Opinión

El socialismo disociado

Reflexiones, por Raúl Acosta. El socialismo, actual gobierno en la provincia, tiene cien años como partido político, tal vez más en alguna de sus particiones, pero sus problemas son “adolescentes”. Tiene crisis de crecimiento. Se comprende. Está estrenándose como gobierno provincial. Primera vez en tan longeva historia.

Jueves 17 de Enero de 2008

El socialismo, actual gobierno en la provincia, tiene cien años como partido político, tal vez más en alguna de sus particiones, pero sus problemas son “adolescentes”. Tiene crisis de crecimiento. Se comprende. Está estrenándose como gobierno provincial. Primera vez en tan longeva historia.
En 1983, para las elecciones que inauguraban La Democracia de Mil Años, sus votos no alcanzaron para una concejalía en Rosario. Estaban todos los nombres que aún hoy, excepto muertes, viajes y traiciones. Era, debe decirse, una ilusión estudiantil, nutrida en cuadros de la política de los centros de estudiantes rosarinos. No más. Poco más. En los años de 1983 a la fecha se dio todo. Todo lo positivo.
La ciudad de Rosario fue, un día, territorio liberado. El momento de honradez brutal con sus palabras y hechos por parte de Horacio Daniel Usandizaga, sumada a una decisión del peronismo que poco se comprende (y de la que poco se sabe ) quitó al gobierno provincial del mando en la ciudad (¿no quisieron, mandaron votar mal? A qué escarbar, la política no admite el “contrafactismo”). Rosario quedó libre.
Aquella denuncia de Elbio Martínez, continuada por Héctor Cavallero, la minuciosa revisión de 5.000 cheques que una fiscal permitió, el descubrimiento del “caso Fibraca”, todo, en eficaz sumatoria, culminó la obra. El socialismo, con pocos concejales a su favor, tomó Rosario. No la abandonó. La potenció.
El punto del título está allí. Ese socialismo ha ido perfeccionándose y es, a la fecha, una eficaz maquinaria de gobierno que administra, distribuye, compatibiliza pasados y presentes, conjuga inquietudes culturales, eficacias de impuestos, servicios, concesiones y marketing ciudadano. La política de la ciudad se asienta en certidumbres beneficiosas. Quejémonos de la desidia provincial, vayamos plañideramente a Baires. Algún sector del siempre alterado peronismo nos escuchará. Ora para castigar al que está, ora para beneficiar al que vendrá. El socialismo tenía, apenas, un senador nacional. No tenía nada, casi nada en ningún otro sector de la política nacional. Alcanzó diputaciones que integraban un “afectuoso “interbloque.
Rosario creció desde 1983 peleado con la provincia, que mira con envidia el irrefrenable crecimiento de la “región Rosario”, en esa clara independencia regional que viene de su origen. Rosario no se ha detenido.
Si el gobierno nacional no era exactamente peronista, el asunto se mejoraba.
Si el gobierno provincial era “culposo” de la indiferencia de la ciudad para con sus rostros, sus actos, sus familiares, y no lo premiaba con votos, la seducción de Rosario traía hasta la región más plata, más culpa, más justificaciones. Nación y Provincia potenciaron Rosario, por mérito de las políticas locales, está claro. Lo reafirmo.
Alguien debe decirlo claramente. Los muertos, la violencia, la droga, las fallas de educación, las partidas de coparticipación atrasadas, los encontronazos entre “área 8” de Salud provincial y Salud Municipal eran la comida mas eficaz para estar libre de culpa y tirar la primera piedra. Ayudaban (tiraban piedras, también tiraban piedras) los políticos peronistas de la región, que jamás alcanzaron estatura. No alcanzaron, los pisotearon, eran débiles, vaya uno a saber. Está escrito: el contrafactismo no es ciencia, es excusa. Rosario crecía todo cuanto podía, y si no podía más la culpa era de otro ámbito. De otro fuero. Tribunales y policía eran “extraños”.
Desde el 10 de diciembre de 2007 el panorama es otro. El socialismo y sus aliados es gobierno por todo el territorio. Llevó sus cuadros mas experimentados a la provincia. El intendente de Rosario armó los suyos con funcionarios de poco trayecto administrativo-político y mucho futuro.
Digamos una frase célebre: “Una cosa es una cosa y otra cosa es... otra cosa”.
El lema justo era éste: “El proyecto es El Sur”. Si aquí está la fragua de dirigentes, el dinero, la producción, la población, de aquí debe partir el proyecto. No sólo los ejecutantes de una política santafesina: la teoría y los ejecutantes de una política que ofrezca el sur como hermano mayor, que cuida y acomoda las cosas entre hermanos paupérrimos y desencantados y algunos familiares afortunados (lunares como Sunchales, Rafaela; lunares, no proyectos generales).
Si “el proyecto es El Sur” la responsabilidad es sureña. Hoy no es así.
Con la “crisis de crecimiento” en acción el socialismo se enfrenta, en estos días del 2008, con dos problemas. Uno coyuntural: los socios electorales que quieren cargos para cubrir sus necesidades partidarias y económicas. Socios que del proyecto nada saben y retacean apoyo, desconfían. Otro fundamental: ¿cómo se establece la relación entre Rosario y Santa Fe?
Rosario debe reclamar más, aún mas de lo que recibía, porque el crecimiento es irrefrenable. Rosario es un muchachote que come cuatro veces al día y tiene hambre. Crece. Necesita sus dineros liberados, de trámite directo, ya.
Santa Fe, sus funcionarios, tienen una memoria de negación, de freno, de peaje. El ejecutivo provincial, el actual, sus más importantes ejecutores, tienen “la culpa” de ser rosarinos en su origen político, de ser exitosos, de tener conceptos administrativos superadores. Deben aplicarlos en la provincia. Todo estaba enmohecido, herrumbrado, anquilosado, perdido, inútil. Donde había carretas, el socialismo llegó con el tren bala. No hay punto de concilio.
Además. Como si esto fuese poco, hay elecciones en 2009: 9 diputados nacionales, 3 senadores nacionales. ¿Habrá alternancia en la gobernación, hará el socialismo y sus bases extendidas una apertura? Cuando Hugo Storero, político santafesino que declinó a una banca nacional para volver al territorio, cuando el Ministro Storero tiene opiniones diferenciadas con Lifschitz, ¿son sólo eso, opiniones diferenciadas, o son por el contrario dos candidatos a gobernador, uno del norte, otro del sur, dirimiendo civilizadamente el futuro, su futuro, nuestro futuro?
El socialismo de ayer, compactado en Rosario, es uno. El socialismo extendido es otro, repartido en un inmenso territorio a reconducir mientras se consolida, no como partido de una ciudad sino como oferta provincial. Rosario sigue queriendo crecer. ¿Puede, conviene? ¿No es “contraproducente para un proyecto de unidad”?
Santa Fe advierte que Rosario, de seguir creciendo a “su” velocidad, se diferenciará cada vez más de la provincia. Con el peronismo en el gobierno no había culpas. Eso terminó.
Conclusión: el socialismo está disociado. Rosario no es la provincia, políticamente hablando. ¿Cómo resolver esa diferencia? Es el problema. Hoy lo advierte. Tiene el tiempo y el cerebro para emparcharse.
Falta mencionar a los desterrados: el peronismo provincial, ya que queda el comarcal. Como dijesen en Sumo: “Mejor no hablar de ciertas cosas”. Como dijese el escritor: “Preferiría no hacerlo”.

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