Opinión

Es la economía, estúpido

Educación. La campaña de desprestigio de los paros docentes es una manifestación de las tantas pantallas mediáticas para la implementación de un modelo económico que sólo piensa en los recortes y la reducción del Estado.

Martes 28 de Febrero de 2017

Casi podría recitar de memoria y de corrido todo el catálogo de insultos, difamaciones, improperios, descalificaciones o frases comunes que se van a decir de los docentes en estos días. Los paros ponen en agenda la educación como no logra hacerlo ningún otro tema. Para muestra basta un botón. Una encuesta reciente encargada por Sadop Rosario refleja que el 93 por ciento de los consultados no sabe si existe ley de educación provincial en Santa Fe o responde afirmativamente cuando dicha normativa no existe. Lo triste es que seguramente si se los consulta, la gran mayoría sabrá cuándo hay un paro docente acompañado de alguna opinión al respecto.

En Educación las buenas noticias no cotizan. El espacio que se dedica a un alumno o alumna que gana una olimpiada matemática u obtiene un premio internacional es irrelevante con la cobertura que tiene un paro, un hecho de violencia en la escuela o los resultados de las pruebas Pisa, de las cuales se ha demostrado sobradamente que no sirven para tener un diagnóstico real del sistema educativo, pero que son suficiente insumo como para poner un titular de tapa.

Es por eso que no debe extrañar cierto mal humor con los docentes de parte de la sociedad. Todos los días están consumiendo malas noticias de la escuela. Las buenas noticias quedan acotadas al esfuerzo de la prensa especializada o la buena voluntad editorial de algunos medios. Y aun así es muy difícil saber cuántas personas se detienen a ver, leer o escuchar algo sobre la escuela que no sea conflictivo o salga de lo normal.

¿Y qué es lo normal? Que el día a día de la escuela, no exento de problemas o dificultades, transcurra con los docentes enseñando, los alumnos aprendiendo y la comunidad educativa construyendo ciudadanía en cada jornada educativa. Lo habitual no es noticia.

Esto es bien sabido por los gobiernos. Pararse sobre la cotidianeidad de la escuela con las demandas permanentes que tiene el sistema educativo es muy complejo. Y, en la mayor parte de los casos, el Estado corre detrás de los hechos.

La discusión salarial docente no es la excepción. Por el contrario es uno de los puntos más sensibles de la gestión. Y ante la falta de respuesta o la eminencia del conflicto siempre la postura más sencilla es victimizarse y deslegitimar la protesta gremial.

¿Por qué victimizarse? Porque la realidad es dura. En campaña es fácil hablar de la educación como pilar de la patria y usar latiguillos por el estilo. Los problemas comienzan cuando hay que gobernar: priorizar la educación tiene su costo. Y ese costo no es simbólico. Se debe afrontar con recursos económicos. Seguramente la afirmación no es novedosa ni original. Pero tiene aspectos que pasan de largo y son cruciales para entender aristas de los conflictos gremiales en el marco del ensañamiento de algunos gobernantes con los sindicatos docentes.

El gran problema de la gestión educativa no pasa por la asignación presupuestaria para construir, refaccionar o mantener edificios escolares. Tampoco por la compra de material o equipamiento didáctico. Mucho menos por la aplicación de un programa de asistencia educativo o el diseño de planes de formación. Si bien la atención estatal a estos tópicos es siempre deficiente no lo es por causas económicas o su elevado costo.

El principal "problema", especialmente para gobiernos en plan de ajuste, es el impacto de la masa salarial de los trabajadores y trabajadoras de la educación en el presupuesto general. Es ahí donde se acaban los spots de campaña que muestran una maestra sonriente esperando al alumnado en la puerta de una escuela para convertirla una suerte de secuestradora de niños a quienes utiliza para llevar adelante su perversa finalidad de lograr un aumento salarial.

¿Por qué? El sistema educativo del que nos enorgullecemos tiene un profundo sentido patriótico en el que nuestra aspiración es que cada niño o niña argentina tenga acceso a la educación. Para ello debe tener una escuela cercana con sus respectivos docentes.

El resultado es que en Argentina los trabajadores de la educación rondan el millón de personas. Eso es el infierno en la Tierra para los gobiernos que vienen a imponer ajustes a paso redoblado (en estos tiempos… el cielo vendrían a ser los docentes voluntarios que no cobran).

