Opinión

El vuelo

Desde la altura parecían hormigas. Pero eran personas. En pasadas rasantes las vio rebuscar en contenedores.

Sábado 27 de Octubre de 2018

Desde la altura parecían hormigas. Pero eran personas. En pasadas rasantes las vio rebuscar en contenedores. Una familia comía recortes de pan mezclados con hojas de lechuga. Un festín. Dos tipos peleaban por una campera deshilachada y un cara sucia descalzo se probaba unas zapatillas sin cordones. Parecía feliz. Rodeados de cartones una madre y su bebé esperaban en un carro tirado por perros. Abducido hacía minutos cuando iba a grabar al Canal para el block político, viaja en una nave extraña y brillante. Del cosmos nos vigilan había gritado, pero fue inútil. El objeto, alargado y silencioso, se desplaza ahora velozmente pero puede observar filas interminables ante los hospitales públicos. A su paso se vuelan páginas arrugadas de diarios viejos que un anciano pretendía leer. El que parece estar al mando de la nave lleva un ajustado traje plateado y casco trasparente. Sin esfuerzo le comenta algunos títulos aún suspendidos en el aire. No comprende cómo puede hacerlo. No tiene boca así que Lilita no es, pero su voz armoniosa parece provenir de una energía envolvente. Y lee: Reina la apatía ante la dudosa Justicia. Debaten progresistas nuevas tretas proselitistas. Encarecen el boleto y desocupados buscan trabajo de a pie. La oposición no le mueve un pelo a nadie. Exodo de científicos en Ezeiza. Jubilados argentinos, los más pobres según un ranking mundial. El robot relator, dotado de un alma enlatada, por último dice: Salvan a beba dejada en un basural. Dolido, agrega que la vida es lo más valorable de una persona y no muestra atisbo de envidia. Es inteligente. La nave pasa por sembradíos de verdes brotes de soja y recuerda un lema pasado de moda: la tierra para quien la trabaja. Se enciende una intensa luz amarilla, lo saludan y guían a la salida. Patalea en el aire y baja en una nube que lo deposita en una autopista donde cinco o seis personas protegidas por gendarmes armados cortan una cinta simbólica y aplauden. El más importante, con un obrero con casco a cada lado, dirige su mensaje a una cámara que lleva sus palabras promisorias a millones de hogares aunque a algunos les parezcan mentiras amenazantes. Tras instantes de cero rating, los medios regresan a su programación habitual. Y él, pobre descreído de dioses, ovnis y poetas, se queda solo y medita en todo lo visto y no podrá contar. Piensa en su frustrado comentario sobre la elevación moral del hombre político. Y, peligrosamente, no puede dejar de pensar.

Por J. E. King

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});