Opinión

El silencio de Cristina

Ausencia que intriga. MIentras el gobierno nacional continúa echando nafta al fuego por intermedio de un ajuste de rigor impensado para los más humildes, la máxima referente de la oposición mantiene una actitud de discreción absoluta. El posible fracaso del macrismo, ¿una profecía autocumplida?

Lunes 30 de Julio de 2018

Hasta los militantes más fervorosos se lo preguntan por estos días. Los que dicen entender el juego y los otros también. ¿Dónde está Cristina (Kirchner)? Fuera de micrófono, allegados a la ex presidenta deslizan que la estrategia elegida para la ocasión, para este tramo de la incipiente campaña electoral, es permanecer en silencio.

Mantener un perfil bajo, aunque siguiendo de cerca las desventuras del gobierno que lidera Mauricio Macri.

El jefe de Estado al que se negó a traspasarle el mando presidencial hace casi mil días (falta poco más de un mes para que se cumpla ese período).

Dos años y medio después, Macri transita por horas complejas al frente de la Casa Rosada, aunque parece decidido a seguir adelante hasta las últimas consecuencias con sus planes de ajuste.

A los anunciados aumentos en las tarifas de energía eléctrica y gas, previstos para septiembre y octubre próximos, se sumaron en las últimas horas retoques por demás significativos en la estructura de asignación de subsidios familiares que otorga el Estado.

El gobierno también eliminó un régimen diferencial que alcanzaba a más de cien mil chicos de provincias de la Patagonia y de algunas zonas, pobres, del norte argentino.

Además, dispuso morigerar los efectos de ese placebo de deducciones permitidas para el impuesto a las ganancias.

Y como si todo esto fuese poco, confirmó un incremento en boletos de transporte público de pasajeros en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Un anuncio tras otro, sin respiro.

Sin margen para recuperarse y con el arco opositor casi en su conjunto aún discutiendo sobre el nuevo rol que cumplirán las Fuerzas Armadas.

Escudo Norte

El jueves pasado, sin ir más lejos, muchos de ellos marcharon hasta el Ministerio de Defensa para protestar contra la decisión de Macri de involucrar a militares en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.

En el Congreso, el massismo y el peronismo "dialoguista" pidieron una sesión especial para el próximo 8 de agosto a fin de tratar todos los proyectos presentados para derogar el decreto presidencial que habilita a las Fuerzas Armadas a intervenir en asuntos de seguridad interior.

Organismos de derechos humanos y referentes del kirchnerismo, por su parte, llevan la voz cantante a la hora de cuestionar la iniciativa macrista.

Pero hace siete años, en julio de 2011, era la mismísima Cristina Kirchner la que anunciaba en Santiago del Estero el programa "Escudo Norte", que implicaba la instalación de radares en la frontera argentina con Bolivia, Paraguay y Brasil para intensificar, presuntamente, la lucha contra los narcos.

"Confiamos en que puedan defender y cuidar la frontera para impedir que la Argentina sea un país víctima del narcotráfico, como pasa en otros países", decía la por entonces presidenta.

El plan oficial preveía sumar a las tareas de prevención dos aviones Pucará, cinco helicópteros y ¡270 uniformados del Ejército Argentino y de la Fuerza Aérea! Hoy se rasgan las vestiduras por el decreto presidencial.

En la Argentina, está claro que el componente ideológico a muchos les nubla la mirada (aún). Y también su capacidad de análisis.

Marchan porque suponen que Macri utilizará a las Fuerzas Armadas para reprimir posibles manifestaciones contra el ajuste.

No tanto en las próximas semanas, sino hacia fines de año, cuando algunos estiman ―o quieren creer― que podría producirse cierto alboroto social en la Argentina en el caso de que el plan económico que impulsa la Casa Rosada continúe generando estragos en la ciudadanía.

Marchan ―o marcharon― porque suponen ―o suponían― que el Fondo Monetario Internacional ordenó a Macri abrir las puertas de los cuarteles.

El Fondo Monetario o Estados Unidos.

Para que salgan los militares, a controlar las calles y/o a aplicarle "mano dura" a la población.

Salen a marchar porque lucubran ―quizá― que la derecha en el país se regocija con la posibilidad de que todo eso ocurra.

Pero cuando Cristina Fernández de Kirchner dispuso que parte de las Fuerzas Armadas patrullaran la frontera norte en 2011 no les resultaba tan descabellada la propuesta.

El componente ideológico entra una vez más en acción.

El silencio y la profecía

Los militantes la extrañan. Según fuentes cercanas al kirchnerismo, el silencio de "la Jefa" comenzó a generar cierta intranquilidad. O impaciencia, mejor dicho.

Algunos consideran que es el momento de salir a hablar, de mostrarse, de abandonar la estrategia de perfil bajo. Otros entienden que al gobierno aún le puede ir peor.

Por consiguiente, es necesario continuar esperando antes de abandonar el ostracismo, por más coyuntural que sea.

En medio de la tensa espera, alguno por ahí se la imagina puertas adentro planeando un discurso contundente, rodeada de sus hijos y su gente de confianza.

O bien revisando viejos álbumes de fotografías, envuelta en nostalgias de poder y escuchando músicas de otra época...

¿Quién sabe? Lo cierto es que en el círculo de allegados a la actual senadora nacional consideran que Cristina será candidata en las próximas elecciones presidenciales. En 2019. Porque "tiene los votos".

Seguramente se refieren a los que obtuvo en los comicios del año pasado, cuando perdió frente a Cambiemos en la provincia de Buenos Aires.

Una estrategia "de silencio" similar a la de Cristina lleva adelante por estos días Sergio Massa, aunque sin "los votos" que (en teoría) atesora la ex mandataria.

En cambio, el salteño Juan Manuel Urtubey sí opta por salir a hablar. Por opinar de coyuntura nacional. Y procura hacer equilibrio en esa delgada línea que separa a la crítica razonable y constructiva de la reprobación meramente proselitista. Mide bien Urtubey, atención.

Pero Macri también medía bien cuando comenzó su gestión. Después, comenzó su gestión... Y la cosa se complicó.

Ahora, el peronismo, si bien aún debe resolver sus asuntos internos, parece tan, pero tan cerca de desempolvar esa especie de máxima con la que suele vanagloriarse.

Y asegurar, una vez más, que únicamente el Partido Justicialista es capaz de gobernar la Argentina. Claro que les gusta mencionarlo.

Una frase que, por cierto, hasta de panfletos partidarios habría quedado desterrada después de los 12 años de kirchnerismo en la Argentina si no fuese por los desaciertos del gobierno de centroderecha de Macri.

Resulta ahora que el peronismo se pelea por volver. Porque olfatea que tiene por delante una oportunidad impensada hasta hace apenas unos meses. Una chance de resurgimiento que el propio gobierno le otorga, mientras procura ordenar las cuentas del Estado. Lo intenta, se esmera en pos de lograrlo.

Pero si llegara a fracasar, todo el esfuerzo desarrollado en estos meses terminaría reducido y consumido en una (especie de) profecía autocumplida. Una más en la Argentina. Con Macri como objeto de análisis político, sociológico y hasta psicológico a futuro. Con Macri como artífice. Como partícipe necesario, como protagonista. Aunque profecía autocumplida al fin.

Vaya encrucijada...

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