Opinión

El sincericidio de Dujovne

Claves. El ministro de Economía admitió que en otro tiempo habría caído el gobierno.

Jueves 15 de Noviembre de 2018

"En la Argentina nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el gobierno". La frase del año, tal vez de los últimos años, no la pronunció un opositor, salió de los labios del ministro de Economía, Nicolás Dujovne. A confesión de parte, relevo de prueba. Pero, lo único que funciona peor que el gobierno es la oposición.

La frase del funcionario sería suicida para el oficialismo en un país normal, no en Argentina. Si se quiere, es de una veracidad a prueba de refutaciones. Jamás hubo aquí un ajuste semejante sin que se caiga el gobierno, y sin que se produzcan demasiadas acciones de protesta desde la central sindical.

Este contexto de ausencia de rebeldía sindical (apenas amagó el gobierno con apurar un bono de fin de año, la CGT levantó el paro), nadería opositora y mantenimiento de los escenarios políticos del 2017 le levanta el ánimo al macrismo que, al cierre de esta edición, coronaría el presupuesto con un sonoro triunfo en el Senado.

Pese a que la central sindical fue domesticada por el gobierno, Macri le soltó la mano a Jorge Triaca. Ya no hay demasiado margen para funcionarios provenientes del mundo gremial. La política laboral del macrismo no tiene un solo dato positivo para los trabajadores en materia de estadísticas, y no lo tendrá en el resto de los meses que le quedan al gobierno. Al menos hasta 2019. Todo empezó con aquella falsa promesa de campaña: "Durante mi gobierno, ningún trabajador pagará Ganancias". Minga, dirían las abuelas.

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Se necesitan dos

Como nunca antes le cae de perillas a la realidad política nacional una cita que se ha usado en otros períodos democráticos: "En la vereda de la oposición, no hay nadie".

A medida que pasan las semanas, camino al tiempo electoral, el peronismo más abre su abanico. Créase o no, en el Senado el peronismo tiene 13 bloques, una cantidad inédita desde el regreso de la democracia, y un punto de muestra de que han comenzado a entrar en crisis hasta las citas de Perón. Como aquella que decía que los peronistas eran como los gatos, porque en vez de pelearse, se reproducían. Ahora, cuando se pelean, se dividen.

A los tumbos, sin nada para ofrecerle al país, salvo malos índices económicos, inflación y pobreza en crecimiento, Cambiemos lograba al cierre de esta edición un triunfo en el Senado que le permitirá imponer su presupuesto. No es poco.

"Me parece que es la última vez antes de las elecciones que el peronismo pone la otra mejilla y le vota leyes al gobierno. Con el presupuesto, no nos quedaba opción, pero, si seguimos así, estamos legislando para Macri", le dijo a La Capital un senador nacional que, sin embargo, confía en un triunfo peronista para 2019.

No es un dato menor que Omar Perotti haya votado en contra de la ley de leyes. Es el inicio de las señales que confirman lo dicho por el informante a este diario: ahora empieza la campaña verdadera.

En medio del difícil momento económico, Macri deberá resolver antes de fin de año cómo y con quiénes llevara adelante su política de acercamiento a la oposición peronista en el Congreso que, hasta ahora, ha funcionado de maravillas.

La eventual salida de Emilio Monzó de la conducción de la Cámara baja le quitará al oficialismo el mejor negociador para los tiempos de crisis. ¿Implicará eso un nuevo regreso de Marcos Peña a la conducción total de los movimientos macristas?

Los rumores sobre la salida de Monzó se chocan con lo que le dijo Nicolás Massot —integrante también del ala política monzonista— a este diario: "Monzó no se va a ir, y ya estamos trabajando para que sea reelecto como presidente de la Cámara de Diputados". En pocos días más se sabrá cómo quedará el horizonte político de Cambiemos.

Al tiempo que llueven las encuestas que ubican a Macri en caída libre, en las últimas horas se ha voceado desde el PRO que no habrá ninguna chance para una candidatura presidencial que no sea la del jefe del Estado actual. Pero esto es política. Y en política nunca está dicha la última palabra.

La sorprendente frase de Dujovne respecto de que "en la Argentina nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el gobierno" es también una admisión de que la campaña no tendrá ningún incentivo que pase por el mejoramiento del consumo, el acicate a las políticas salariales o el incentivo de alimentar la locomotora en un año electoral. En ese sentido, el macrismo es y parece.

El debate que propondrá el gobierno tendrá que ver con la reivindicación de las políticas de ajuste como única manera de sacar al país de la senda del populismo y de los latiguillos que ya se utilizaron para derrotar el kirchnerismo, en 2015 y 2017. No hay dos sin tres.

Esa preferencia macrista por los andariveles de la centroderecha, o la derecha lisa y llana, a la hora del discurso no encuentra contraplano competitivo en la vereda del centro-centro o de la centroizquierda. El peronismo es un aquelarre de voces en la que ninguna voz singular muestra un camino a seguir.

Y en el progresismo no hay tigres de papel capaces de seducir a la massmedia. Todo, pero todo, se remata con una frase cargada de nada: falta mucho para las elecciones.

Hay una frase llena de lógica que alguien le escuchó decir a Miguel Lifschitz: "Si el gobierno llega a marzo, habrá mantenido la gobernabilidad. Y, a lo mejor, con eso le alcanza a Macri para ser reelecto".

Por lo pronto, Cambiemos vuelve a cantar victoria legislativa: desde hoy tendrá presupuesto aprobado, con otra ayudita del peronismo. No es poco, teniendo en cuenta la frase nihilista del ministro de Economía.

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