Opinión

El período más trágico del país

El golpe de Estado que iba a terminar con el gobierno de María Estela Martínez era algo esperado por la inmensa mayoría de la población.

Sábado 24 de Marzo de 2018

José Alfredo Martínez de Hoz, luego ministro de Economía, lo había anunciado unos meses antes durante un ciclo de charlas organizado por el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp) en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. El golpe de Estado que iba a terminar con el gobierno de María Estela Martínez era algo esperado por la inmensa mayoría de la población. Sólo restaba saber el momento en que se iba a concretar.

Martínez de Hoz señaló en dicha ocasión, entre los que me encontraba, que no era correcto que un mismo diputado votase una ley sobre temas económicos, otra sobre salud, otra sobre seguridad y demás, por lo que el sistema debía ser reemplazado por otro basado en especialistas que manejaran cada tema; pero se equivocó, tras el golpe del 24 de marzo de 1976 el Congreso de la Nación fue reemplazado por una Comisión de Asesoramiento Legislativo integrada por nueve miembros, tres de cada una de las Fuerzas Armadas.

Desde el día anterior yo conocía la inminencia del golpe cuando un importante oficial de una de las tres fuerzas, ya fallecido, me citó en un bar de Corrientes y Leandro N. Alem; me indicó que no me sentase sino que tomase algo de parado en la barra donde, llegado el momento, se apareció y sin más me dijo que esa noche se iba a dar el golpe por lo que me convenía quedarme trabajando para dar la información.

Combinamos una clave para su aviso telefónico y se fue sin más. Se trataba de alguien de confianza pero de todas maneras llamé a un pariente para confirmarlo, también alto oficial pero de otra arma. No estaba en su casa y la esposa me informó que había sido convocado y me dio el teléfono de donde se encontraba. Lo llamé y asombrado sólo atinó a decirme "¿Cómo lo sabés?". No había dudas.

Por entonces trabajaba en la agencia española EFE, además de Télam y del diario "La Opinión". Cuando volví a EFE con la información se lo comenté reservadamente al director de la misma, José Antonio Rodríguez Couceiro. Acordamos no cerrar el servicio como todas las noches e hizo quedar a un teletipista. Preparé un breve cable, firmado como Juan Santillana, con el anuncio que salió al aire en la madrugada tan pronto recibí la llamada con la consigna combinada. Fue primicia mundial, una triste noticia anunciando una gran tragedia que vivió la Argentina durante más de siete años.

Horas después recibí la felicitación desde Madrid, pero también el llamado de un compañero de Télam que me aconsejó no ir a Télam ya que figuraba en una lista de compañeros que teníamos prohibida la entrada y que días después fuimos despedidos sin más considerados como una suerte de subversivos aunque no todos compartíamos las mismas ideas y, en algunos casos, con claras diferencias. Éramos "potencialmente peligrosos".

En mi caso, el vicealmirante Horacio Zaratiegui llamó a Rodríguez Couceiro para que me sacase de EFE, pero se negó. En "La Opinión" Jacobo Timerman no aceptaba esas presiones y no pasó mucho tiempo para que él fuese víctima de los golpistas, al ser secuestrado, al igual que un par de periodistas del diario, el que fue intervenido quedando al frente el general José Teófilo Goyret, quién no compartía el terrorismo de Estado por lo que reestructuró la redacción y así pasé de prosecretario de Cierre a redactor en la sección Deportes.

Desde la muerte del presidente Juan Domingo Perón, el 1 de julio de 1974 las cosas se habían ido complicando en el país ya que su esposa y sucesora, "Isabelita", se recostó en José López Rega, su ministro de Bienestar Social, al que había heredado de su marido, y fue desplazando a los que no eran bien vistos por él, en particular el titular de la cartera económica, José Ber Gelbard, un empresario afiliado al Partido Comunista, corresponsable del Pacto Social firmado con el secretario general de la CGT José Ignacio Rucci, y que había armado un equipo multipartidario entre los que se encontraba el demócrata cristiano Carlos Leyba, alma mater del Plan Trienal sancionado por entonces.

Desde entonces las cosas fueron de mal en peor en la economía del país mientras estallaban a diario escándalos, sobre todo por los atropellos cometidos por la Triple A, un grupo parapolicial que respondía a López Rega y autora de unos 700 ataques a sindicalistas, periodistas, intelectuales y militantes, incluyendo varios asesinatos.

Desplazado Gelbard, tras unos meses de interinato de Alfredo Gómez Morales, Isabelita designó a Celestino Rodríguez al frente del Ministerio de Economía a instancias de López Rega, cabeza de la ocultista Logia Anael, de la que formaba parte el nuevo funcionario, quién asumió el 2 de junio de 1975 y ya, al día siguiente, anunció un aumento del precio de los pasajes aéreos con carácter retroactivo sobre la etapa de regreso lo que hizo que varios turistas quedaran varados en el exterior. "El que viaja no produce, pero sí gasta", dijo Celestino Rodrigo.

Días después, anunció el plan de ajuste conocido como "Rodrigazo" que incluyó la devaluación de la moneda local que pasó de 10 pesos por dólar estadounidense a 26; una suba del orden del 100 por ciento en los servicios públicos, incluyendo el transporte, y otra del 180 por ciento para los combustibles; todo ello compensado en parte con un aumento salarial del 80 por ciento.

El plan había sido elaborado por el economista Masueto Ricardo Zynn, quién luego también fue el inspirador del ejecutado por Martínez de Hoz desde que éste asumiera el 29 de marzo de 1976, cinco días después del golpe durante los cuáles ejerció formalmente el cargo el general Joaquín de Las Heras. No casualmente la mano derecha de Martínez de Hoz en la cartera económica fue Guillermo Walter Klein, el mismo que presidiera el Cicyp, organizador del acto donde el luego ministro se pronunciara pidiendo el fin del sistema basado en los tres poderes del estado.

Los problemas económicos, la resistencia sindical y los escándalos de la corte de Isabelita que tuvieron gran difusión, sobre todo a través del hace poco desaparecido vespertino "La Razón", fueron creando el clima favorable para que se pusiese fin a ese gobierno que, paradójicamente, como una forma de neutralizar la asonada reemplazó a la línea dura del Ejército colocando al frente del mismo al general Jorge Rafael Videla, luego cabeza de los cinco años iniciales, los más duros, del autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional" que dejara como saldo 30.000 muertos y desaparecidos y una economía en crisis en medio de un gran endeudamiento externo.

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