Opinión

Entre Guernica y Plaza de Mayo

Memoria. Hay muchas coincidencias entre los bombardeos a la localidad vasca y al centro cívico porteño. Y también un gran contraste.

Viernes 21 de Junio de 2019

En abril se conmemoró un nuevo aniversario del bombardeo realizado por la aviación alemana sobre la población de Guernica, inmortalizado por el genio de Pablo Picasso en su famosa pintura que se puede admirar en el museo Reina Sofía de Madrid. En abril de 1937 los aviones de la Legión Condor Alemana, apoyada por la Aviación Legionaria Italiana, dejaron caer sus bombas sobre la población de esta pequeña ciudad vasca, como colaboración del Eje Fascista con el general rebelde Francisco Franco, sublevado contra la República Española. La operación era, supuestamente, para destruir un puente y no permitir que tropas vascas, defensoras de la República, llegaran a sumarse a la defensa de la ciudad de Bilbao. El puente quedó en pie, pero destruyeron totalmente la pequeña localidad.

Nosotros también tuvimos nuestro propio bombardeo a civiles, cuando el 16 de junio de 1955 la Marina Naval lo hizo sobre la Plaza de Mayo y sus adyacencias. Se trató de un intento de asesinar al presidente Juan Domingo Perón y derrocar al gobierno constitucional. Destruyeron edificios gubernamentales y civiles causando todo tipo de daños e innumerables víctimas.

Hay muchas coincidencias entre las dos barbaries y, lamentablemente, un gran contraste.

En Guernica, que fue tomada como ejemplo mundial de la barbarie nazi, murieron, según la Asociación Gernikazarra, 126 inocentes, aunque otros cálculos lo estiman entre 200 y 300, y otros en muchos más. La matanza no fue mayor porque el alcalde, advertido de un ataque anterior a Durango, había desactivado la concurrencia al mercado.

En Plaza de Mayo hubo 308 muertos identificados, 270 inválidos y más de 1.000 heridos. Un trolebús repleto de niños fue alcanzado por una bomba. Todos murieron. Curiosamente no aparecieron en el listado de muertos, quizás porque se evitó aterrar aún más a la población.

En el pueblo vasco se lanzaron bombas incendiarias y explosivas, y se ametralló a la población civil. Durante tres horas y media en sucesivas oleadas se arrojaron 31 toneladas de bombas.

Sobre nuestra plaza cayeron 14 toneladas de bombas de fragmentación, de trotyl, explosivas y también se ametralló a civiles indefensos. Hubo varias oleadas a partir de las 12.40 del mediodía y que culminaron a las 17.20.

El ataque a Guernica fue autorizado por Hitler (Operación Rügen), organizado por el Comandante de la Legión Condor Hugo Sperrle y ejecutado por Wolfram von Richthofen, jefe del Estado Mayor. Speerle, al volver de España, fue ascendido a General der Flieger. Juzgado en los tribunales de Nuremberg, fue declarado inocente.

En nuestro país se trató de un golpe cívico-militar comandado por Zavala Ortiz (UCR), Ghioldi (socialista) y Vicchi (conservador) y con eje en la marina por los militares. El bombardeo fue dirigido por el contralmirante Samuel Toranzo Calderón, que fue degradado y encarcelado, y en la sublevación participaron algunas unidades del ejército y numerosos noveles militares como Videla, Massera. Suárez Masson, Díaz Bessone Menéndez, Mayorga, Alsogaray, Cacciatore y otros. El almirante Gargiulo, jefe de la Marina, se pegó un tiro y su segundo, el almirante Olivieri, fue juzgado y condenado. Su defensor fue el almirante Rojas.

Todos los militares sancionados fueron liberados tres meses después, cuando la "Revolución Libertadora" derrocó a Perón, y continuaron normalmente sus carreras militares.

Los políticos participantes tuvieron luego largos años de actuación en la vida nacional, como los que formaron parte de la Junta Consultiva Nacional, que presidió el Almirante Rojas. El socialista Ghioldi, que acuñó luego de los fusilamientos del 1956 la terrible frase: "Se acabó la leche de la clemencia", años después fue nombrado embajador en Portugal por la dictadura de Onganía.

Zavala Ortiz fue Ministro de Relaciones Exteriores del presidente Illia. Hoy, una plaza lleva su nombre en CABA. Una vergüenza.

Nadie, al igual que en Guernica, fue condenado por la masacre. Pero hay una diferencia fundamental: la denuncia internacional que realizó el gobierno de la República Española del hecho ejecutado por las fuerzas nazi-fascistas contra la indefensa población vasca tuvo una amplia repercusión. El cuadro del genial Picasso hizo el resto, inmortalizando el genocidio del pueblo vasco como símbolo del terror nazi y la dictadura de Franco. En nuestra patria el hecho fue ocultado sistemáticamente, aun por gobiernos peronistas.

Durante más de cincuenta años, y aún hoy, las imágenes estremecedoras del terror genocida del bombardeo y ametrallamiento en Plaza de Mayo fueron desconocidas por nuestro pueblo. Los responsables fueron tratados como héroes, premiados con cargos públicos y continuaron sus carreras militares.

Luego, en 1956, ocurrieron los fusilamientos sin juicio previo del general Valle y sus compañeros, la matanza clandestina de José León Suarez, dados a luz por Walsh en "Operación Masacre", y los 17 años de proscripción del peronismo.

Todos estos hechos generaron la existencia de una época de violencia que culminó con el golpe de 1976 y la dictadura que presidió Videla. Muchos jóvenes oficiales que participaron en el golpe del 55 contra Perón fueron responsables fundamentales del golpe, condujeron la dictadura genocida y terminaron condenados por los hechos de lesa humanidad perpetrados por ella.

Hay una línea, escrita con sangre, que une el bombardeo de Plaza de Mayo con el terrorismo de Estado. El "huevo de la serpiente", al decir del gran Igmar Bergman, se incubó en 1955.

Recién en 2010, bajo la presidencia de Cristina Fernández, el Archivo Nacional de la Memoria publicó "Bombardeo del 16 de junio de 1955", el primer documento estatal revelador de la masacre cometida y, por cierto, muy poco conocido,

Luego, al cumplirse 60 años del Bombardeo, el Ministerio de Defensa conducido por Agustín Rossi presentó en el Museo del Bicentenario una veraz y conmovedora muestra en homenaje a las víctimas de la masacre.

Pero todavía estamos en deuda con las víctimas inocentes de Plaza de Mayo. También en explicarles a los jóvenes quienes fueron los responsables, civiles y militares, de la masacre y su correlación con las dictaduras militares.

La reconciliación nacional, que lograron realizar muchos pueblos, solo se puede lograr en base a la memoria, la verdad y la justicia. Para ello las nuevas generaciones deben conocer plenamente este ignorado, ocultado, delito de lesa humanidad.

Militante y referente del PJ

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