Opinión

El sueño eterno de la reforma constitucional

Claves. Perotti sabe que la autonomía de las ciudades sólo es viable por una modificación de la Carta Magna, pero busca reubicar la agenda del gobierno

Jueves 28 de Enero de 2021

Hay un ejercicio muy recurrente que permite diagnosticar a la política santafesina: dime quién propone la ley de autonomía municipal y la reforma constitucional y te dirá qué pasa.

  En todos los casos, en medio de la urgencia por salud y mala economía, a los únicos que les interesan estos dos temas son a los que tienen algo que ver, porque al a 99,9% de la sociedad le importan tres pitos.

 Omar Perotti abrió el cajón de los recuerdos y convocó a los intendentes para hablar de la autonomía municipal. Primer dato: cualquier tema que saque de escena la cuestión de la inseguridad le viene de perillas al gobierno. Segundo dato: siempre es importante para Perotti contar con el aval de los intendentes de Rosario y Santa Fe para sus planes inmediatos. Tercer dato: tal vez, hablar de autonomía municipal lo lleva, directamente, a la reforma constitucional.

 Cuando el Frente Progresista —vía Miguel Lifschitz— insistía hasta el fin de su mandato con el soporífero tema de la reforma constitucional, se le decía desde el peronismo que no era el momento, que había temas más importantes. El propio Perotti se sacaba de encima la cuestión diciendo que no interesaba.

Siempre la inseguridad

En algún momento, Perotti propuso un plebiscito, que luego rechazó. Había tomado la idea el entonces gobernador Lifschitz, quien quería que junto a las elecciones provinciales se votara por el “sí” o el “no” a la reforma constitucional. “No hay ningún elemento que frene a que podamos tener una provincia más segura”, consideró el entonces senador Perotti antes, en 2018, y le pegó a Lifschitz por privilegiar la reforma por sobre la inseguridad. Todo cambia, diría Mercedes Sosa.

  El peronismo se oponía, al igual que Cambiemos, por la urgencia de otros temas, como la inseguridad. Hoy, la inseguridad sigue siendo el principal problema de los santafesinos, al punto que desde la oposición filtran una encuesta en la que el titular del área, Marcelo Sain, tiene 70% de imagen negativa y corroe al gobernador.

 Ahora bien, pocos recuerden que en 2010, el Senado aprobó un proyecto de autonomía municipal que fue elaborado y presentador por Armando Traferri, hoy enemigo íntimo del gobernador. El proyecto se terminó diluyendo y quedó con media sanción porque todos decían —y así es en el fondo— que las cuestiones de autonomía se deben definir por una reforma constitucional.

 Ahí aparecen conjeturas sobre el intento de Perotti. Siempre que se habla de reforma constitucional, en verdad lo que más importa es la reelección del gobernador, impedido por la sabia decisión de los constitucionalistas que redactaron la actual Carta Magna.

  Es más, el peronismo buscó reformar la Constitución antes de que asuma Perotti, en medio de la transición. Y hasta lo voceó. La reforma constitucional le permitiría al entonces gobernador electo acceder a la posibilidad de una reelección (si ese cambio hubiera sido incluido por los convencionales), algo que está vedado en el texto actual. “La verdad que sería lo ideal votar la ley que declare la necesidad de la reforma y la sacaríamos de los tironeos y de cualquier connotación en medio de un proceso electoral”, dijo, entonces, el diputado peronista Luis Rubeo.

  Ese intento murió de nonato y fue un error del peronismo. Gastó el último lingote antes de empezar a gobernar. Ahora, la oposición no le dará otra chance de reelección ni en sueños, aunque las fuentes consultadas por La Capital admiten que lo que busca Perotti, al final de todo el camino, es la reforma de la Constitución. Rápido de reflejos, el intendente de la ciudad de Santa Fe, Emilio Jaton, pidió que, antes, el gobierno provincial ponga los recursos (léase plata) sobre la mesa.

 Nadie en su sano juicio podría rechazar la posibilidad de una ciudad como Rosario tenga autonomía, pero no es el momento para que los gobernantes pierdan tiempo en otra cosa que no sea el mix escandaloso de pandemia y economía. La autonomía, que esperó siglos, puede aguardar. No le importa a nadie más que a los interesados.

Todo es campaña

Se escribió en esta columna que todo lo que se hace y dice desde el primer día de 2021 está influenciado por la presencia de un año electoral. El gobierno y la oposición hacen todo lo que hacen para intentar ganar las elecciones.

  La Casa Gris tiene una abultada caja que logró reunir el ministro de Economía, Walter Agosto, y que Perotti podrá distribuir como una piñata entre los intendentes. Ahora bien, pensará Perotti: “Señores intendentes, está la plata pero necesito de sus voluntades. Amor con amor se paga”.

  El peronismo empieza a restregarse las manos. Ve la posibilidad de ganas los comicios de mitad de mandato ante la cerrazón del socialismo de unificar voluntades con Juntos por el Cambio, pese a que el radicalismo esta armando valijas.

  La tríada Maximiliano Pullaro-Felipe Michlig-Carlos Fascendini está convencida de que no es momento de apostar a testimonialidades. Que en el 2021, el menú será pasta o pollo. Bajo el bochinche insoportable de la grieta.

  El menú que se viene es muy corto. Y casi todos se aprontan para sentarse a la mesa.

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