Opinión

El posmacrismo ya saca turno

Sin la reelección de Macri, se comenzará a perfilar el liderazgo interno de Rodríguez Larreta y del ala política. En Santa Fe también podría moverse el tablero.

Jueves 12 de Septiembre de 2019

La no reelección de Mauricio Macri terminará con el macrismo. No habrá macrismo sin Macri. Antes de que llegue el 27 de octubre, a espaldas del presidente de la Nación ya se habla del posmacrismo. El resultado de las Paso lo hizo.

Para que la nueva etapa del PRO y de Juntos por el Cambio tenga viabilidad, Macri deberá revertir los números, ingresar al ballottage y dar vuelta el resultado. Suena hoy como una quimera. Atento a eso, algunos ya le han cerrado los ojitos.

Hay que ser prudentes antes de diagnosticar los fines de ciclo. En 2009, por ejemplo, hubo un libro del prestigioso politólogo Rosendo Fraga que se llamó "Fin de ciklo", en referencia a la supuesta caída final del kirchnerismo como consecuencia de la pelea con el campo. El fin de la historia es conocido: no sólo que no hubo fin de ciclo, sino que, dos años después, Cristina ganó con el 54 por ciento de los votos.

El posmacrismo, dicen desde el ala política, comenzó con las medidas económicas que tomó Hernán Lacunza. El propio Macri dijo que se trata de decisiones con las que no comulga. Pero la necesidad tiene cara de hereje.

El caso de Macri, hoy, es diferente. No solo hay clima de fin de época, sino que el peronismo se subió arriba de una ola ganadora en las urnas, en todas las provincias grandes y en la Nación. "El posmacrismo va a existir, pero hay que hacerlo de manera inteligente. Lo va a comandar el Pelado, que es lo mejorcito que tenemos". La fuente es oficial y el "Pelado" es Horacio Rodríguez Larreta.

Si se confirma la victoria del oficialismo en la ciudad de Buenos Aires, el espacio volverá a fojas cero. Como cuando empezaron. Pero, tal vez, sin Macri. ¿Y si el presidente decide seguir jugando en política? Alguien le escuchó decir que su intención, si pierde el 27 de octubre, es emular al chileno Sebastián Piñera, quien perdió y volvió. No parece, ni por asomo, ser la misma situación.

En el posmacrismo cabalgarán, además de Rodríguez Larreta, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio y la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. El jefe de Gobierno porteño intenta acercar a Emilio Monzó al grupo que se despegará de Macri en otro momento, pero que ya se despegó de Marcos Peña, luego de meses de peleas de Palacio.

El fin de Juntos por el Cambio no sólo se visualiza por el posmacrismo que anidó en el PRO. El radicalismo tendrá que volver a hacer mil convenciones, seminarios y congresos para reinsertarse en un esquema político nuevo. Pero también el futuro inmediato de la UCR depende de otros resultados electorales, como por ejemplo los comicios provinciales en Mendoza, donde el 11 de agosto pareció caer como telgopor en el viento zonda el castillo construido por Alfredo Cornejo, gobernador y presidente partidario.

El giro santafesino

Santa Fe también empieza a esbozar un giro cambiemita. La foto de José Corral con el senador Felipe Michlig (histórica espada del Frente Progresista) muestra el intento que vendrá de aunar voluntades radicales y, desde la oposición, buscar el liderazgo interno.

"Esa foto tiene una sola necesidad: intentar sacarle a (Miguel) Lifschitz todo el jugo posible hasta el 11 de diciembre. El gobernador necesita de los radicales para ser presidente de la Cámara de Diputados, y de los senadores para mantener la gobernabilidad hasta entonces", confió una fuente radical. La futura oposición al peronismo gobernante tendrá en Lifschitz la principal referencia.

A los radicales les entusiasma que Pablo Javkin sea el futuro intendente de Rosario, y no dudan en intentar rodearlo. El concejal deberá llevar adelante un delicado ejercicio de cintura para mantener contentos a socialistas y radicales. Como Rodríguez Larreta en Caba, Javkin es una referencia no peronista que zafó de la ola. Tal vez, nacerá una relación producto de la necesidad. Todo lo demás será un océano peronista.

El presidente del radicalismo provincial, Julián Galdeano, admitió la posibilidad de un giro hacia adentro, con cambio de conducción incluida a futuro en la presidencia del comité nacional. Por más mal que le vaya individualmente, la presencia de la UCR es clave en los armados extra PJ. A futuro —y será tema de otra columna— no habrá chances de construir un frente opositor sin el radicalismo.

Quedó demostrado en Santa Fe que el peronismo es poco menos que imbatible cuando radicales y socialistas no van juntos. El escenario de tres tercios es directamente funcional al PJ.

Dividirse fue un mal negocio: la UCR perdió Santa Fe capital a manos del socialismo, un no socialista como Javkin le ganó la interna abierta al PS y radicales y socialistas perdieron la provincia a manos del peronismo.

Tal vez la realidad santafesina no peronista direccione deseos como los de las bandas ricoteras: "Solo les pido que se vuelvan a juntar". De lo contrario, habrá peronismo por largo tiempo. En este ámbito encontraron la llave indicada para volver a gobernar la provincia: la unidad.

Una derrota final de Macri el 27 de octubre blanqueará el notorio panorama de divisionismo interno en el PRO Rosario. Hay entre los referentes locales broncas contenidas, facturas en elaboración e intentos de fortalecer nuevos grupos internos. En medio del mal clima, hace ya algunos meses, renunció hasta el secretario político del partido, Ricardo Schlieper, y no pudo presentarse ninguna lista paralela a la de Federico Angelini.

Roy López Molina es otro de los dirigentes que quiere encabezar un proceso nuevo adentro del macrismo (en verdad, será del posmacrismo) y tallan ahí, además de Schlieper, otros nombres, como el de Lucas Incicco, Germán Mastrocola (y siguen las firmas).

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