Santa Fe ANÁLISIS POLÍTICO

El subibaja cambió de fase

Claves. Todas las encuestas coinciden en la caída de imagen del presidente y los gobernadores, incluido Perotti. Lo que la pandemia concedió al inicio de la cuarentena en materia de aprobación cambió con el humor de la sociedad

Sábado 26 de Septiembre de 2020

Hastío, decepción, bronca. Tres palabras que caracterizan el momento de la provincia de Santa Fe y Nación. La única buena noticia es que llegó la primavera.

   Las encuestas —todas— marcan un desplome en las consideraciones de pandemia sobre Alberto Fernández y todos los gobernadores, incluido Omar Perotti. Sólo zafa el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, niño mimado de los medios nacionales (ya no se puede hablar solo de “medios porteños”) pero, a la vez, jefe de un distrito en que la curva es descendente. Hasta hay un ránking de los mejores y peores gobernadores.

   Si alguno de ellos creía que la pandemia sería uno de esos juegos de niños en los que saltan sobre la lona y suben siempre, se equivocó. El sueño terminó, cantaba John Lennon. Ahora, la sociedad despertó del limbo y empieza a reclamar otras cosas: economía y seguridad. En Santa Fe es seguridad y economía. Van casi 155 muertos por causas violentas desde enero.

Increíble pero real

El carácter porteñocéntrico-bonaerense de este gobierno se le pasa por alto a las autoridades santafesinas a la hora de reclamar. Perotti sabe que Alberto Fernández le cedió 60 mil millones de pesos a la provincia de Buenos Aires para invertir en materia de seguridad. A Santa Fe envió 40 policías federales. parece un chiste. Daría risa no si fuese tan grave. No mandó Nación cuarenta patrulleros, envió cuarenta policías.

   Nada se habla tampoco de la deuda que Nación debe pagar a Santa Fe, ratificada la Corte Suprema. En tiempos de sequía, qué bien le vendría a la Invencible reclamar esos montos. Y disponerlo en buena medida para seguridad. Pese al escenario de sequedad, los docentes de Amsafé aceptaron la propuesta de cuatro mil pesos a la Casa Gris. “No son horas”, canta Andrés Calamaro.

   Entre tantas cosas que suceden, la salida de la cárcel de un ex jefe narco tiene más volumen que el folletín del pornodiputado salteño, pero lo primero —decidido por el juez Carlos Carbone— pasó casi desapercibido. O no. Habrá que esperar que los próximos días y semanas haya calma en la ciudad, que se frenen los episodios de violencia, aunque lo que debería también preocupar es la escalada en materia de robos y arrebatos.

   La semana se completó con la decisión de flexibilizar restricciones en materia de pandemia, justo cuando el pico de la curva saluda casi desde el más allá. Se confirma en los hechos lo que se dijo en esta columna hace tiempo. La caída de la imagen positiva de los gobernadores los obliga a ablandar posiciones. En realidad no deberían sentirse obligados. No hay ningún Churchill a la vista, decidido a pedir “sangre, sudor y lágrimas”.

   Algo que es interesante para el análisis político es intentar mensurar cómo harán gobierno y oposición para pedir el voto en un escenario cercano al “que se vayan todos”. Dice Rogelio Frigerio —ex ministro del Interior del gobierno macrista— : “La mayoría de la sociedad está harta con los políticos”. A confesión de parte, relevo de prueba.

   Debe preocuparse la Casa Rosada. La caída de Fernández entremezcla su imagen con la de Cristina, cuando lo que se decía en la campaña era: “Con Cristina sola no alcanza”. Cada vez más, los porcentajes de aceptación alínean al presidente con su vice y mentora. Pero está a tiempo Fernández de mejorar. En principio debe dejar de hablar todos los días, a toda hora. Y hacer.

   Aunque haya un Fernández declarando una cosa a la mañana, otra a la tarde y una distinta a la noche, tampoco es que la oposición tenga algo bueno para mostrar.

   Mauricio Macri, cada vez que habla, es un tapón que obtura el crecimiento de otras referencias o de otra manera de mirar la relación entre la grieta y la oposición. Cuanto mayor sea la grieta, mejor les irá a Macri y macristas, del tipo de Patricia Bullrich. También pregona Frigerio la necesidad de que Juntos por el Cambio se estire en su conformación interna y hace un explícito llamado al intendente Javkin.

   De ese sector moderado de Juntos por el Cambio brota la posibilidad de que, en 2023, haya un acuerdo electoral con el progresismo, que incluya a la provincia de Santa Fe. Será muy propicio para los que aun se interesan por analizar la política contemplar qué dirán los oficialistas de toda laya para pedir el voto. Y en Santa Fe contemplar escenarios.

   Por ejemplo, en el peronismo, ¿María Eugenia Bielsa y Agustín Rossi —dos muy buenos dirigentes— apelarán al laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar) a la hora de negociar las listas a senador? Algunos dicen que Perotti buscara un acuerdo con Cristina Kirchner por la dupla María de los Angeles Sacnun-Roberto Mirabella. “Dicen que dicen andan diciendo, tantas palabras que dicen mal”, canta Pedro Aznar.

   Por el lado del Frente Progresista casi todo depende de la decisión final de Miguel Lifschitz, el mejor considerado de la oposición, que se fue con alta imagen del poder central santafesino. Aunque cerca del ex jefe de la Casa Gris algunos sostienen que “no le quedará otra que ser candidato”, desde el punto de vista de quién escribe esta modesta columna, Lifschitz deberá mantener la territorialidad en la provincia y quedarse en el lugar en el que está. Que no es menor.

   La pregunta que surge como disparada de inmediato es: “¿Si no es Lifschitz el candidato a senador, quién será?”. Habrá más noticias para este boletín.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS