Opinión

El sueño eterno de la reelecciòn

El gobernador Lifschitz sacudió el tablero político al admitir que quiere la reelección si es que se reforma la Constitución de la provincia de Santa Fe. Opciones a favor y en contra, con tiempo limitado.

Jueves 28 de Diciembre de 2017

El 2017 se va acompañado de un clásico santafesino: el eterno run run de la reforma constitucional.
Hoy, no hay consenso para que el gobernador Miguel Lifschitz lleve adelante sus planes de máxima y mínima. El de máxima es pensar en su propia reelección, logrando que todas las compuertas se abran de manera milagrosa. No habrá oportunidad de segundo mandato si el presidente de la Nación, Mauricio Macri, no envía una fuerte señal de apoyo al macrismo santafesino.
Tampoco habrá chance de reforma constitucional (con posibilidad de reelección de Lifschitz o sin ella) si el ex gobernador Antonio Bonfatti no lleva adelante un trabajo de orfebre desde su rol de presidente de la Cámara de Diputados y líder político del socialismo. A eso lo saben hasta los más jovencitos militantes del socialismo.
El PRO no quiere saber nada con una reforma constitucional anticipada al 2019. En el espacio amarillo saben que "lo que sirve no se toca". Y como les ha ido más que bien en los comicios del 22 de octubre, se preguntan: ¿"Para qué anticipar los procesos, si en 2019 nos quedamos con la provincia y Rosario?".
En el peronismo la creencia mayoritaria es que si se convoca a elecciones de convencionales constituyentes en 2018, Cambiemos volverá a ganar con comodidad y a imponer un temario refractario a una Constitución social. Hay más visiones peronistas que colores del arco iris.
Y ni hablar de la profusión de posicionamientos en la UCR santafesina, un abanico en el que conviven biblias y calefones. "Esto es sencillísimo: los radicales del NEO, que están en el Frente Progresista, votarán a favor de una reforma. Los del Grupo Universidad, en contra. Y a los del MAR los vamos a convencer de que presten su apoyo", pronosticó ayer una fuente del oficialismo santafesino.
¿Qué cambio en el discurso de Lifschitz para que sus declaraciones del lunes pasado repercutieran como una bala en un tambor? El gobernador fue explícito: dijo que quiere la reelección, que sería un honor y que le hacen falta cuatro años más de mandato desde 2019. Sólo le falta decir que si no le votan la reforma es por temor a que se presente como candidato. Otro clásico de los gobernadores o presidentes que ven frustrados sus deseos.
En el socialismo miran con una mezcla de interés y preocupación el curso de las cosas. "Si Miguel va a ir a ciegas por la reforma, sin abrir el juego adentro del partido, y sin compartir un rol con Antonio de trabajo político para convencer a la oposición, cuando se frustre la chance nos quedamos sin alternativas. El no sería reelecto pero tampoco tendrá posibilidades el Frente Progresista", murmuraban en las últimas horas dos referencias socialistas de peso.
Lo que debe hacer el gobierno santafesino a la hora de promocionar su intento de reforma es mejorar el menú, que resultaba verdaderamente poco atractivo en su versión original, donde sólo refería a "ampliación de derechos" y cuestiones por el estilo".
Si se pretende conseguir algo de interés real de parte de los santafesinos, se debería proponer una amplia reforma política como módulo trascendente de una reforma constitucional: léase: limitación de los mandatos legislativos, mecanismos de democracia semidirecta y autonomía municipal. Para empezar a hablar.
El intento de envío del proyecto de reforma constitucional tiene una fecha límite: marzo de 2018. Luego de ese tiempo, será materialmente imposible. Cuando comience la segunda mitad del año próximo, también empezarán las campañas para las elecciones a intendente y gobernador que, en la provincia, serán adelantadas a las nacionales.
Todo el escándalo reunido alrededor de la reforma previsional impidió a Lifschitz acelerar los pasos. En la cabeza del gobernador está la idea de anoticiar a Macri del intento reformista, aspirando a obtener la venia del presidente. Sin eso no hay reforma posible en Santa Fe.
En las cercanías del titular de la Casa Gris y en todo el oficialismo hay algo que no se entiende. ¿Por qué Lifschitz se sacó de encima la posibilidad de regresar a Rosario, con una candidatura a intendente? "No se entiende, porque si se mantiene abierta la chance de que sea postulante, el PRO Rosario nos apoyaría la reforma con reelección para que no vuelva a la ciudad. Además, es una contradicción: plantea que es tiempo de figuras nuevas para Rosario, pero él quiere ir por otro mandato en la provincia", agregaron los informantes.
Un dirigente opositor, que caminó las calles de Manhattan con el gobernador, manifestó ayer que recién ahora comprendió al ex jefe del Palacio de los Leones. "Cuando dijo que era su mejor ministro entendí que no le abre el juego ni a su sombra. Así es muy difícil lograr acuerdos políticos", se pronunció el dirigente.
Además de que el tiempo vuela como una pluma, nadie sabe cuánto tiempo más se mantendrá la ausencia de candidaturas a gobernador adentro del socialismo y del radicalismo. Aunque había versiones en contrario, Bonfatti parece estar lejos de un anuncio semejante. Otros sostienen que en marzo lanzará su postulación a gobernador. El viernes pasado, en la despedida de año en la Delegación Rosario de la Cámara de Diputados, el ex gobernador surfeó su discurso en base a dos palabras: "consenso" y "acuerdos políticos".
Chances más, chances menos, la cuestión de la reforma constitucional será un anzuelo de Lifschitz para seguir gobernando Santa Fe, más allá de 2019.
En poco tiempo se sabrá si ese deseo encarna en la realidad. O si será un ladrillo más en la pared de los intentos frustrados.

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