen derecho a recibir educación sexual en todos los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de todas las jurisdicciones. Sin embargo, a 12 años de su sanción, su aplicación es parcial y sigue siendo resistida por algunos sectores sociales.

Entre sus objetivos fundamentales, esta ley pretende asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la educación sexual; promover actitudes responsables ante la sexualidad; prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular y, además, procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.

En una sociedad donde los jóvenes se inician sexualmente en la temprana adolescencia (14,5 años los varones y 15 años las mujeres), es necesario poner en marcha este programa cuanto antes de manera intensiva para sostener una sexualidad saludable; esto es, evitar embarazos no deseados, prevenir enfermedades de transmisión sexual, romper con estereotipos de género, promover la diversidad y advertir situaciones de abuso.

Para ello, los docentes contamos con cuadernos de Educación Sexual Integral específicos para cada nivel del sistema educativo: Inicial, primario y secundario, los cuales fueron elaborados desde el Programa Nacional de ESI del Ministerio de Educación de la Nación e incorporaron contenidos y propuestas para trabajar en el aula. Éstos intentan promover procesos de intercambio entre docentes en las escuelas, acompañando así a niños, niñas, adolescentes y jóvenes en su proceso de crecimiento, desarrollo y aprendizaje.

Quien se opone, pierde

A diferencia de lo que muchos creen, para abordar los contenidos no es necesario pedir autorización porque está avalado por ley; por ende, es obligación llevarla a cabo y garantizar acciones educativas sistemáticas relativas a la temática con todos los niños y adolescentes que conforman la institución educativa.

No tiene sentido sostener la idea "con mis hijos no te metas", es como pretender que en la escuela no se aborde la educación vial o alguna otra temática transversal. Los/as niños/as y jóvenes son sujetos de derecho y el Estado es garante de que cada uno de los derechos se cumplan.

Oponiéndonos sólo vamos a lograr que nuestros hijos aprendan la sexualidad con mitos y creencias provenientes de fuentes erróneas o poco certeras. Internet o la televisión siguen sosteniendo estereotipos femeninos y masculinos equívocos y rígidos donde, en general, la mujer es un objeto o un ama de casa, con una mirada despectiva, y el hombre es visto, comúnmente, como macho proveedor.

Me pregunto qué dirán estos grupos opositores ante la tapa de la revista Gente donde una famosa actriz aparece desnuda y con algunos mensajes o ideas referidos a una sexualidad determinada. Sus hijos/as, seguramente pasarán por el quiosco de la esquina frente al ejemplar cada día y formarán una idea de sexualidad diferente a la que sus padres sostienen. Sin embargo, ninguno de los adultos se presenta frente a sus autoridades dela revista a gritarles "con mis hijos no te metas".

La educación sexual es una respuesta que la escuela, como institución responsable de los que allí concurren, debe responder a una problemática que ha irrumpido en ella. No tiene sentido negarse a su abordaje.

Desnaturalizar el lenguaje y algunas prácticas machistas, explicitar el problema de trata, reconocer el abuso infantil intrafamiliar o intrainstitucional, cuestionar los roles históricos de la mujer y del varón y respetar las identidades y la integridad física de cada uno de los estudiantes no puede dejarse al libre albedrío.

La educación sexual es un derecho y, como tal, la escuela, institución representante del Estado, debe hacerse cargo para que todos los jóvenes vivan una sexualidad saludable y sean considerados ciudadanos críticos, participativos y responsables.

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