Opinión

El PJ sólo gana disgustos

Claves. La incomprensible decisión de nombrar interventor a Luis Barrionuevo tiene un gran ganador: el gobierno nacional. El macrismo necesita dividir a la oposición. El "ejemplo" santafesino.

Jueves 12 de Abril de 2018

El peronismo no gana para sustos. Sobre llovido, mojado: le impusieron por decreto un interventor que navega en el fondo de la consideración pública y que dio sobradas muestras de buena sintonía con el gobierno nacional.

La decisión de la eterna jueza María Romilda Servini de Cubría de ubicar al dirigente de los Gastronómicos en la silla más alta del Partido Justicialista tiene más lecturas que El Principito. En verdad, los que estaban al tanto del derrotero del PJ alertaban desde hace más de un año que el partido iba camino a la intervención.

Es más, en los pasillos de la política peronista siempre se dice que la verdadera "jefa" del PJ es Servini de Cubría, alguien que ha acompañado todos los ismos del otrora movimiento general organizado desde su cargo de jueza. Servini activó sin dejar de considerar a su amigo Barrionuevo, "pero antes le ofreció la intervención a Miguel Pichetto", según le dijo a LaCapital un legislador por Santa Fe.

Barrionuevo es considerado como "el peor de todos" a la hora de las zancadillas políticas, lo que torna casi de cumplimiento imposible la deseada, por algunos, "unidad del peronismo". Ya lo dijo el sindicalista: "Ellos (por los kirchneristas) no tienen nada que hacer en el PJ. Ellos armaron su propio partido, Unidad Ciudadana. Ellos lo que quieren es usar al PJ de madriguera". Mauricio Macri debe estar pensando que, con peronistas así, para qué necesita macristas.

En verdad, el peronismo afuera del poder actúa como un pez afuera del agua. No es su hábitat, no es la condición por la que fue creado. Y muestra todas sus miserias.

"El peronismo afuera del poder actúa como un pez afuera del agua. No es su hábitat natural. Y muestra, como nadie, las miserias políticas internas"

Pero volvamos a Barrionuevo y al futuro posible de los peronismos en pugna. El autor de la frase "hay que dejar de robar por dos años" se mostró últimamente mucho más cercano a Sergio Massa que al peronismo, al margen de su vínculo conyugal con Graciela Camaño. Hasta en eso los mortificó Servini de Cubría a los muchos y las muchachas peronistas.

Aunque hay muchos dirigentes haciendo cola para vincular a Macri con el fallo de la magistrada, no hay ni habrá pruebas para confirmar semejante elucubración. Sí, de manera pulimentada, hay que decir que la resolución beneficia al gobierno de manera indubitable.

Hoy por hoy, lo que debe lograr el macrismo es la división del peronismo. Como decía el Che Guevara respecto de Vietnam: crear uno, dos, muchos peronismos. Al margen de la ironía, saben hoy en el laboratorio de Olivos que la aparición de una figura consensual en el mayor partido de oposición traería fantasmas a la hora de imaginar el futuro.

Aunque en otro momento el kirchnerismo haya considerado al PJ como una cáscara vacía que sólo sacaba patente de su inutilidad práctica, hoy el peronismo no podrá reconstituirse mínimamente sin un planteo de unidad en la diversidad. Si la interna entre los kirchneristas, los que representan a los gobernadores y los personajes satelitales no encuentra un punto común, el futuro será ocre.

Los peronistas que quieren sacar del gobierno por los votos al macrismo deberían imitar lo que sucedió en Santa Fe en las últimas dos elecciones. Todos los sectores jugaron por adentro de la sigla PJ. Y fueron competitivos. En el 2015 con Omar Perotti, y en el 2017 con Agustín Rossi.

Esa interna tan competitiva entre Rossi y la ex jueza Alejandra Rodenas podría repetirse en 2019 con otros nombres. Perotti ya dijo que será de la partida, Marcos Cleri afirmó lo propio y, por estas horas, cerca de María Eugenia Bielsa aseguran que la arquitecta está decidida a competir también por la Gobernación. Una interna de ese calibre será para alquilar balcones.

Ese grado de institucionalización se pierde a nivel nacional con la designación de Barrionuevo, quien le alfombra a Macri la posibilidad de ganar las elecciones en primera vuelta. Por estas horas, empieza a haber una coincidencia unánime en el interior del macrismo: "Hay que evitar un ballottage".

El desgaste de la gestión, la mala puntería en la economía y el paso del tiempo modifican los escenarios políticos. Acá, allá y en todas partes. Si en 2017 "la grieta" era la única salida, hoy lo mejor para Cambiemos parece pasar por la división de los adversarios en tantas partes como sea posible.

"A contramano del escándalo Barrionuevo, el PJ santafesino podría tener una gran primaria entre Perotti, Bielsa, Cleri y algún otro candidato"

Las últimas fotos de los sectores peronistas fueron de una pobreza alarmante. En San Luis y en Gualeguaychú. Así divididos no le hacen ni cosquillas a un gobierno que no pasa por un buen momento, pero que goza viendo los disparates ajenos que les dispensa el peronismo. Como que Barrionuevo sea interventor.

Por estas horas, en Santa Fe la agenda es diferente. Los peronistas locales tienen un deber inmediato: intentar acomodar una posición común respecto de la reforma constitucional. Miguel Lifschitz ya hizo lo que tenía que hacer: elaboró el proyecto reformista y se lo presentó a la oposición. La semana próxima, la iniciativa aterrizará en la Legislatura.

Con esas novedades, el PJ deberá tener un congreso partidario que defina la posición frente al intento de modificar la Carta Magna, pero nadie descarta que pueda haber legisladores dispuestos a levantar la mano. Todo depende de cómo termine el proceso de negociación cara a cara que Lifschitz mantiene con algunos diputados, senadores, presidentes de comuna e intendentes.

La cuenta regresiva por la reforma constitucional ya ha comenzado, los artículos que el gobierno desea incorporar ya han sido publicados en exclusiva por LaCapital y, ahora, lo que falta es saber si la clase política santafesina —más puntualmente el peronismo— está dispuesta a acompañar los deseos reformistas.

Si hay reforma constitucional en 2018, la bota se convertirá en una urna gigante antes de tiempo. Si la oposición le niega a Lifschitz esa opción, comenzará un tiempo de barajar y dar de nuevo en el oficialismo.

En todos los casos, lo que viene resultará muy atractivo para el análisis político. Como decían los informativistas radiales, habrá más noticias para este boletín.

El peronismo afuera del poder actúa como un pez afuera del agua. No es su hábitat natural. Y muestra, como nadie, las miserias políticas internas

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