Cada peso que se asigne al sueldo docente es una pesadilla no solo por el impacto presupuestario; sino fundamentalmente porque es un aumento a un millón de trabajadores y trabajadoras que servirán de referencia al resto de las discusiones salariales.

¿Qué salida encontró el gobierno de Mauricio Macri para que esto no suceda? Cancelar la paritaria nacional para congelar el sueldo docente. ¿Cómo? Aumentando unilateralmente un porcentaje ínfimo del salario mínimo federal. No hay detrás de esto ninguna explicación que no tenga un trasfondo pura y exclusivamente económico.

En un modelo donde el ministro de Hacienda grita a los cuatro vientos que los aumentos salariales van a generar desempleo (haciendo gala de haber leído de autores económicos de hace aproximadamente 250 años) es normal que quieran matar la paritaria docente porque es una paritaria de referencia para todo el país y todo el resto de los sindicatos.

Los voceros del ajuste educativo como el minisitro Bullrich o su par de la provincia de Buenos Aires Finocchiaro desempolvan argumentos endebles. Que la paritaria federal no existe, que es solo una mesa de dialogo, que el Estado nacional no tiene docentes a cargo, que la discusión es jurisdiccional entre otras justificaciones que chocan contra la más cruda verdad: el año pasado el cierre de la paritaria docente con aumento del incentivo incluido fue "vendido" por el gobierno nacional como un gran éxito y un logro de gestión. Hoy cuando la primavera de gobierno se va apagando la paritaria docente "en realidad no existe". La matriz es evidente. Cuando se trata de ajustes y recortes no importan las personas, solo importan los números.

¿Y cómo hacer para no decirle a toda la sociedad no queremos aumentar el sueldo docente para no tener que aumentarles a todos los trabajadores? Sencillo montándose en la larga lista de latiguillos que descalifican labor docente. Desde vagos a extorsionadores todos los epítetos son válidos. Con dos innovaciones: La difusión de campañas de descalificación por redes sociales sostenidas por call centers sospechados de actuar sistemáticamente a cada pedido del gobierno. Y con amenazas a los dirigentes gremiales como en el caso de Roberto Baradel o la pinchadura al teléfono de Sonia Alesso.

La campaña de desprestigio de los paros docentes es una manifestación en el ámbito educativo de las tantas pantallas mediáticas para la implementación de un modelo económico que sólo piensa en los recortes y la reducción del Estado. Un modelo en el que todo es cuestión de plata.

Que nadie tenga dudas. A este gobierno no le preocupan los alumnos. Si así fuera no hubieran cortado todos los planes educativos entre ellos Conectar Igualdad u Orquestas Escolares.

Es falso que le preocupe la pérdida de días de clases cuando no pone un peso en planes nacionales para obras de infraestructura escolar (por cierto al día de hoy no han construido ni una escuela) y se pierden decenas de días por problemas edilicios o de servicios a lo largo y ancho del país.

Y por sobre todo es falso que de alguna manera le importe la educación o sus docentes. El ministro Bullrich se ha definido solo como un gerente de recursos humanos. Innegablemente crudo y realista cuando mes a mes siguen despidiendo trabajadores del Ministerio de Educación acotando su presencia en el diseño de la política educativa.

Los recursos económicos nacionales para la educación pasaron a depender del Ministerio del Interior, convirtiéndose en una herramienta más de disciplinamiento fiscal a los gobernadores.

En este contexto es claro que el problema del gobierno nacional con los maestros no es gremial. Es político. Es la expresión de la necesidad de que las paritarias testigos (como la de los docentes) tengan aumentos bajos para seguir parando el mercado interno, bajando la inflación a costa del empobrecimiento de los trabajadores y perdiendo más fuentes de trabajo. Generar desempleo es esencial para implementar la flexibilización laboral que reduzca costos a los empleadores.

Trabajadores con capacidad de consumo son un enemigo para el modelo de especulación financiera y fortalecimiento a los grupos concentrados de poder económico. Que los asalariados compren televisores, celulares, equipos de aire acondicionado, se vayan de vacaciones entre otros "lujos" es inadmisible. En este plan los maestros son, apenas, la punta del iceberg… van por todo. Y por todos y todas.

Para el gobierno de Macri la situación de los docentes nunca fue un problema educativo. Siempre fue un problema económico.


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