Opinión

En medio de la ola de violencia, cruje la política santafesina

Claves. El socialismo se prepara para una interna que, según muchos, no debería tener, por convicción o necesidad. Perotti busca abroquelar a sectores partidarios. La inseguridad y la violencia siguen en punta

Domingo 31 de Enero de 2021

El estado de la pandemia, la llegada de las vacunas, el pésimo momento de la economía y la apertura de un año electoral. Ese es el panorama que le depara a la Nación. En Santa Fe, hay que agregar el desesperante estado de la inseguridad y la violencia.

El peronismo comienza a poner en práctica lo que sucede siempre en la previa a una etapa de elecciones: todos inician el diálogo con todos. El gobernador busca cómo dejar medianamente contentos a todos los sectores y puja para tener a todo el Frente de Todos bajo la palma de sus manos, mientras el ministro de Seguridad, Marcelo Saín se pavonea en Twitter como un gobernador bis hablando de los problemas de la Autopista Rosario-Santa Fe.

  Pero en algo tiene razón Sain: la oposición socialista-radical tiene miedo de interpelarlo por cuestiones que son empíricas, no teóricas: la seguridad es un desastre. Sin embargo, vaya uno a saber por qué los progresistas tienen temor de verse con el ministro. ¿Tal vez por qué lo trajeron los progresistas al estado santafesino?

Calma, socialistas

Así como Sain es una piedra en el zapato de Perotti —aunque al gobernador le encanta caminar así—, la oposición está en un momento de confusión extrema. Los socialistas están en estado cuasi volcánico por la interna, que tiene fecha de cierre de listas para febrero.

  Mensaje a los socialistas: por convicción o por necesidad deberían evitar el proceso interno. Sólo sorpresa e hilaridad generó el lanzamiento de Mónica Fein a la presidencia nacional del partido. Y lo propio sucede con el panorama santafesino. Hasta hoy se parte en tres. Lifschitz y los suyos, el sector de Antonio Bonfatti y el de Eduardo Di Pollina.

  El socialismo para defender su vocación frentista primero debe alcanzar principios básicos de unidad. Como lo plantearon las casi mil firmas en un documento del PS, deben apelar a la “unidad en la diversidad”, el mismo yeite que llevó al peronismo a ganar las elecciones en Santa Fe.

  En el estado actual en que se encuentra el partido, nadie puede tomar una decisión estratégica sobre el futuro electoral. “Por necesidad o convicción” —como dijo una fuente partidaria— deben convocar al fortalecimiento interno. Que va más allá de una candidatura.

  La desaparición de los partidos políticos golpea a todos, aun a los que mantienen las formalidades internas. En la política santafesina hay dos nuevos protagonistas en lugares de poder: Pablo Javkin y Emilio Jaton. Por diferentes razones, la relación de Javkin con el lifschitzmo no es buena. El socialismo debería reconocer a Javkin como un nuevo líder y el intendente debería buscar puentes en vez de dinamitarlos. Para bailar un tango hacen falta dos.

  Pero que les quede claro: no habrá triunfo no peronista en 2021 y/o en 2023 si no marchan juntos. La mejor forma que tiene el Frente Progresista para negociar con otros frentes es hacerlo como coalición. En la política, siempre al otro le conviene negociar de a uno. Las individualidades van con precio bajo.

  El 2021 irá forjando el 2023. Algunos opositores creen que el peronismo es un partido de utilería al que será fácil sacar del poder. Se nota que no han vivido la realidad de 24 años continuados en el poder. Con los problemas de ego que hoy enarbolan en el frente, será pan comido para el Frente de todos quedarse en el poder.

 “Hay algunos que en vez de pensar en volver al poder en 2023 se están midiendo partes pudendas”, graficó de manera brutal uno de los cuadros políticos más lúcidos de la política santafesina.

 Si Perotti hubiera lanzado esta idea de convocatoria a los intendentes y presidentes comunales el primer día de su mandato, en vez de apresurarse con el movimiento entre bambalinas para modificar la Constitución, hoy tal vez estuviera disfrutando de las dos cosas. Pero un año en política es mucho, sobre todo si lo que no tiene en orden es la relación institucional con los propios.

  Los senadores han construido un poder propio superador todos los años en que el PJ perdió elecciones. No van a ceder fácilmente ese lugar de privilegio ni se lo van a regalar a Perotti en las próximas elecciones. No es fácil para el peronismo, ni para nadie, triunfar provincialmente sin el apoyo de los caciques departamentales.

  Habrá que ver si la temporada estival logra aquietar las broncas o las retroalimenta. Eso no pasa solo en el peronismo y el Frente Progresista. El PRO vive un clima de tensión, en la que Federico Angelini y Roy López Molina son las cabezas visibles.

  Angelini está dispuesto verbalmente a construir con el socialismo de Lifschitz, mientras que López Molina está más cerca de Perotti, sobre todo con su defensa de Sain.

 Desde el PRO nacional, Horacio Rodríguez Larreta ve con ojos intensos la posibilidad de acordar con el Frente Progresista. “No interesa arreglar de a uno. Vemos mucha tensión entre Lifschitz y Javkin, cuando queremos convocar a uno o a otro a las reuniones. Ojalá se pueda dar un acuerdo y le ganamos al peronismo en 2023 en Santa Fe, como previa a las elecciones nacionales”, dijo a La Capital un funcionario porteño.

  Ya habrá tiempo de escribir sobre el escenario nacional y el menú que se viene: habrá solo pasta o pollo.

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