Opinión

El socialismo y el narcotráfico

Resulta curioso observar cómo el socialismo en general y el ex intendente y ex gobernador Hermes Binner en particular, hacen esfuerzos dignos de mejores objetivos para despegarse de la...

Viernes 25 de Abril de 2014

Nace una polémica. El legislador provincial, referente del Movimiento Evita y de la oposición a la gestión socialista
en Santa Fe, plantea fuertes críticas al discurso del oficialismo sobre el avance narco en Rosario y otras ciudades

Resulta curioso observar cómo el socialismo en general y el ex intendente y ex gobernador Hermes Binner en particular, hacen esfuerzos dignos de mejores objetivos para despegarse de la evidente responsabilidad política que les cabe respecto del creciente fenómeno del narcotráfico en Rosario y la provincia de Santa Fe. Si este proceso no tuviera los ribetes trágicos y la cosecha de muertes que exhibe, causaría gracia la frase que vociferó un diputado nacional socialista, la que por cierto ocupará un lugar en los anales de la historia política argentina. "Los socialistas podemos ser boludos pero no corruptos". Basta un puñado de episodios para poner en duda tan presuntuosas definiciones.

El proverbial estado de amnesia política que aqueja al socialismo no alcanza para esconder bajo la alfombra que hace 20 años Binner inauguró un período en el que las políticas de desarrollo inmobiliario, la mayoría fuera de toda norma vigente, posibilitaron el surgimiento de inversores especulativos —si se quiere la cara más benigna de ese proceso— y de socios inescrupulosos, que inicialmente aprovecharon las continuas excepciones al Código Urbano y luego incidieron en la elaboración del nuevo corpus normativo de regulación edilicia, en un crescendo que originalmente les permitió amasar fortunas significativas y a posteriori dio lugar a la aparición de sociedades anónimas que advirtieron los resquicios de ese rubro para blanquear o lavar capitales de dudoso origen.

A ese marco se sumó la desarticulación sistemática de todo mecanismo de control de gestión. Resultado: una sociedad dual, con el visible contraste entre la marginalidad de la periferia y el ostentoso escenario del área central, la zona ribereña y los barrios cerrados o exclusivos en el oeste.

Crímenes y pecados. Rosario ya era una ciudad violenta cuando en diciembre de 2011 se produjo el triple crimen de Villa Moreno. Jeremías "Jere" Trasante, Claudio "Mono" Suárez y Adrián "Patom" Rodríguez, militantes del Movimiento 26 de Junio, fueron asesinados a tiros de metralleta por la banda del "Quemado" Sergio Rodríguez, presunto narco y ex barrabrava de Newell's Old Boys.

El diputado provincial Eduardo Toniolli, titular de la Comisión de Derechos y Garantías de la Cámara baja, propuso una Comisión de Seguimiento de la investigación, que subrayó la participación policial en el hecho. Se abrieron dos causas, y en una fueron imputados como encubridores el comisario inspector Eduardo Carrillo, el suboficial Norberto Centurión y el agente Lisandro Martín.

El 10 de enero de 2013 tres militantes del Movimiento Evita fueron baleados en Nuevo Alberdi por soldaditos narcos que custodiaban un búnker. El gobernador Antonio Bonfatti fue consultado sobre esa sucesión de gravísimos hechos: "No tengo por qué conocer lo que está pasando en cada uno de los barrios de Rosario", respondió, y no se solidarizó con las víctimas. Gastón Arregui y los hermanos Carlos y Ariel Ferreyra, no eran tan importantes para el gobernador.

Un día antes otro asesinato enlutó a la ciudad. Mercedes Delgado, militante social de un centro comunitario del barrio Ludueña, murió de un balazo que recibió la noche anterior, mientras la intendenta de Rosario, Mónica Fein, se ocupaba de hacer lobby para que el Rally Dakar 2014 saliera de Rosario. Lo logró.

Era el fin de la cínica letanía sobre supuestos "ajustes de cuentas", pronunciada por funcionarios municipales y provinciales, policías e incluso numerosos jueces y fiscales, omitiendo que detrás de esos hechos había balas y armas policiales.

El atentado de Nuevo Alberdi mostró actitudes miserables. El secretario de Seguridad Matías Drivet quiso instalar en los medios que la agresión se debía a la relación de las víctimas con los narcos. Bonfatti, cuando los militantes acusaron al subcomisario Marcelo Mendoza, titular de la subcomisaría 2ª, de ser parte del comercio de drogas, primero lo defendió: "Se equivocaron de Mendoza, el imputado es otro". Luego, abrumado por las evidencias, lo separó de su cargo.

Perlas negras. Octubre de 2012. El juez federal Carlos Vera Barros ordena la detención del renunciante jefe de policía, comisario Hugo Tognoli, por su vínculo con activos narcos. Luego de estar cuatro días prófugo, el imputado se entrega. Binner, quien lo había nombrado como titular de Drogas Peligrosas, declara: "Lo tienen detenido y no saben por qué... acá hubo una orden a nivel nacional".

Septiembre de 2013. La Justicia federal desbarata en Funes la más importante "cocina" de droga. El presunto narco Delfín Zacarías, apresado con 300 kilos de pasta base para elaborar cocaína, era un beneficiario más del boom inmobiliario que el socialismo y sus aliados inflaron sin controlar sus efectos.

Diciembre de 2013. Asesinan al presunto narco Luis Medina. Dos funcionarios del gobierno socialista, el secretario de Tecnologías, Javier Echaniz, y su segundo, Martin Degrati, luego del crimen manipulan la laptop de Medina sin intervención judicial, a pedido del ministro de Gobierno, Rubén Galassi.

Marzo de 2014. Sale a la luz un presunto plan para asesinar al juez Juan Carlos Vienna, que tramita la causa contra la narcobanda denominada "Los Monos". Acto seguido, una denuncia periodística revela que Vienna viajó varias veces a Estados Unidos en el mismo avión que trasladó a ese destino al padre del "Fantasma" Paz, acusado de matar al jefe de "Los Monos". El juez reconoce esos viajes, pero dice que haberlo hecho al mismo tiempo y en el mismo avión que se trasladó Paz sólo son una "casualidad".

Policías encubridores de crímenes narcos. Gobernadores socialistas que primero nombran en cargos relevantes a policías y luego, cuando éstos caen en desgracia procesal, los defienden. Funcionarios socialistas que manipulan pruebas en las sombras. Nada parecido a los "vientos de cambio" que predicaba Binner en la campaña de 2007. Hoy el socialismo se emparenta más con el indignado diputado nacional de la frase dicotómica "boludos, tal vez, corruptos no". Esto le presenta a esa fuerza política un desafío indeseado: que la sociedad, a la luz de los hechos, será la que sentencie si son una u otra cosa.

(*) Diputado provincial


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