Opinión

El PS, con trabajo de hormiga

El verano transita sin sobresaltos en el gobierno santafesino. El Partido Socialista ha comenzado su trabajo de hormiga destinado a acumular poder (y masa crítica) en sectores de la provincia donde —hasta el 2 de septiembre— no llegaba.

Domingo 13 de Enero de 2008

El verano transita sin sobresaltos en el gobierno santafesino. El Partido Socialista ha comenzado su trabajo de hormiga destinado a acumular poder (y masa crítica) en sectores de la provincia donde —hasta el 2 de septiembre— no llegaba.
  Un partido pequeño, con mayoría de cuadros, que se va extendiendo poco a poco por el enrevesado norte santafesino, llevando como zanahoria en el palo la cuestión de la regionalización. Hermes Binner ha entendido que la bota goza de un fenomenal crecimiento económico en el sur, en la cuenca sojera y que Rosario es un territorio con cierta crisis de crecimiento pero que acá talla Miguel Lifschitz. Pero, las energías para que la provincia deje de estar en un plano inclinado están puestas en la ciudad de Santa Fe y en el norte.
  El mascarón de proa de la administración, Antonio Bonfatti, está curtido en estas lides. Sabe que no hay mejor manera de evitar alguna bronca pasajera en los aliados (léase radicales y aristas) que convocar a los intendentes y presidentes de comuna justicialistas a la Casa Gris y darles un lugar bajo el sol, ahora que los peronistas están perdidos como el Burrito Ortega en las calles de Estambul.
  El ejemplo más empírico lo dio Alberto Monti, un histórico intendente de Correa que ingresó junto a su hija (la nueva alcalde del pueblo) para reunirse con Binner y salió criticando a Agustín Rossi por haber osado ironizar sobre el rumbo del actual gobierno. Ya se dijo en esta columna, reproduciendo el parecer de un funcionario provincial: “Es más fácil acordar con los peronistas que con nuestros aliados. Los muchachos la tienen clara a la hora de negociar”. La necesidad (léase la caja) tiene cara de hereje.
  La única nubazón que se puede interponer políticamente en el camino del gobierno podrá estar dada al momento de encarar la sucesión, si es que la reforma constitucional se abre como una flor de septiembre en la Legislatura. No son pocos los que ya visualizan el deseo de muchos binneristas de pugnar porque su jefe se quede dos períodos al frente de la Casa Gris teniendo en cuenta que en la vereda de enfrente se vienen años de duelo tras haber perdido el invicto electoral de 24 años.
  Lifschitz está convencido de que el 2011 será su turno. “Todo lo que se dice en los pasillos son pavadas, no vamos a cometer la locura de modificar la Constitución para que Hermes sea reelecto, en todo caso él se abstendrá de esa opción. Pero hay correveidiles que están haciendo tráfico de carne en mal estado”, admite una fuente que habita en el Palacio de los Leones.
  Se basa en algunos chispazos que salieron desde el Concejo Municipal cuando el presidente del cuerpo, Miguel Zamarini, criticó al intendente al pedirle celeridad para las decisiones que se toman en los centros municipales. Con elegancia e ironía, Lifschitz respondió: “Debe haber sido el calor”. Se sabe que entre los socialistas las ironías están de más. A la hora de dirimir sus cuestiones internas, desconectan el audio y todo queda entre cuatro paredes. No fue el caso.
  Rosario deberá pegar de una vez por todas un salto cualitativo mayor, fundamentalmente en el área servicios, y necesitará la debida asistencia del poder provincial. Nadie podría imaginar una crisis entre el gobernador y el intendente de la principal ciudad, máxime cuando lograron lo que ellos tanto ansiaban: tener a la provincia y a Rosario cobijados bajo el mismo paraguas político. Pero esto es política, donde no siempre dos más dos es cuatro.
  En el peronismo se viene un febrero agitado. Las internas, un método que cayó en desuso en el histórico partido, volverán a mover los decibeles entre rossistas y reutemistas. Dos grandes incógnitas flotan en la superficie. ¿Qué harán Carlos Reutemann y Omar Perotti, los dos dirigentes más valorados de la oposición?
  El intendente rafaelino habría sido sondeado por el Ejecutivo nacional para ocupar un cargo en el área productivista, aunque no quiere desprenderse de esa perla de crecimiento que es Rafaela. No es casual que el boom registrado en la cuenca lechera haya llegado a las pantallas de un canal de cable perteneciente al Grupo Clarín, donde todas fueron loas para el ex ministro de la Producción. “Me parece que si no logran coptar a Binner, los pingüinos van a poner todas las fichas por el piamontés ” (en relación a Perotti), dijo una calificada fuente a La Capital, mapeando el 2011.
  Reutemann tiene en Ricardo Spinozzi a un hombre de su confianza, pero aún no ha dicho una sola palabra sobre las internas, más allá del malestar que le provocaron los dichos de Rossi cuando atacó a su sector desde un programa televisivo. “Ahora entramos en la misma lógica bonaerense: las internas se ganan con plata. El que tenga la billetera se queda con el partido”, se le escuchó decir al Lole, quien termina su mandato como senador en el 2009. ¿Después? Como dice el tango: “Qué importa del después, toda mi vida es el ayer”, debe pensar el ex gobernador.
  El PJ rosarino parece haber elegido a Rossi a la hora de jugar las fichas. De hecho, el ex presidente del Concejo se victimizó y acusó a los reutemistas de no “haber querido ganar nunca la ciudad”. La acusación que subyacía entre los no rossistas era que el Chivo terminaría siendo “funcional a Binner, siempre se llevó bien con los socialistas”. Sorpresas te da la vida: hasta ahora fue el único que castigó con dureza a la nueva administración. La solidaridad hacia Binner vino del reutemista Monti.
  A diferencia de la Casa Rosada, que se columpia entre el escándalo de la valija chavista, el colapso energético y otras vicisitudes, en Santa Fe el verano es un remanso para el Frente Progresista. Binner ha concentrado su actividad en la capital de la provincia, para la que tiene un plan parecido al que utilizó cuando empezó a gobernar Rosario: la chiquigonzalización. Esto es, levantarles el ánimo a los santafesinos a pura actividad cultural y recreativa. Como los fuegos artificiales de Lifschitz pero con rostro de mujer: el de la eficiente Chiqui González.
  Los aspectos neurálgicos en la provincia vienen de la mano de la inseguridad galopante que ya no solamente está anclada en Rosario. De la mano de la bonanza económica en el interior los robos han aumentado en forma geométrica, aunque las víctimas son renuentes a la denuncia en sede policial. También debe asegurar el normal inicio del ciclo lectivo, cuestión que, cínicamente, es monitoreada por algunos peronistas. “Estos de Amsafé nos volvieron locos durante 24 años. Van a ver que ahora, a los socialistas, les ponen alfombra roja”, murmuran.
  Con más de dos asunciones por semana, el gobernador tiene un bonus track para ofrecerles cargos a otros sectores políticos y sociales que hasta ahora no están representados en la estructura de gobierno. Tiene tiempo, ganas y una caja frondosa que le dejó —para que los justicialistas mastiquen rabia— Jorge Obeid. En la vereda de enfrente todavía llevan crespón negro.
mmaronna@lacapital.com.ar

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