Viernes 02 de Octubre de 2020
Con la muerte se Héctor Cavallero se fue otro general de la política santafesina. De los buenos. Como hace poco Hermes Binner.
Cavallero, junto a Juan Carlos Zabalza y Ricardo Marengo constituyeron un semillero profesional que creó el vínculo entre socialismo y salud pública. Los tres, antes de que el PS fuese gobierno compartieron un laboratorio de análisis clínico. Los bioquímicos se los llamaba en el mundo de las Redacciones.
El Tigre fue un intendente exitoso, el inaugurador de una saga que duraría 30 años. El mejor heredero y coptador de lo votos de Horacio Usandizaga, quien renunció a la Intendencia porque Carlos Menem gano la Presidencia, pero nunca se fue a plantar rabanitos.
Cavallero fue un buen gestionador y un buen charlista. Apasionado por la política, a veces llamaba y le decía al periodista-interlocutor: "¿Te enteraste de esto?". La ruptura con el socialismo orgánico dejó a Cavallero a merced del peronismo, que lo tuvo en sus listas casi siempre. ¿Por qué? Porque nunca tuvo en Rosario durante aquellos años a a algún compañero capaz de encabezar una lista. No es casual que el PJ no gane la Municipalidad de Rosario desde 1973.
Ahora es diferente, tuvo en Roberto Sukerman, en los últimos comicios, un postulante competitivo. Otros nacieron para vivir como concejales y/o diputados provinciales. Lo menos que tienen son votos. Le deben su vida a las listas sábana. No era el caso de Cavallero.
Algún sector del progresismo nunca entendió que un intendente de Rosario debe, necesariamente, tener buen vínculo con la Casa Rosada. Y Cavallero los tuvo con Carlos Menem. Por eso lo criticaban. Una pavada.
La muerte de Cavallero obliga a la política local a pegar un salto de calidad. A volver a las fuentes. Fue un político que vivió en casas austeras, que fue austero y al que no se le conoció, jamás, alguna trastada ilegal. Parece haber llegado la etapa biológica del cierre de época para los buenos (Jorge Obeid, Binner, Cavallero). Sería positivo que los que hoy gobiernan o quieren gobernar fijen su mirada en esos personajes.
El Tigre coincidía con este periodista _con el que también tenía diferencias_ en la brutal ausencia rosarina de capacidad para hacer lobby frente a las autoridades nacionales y empresarias. Para mejorar una ciudad que hoy luce triste, apagada.
