Opinión

El peor fin de año de la política santafesina

Claves. El peronismo mira azorado cómo escala el escándalo que involucra a los propios. En el Frente Progresista, nuevo round entre Javkin y el socialismo

Jueves 17 de Diciembre de 2020

Una buena manera de introducirse en los escándalos, escandaletes y estudiantinas de la política santafesina es leer al estupendo filósofo alemán Peter Sloterdijk: “Nietzsche llegó al punto de afirmar que la desconfianza y la ironía son signos de buena salud”, escribió en el libro Las Epidemias Políticas.

   Lector, lectora, utilice ese método por el momento para interpretar la penosa realidad de la política santafesina, que va de cuestiones gravísimas a enfrentamientos internos por cuestiones propias de la política banal.

   Qué festín se haría el escritor Osvaldo Soriano con el peronismo santafesino. En el PJ se están tirando con munición de un calibre tan grueso que es imposible medirlo. Vaya el ejemplo del ministro de Seguridad, Marcelo Saín, que en medio de una inseguridad chirriante en Rosario le envía una carta documento al senador peronista (léase de su propio gobierno), Armando Traferri, por haber insinuado que el funcionario es un servicio de inteligencia.

La gravedad de las cosas

   Es más, en las últimas horas el presidente de la Cámara de diputados, Miguel Lifschitz, recibió una nota de Traferri en la que el presidente de los senadores peronistas expresa: “Atento a mi convicción personal irrebatible de estar ellas pergeñadas, sostenidas y alentadas por Marcelo Fabián Sain, y siéndome necesario ponerlo en su conocimiento como máxima autoridad de la Cámara de Diputados, es que atribuyo en modo directo y objetivo a la conducta del nombrado, cualquier daño o acción violenta que pueda tener como destinatario al suscripto, familiares o allegados personales o políticos directos, dejando sentado en forma expresa que no existe otro sujeto que tenga para conmigo la violenta animosidad que el referenciado”.

   Es la primera vez que algo así ocurre en la política santafesina, y que hace temblar al peronismo. ¿Qué harán los dirigentes partidarios de peso en medio de esta coyuntura, al margen de reuniones secretas y off the récords? Cerca de Omar Perotti dicen que irán hasta el fondo, sin preocuparles las internas y que no muchos le reconocen esta acción de no intervenir ante la Justicia, algo que sí le atribuyen a algunos funcionarios del Frente Progresista en las gestiones anteriores.

   Nadie sabe cómo seguirá el expediente Traferri, y hasta donde se extenderá la investigación de los fiscales. “Hay que pasar el verano”, es la consigna que sostienen en privado los peronistas que no quieren más artillería amiga repiqueteando por todos lados. “Tenemos que ir hasta el hueso, y ahora”, vocean cerca del gobernador.

Calma, progresistas

   Por afuera del peronismo todos están expectantes con el desenlace de la situación. Pero, en el mientras tanto, crecen las diferencias y los cruces entre el socialismo y el intendente Pablo Javkin. Al lado de la gravedad de las denuncias que involucran al rival parece una serie de Disney.

   Javkin encrespó su ánimo al enterarse de una reunión entre dirigentes radicales del Frente Progresista y Miguel Lifschitz con Martín Lousteau. El intendente no fue invitado y decidió no participar de un evento que el socialismo había organizado para despedir el año. “La despedida del año ya estaba suspendida desde antes. No hay ambiente político para hacer despedidas”, dijeron desde el socialismo.

   Unos y otros deberán mirarse cara a cara e intentar acordar. La relación Javkin-socialismo demuestra lo que dicen viejos conocedores de la política: “Lo que la interna desune no se vuelve a unir”.

   En el socialismo se quejan de que el intendente “se saca fotos con todos, hasta con La Cámpora sale de paseo, pero a nosotros no nos muestra nunca, y somos compañeros de ruta”.

   El referente de Creo recuerda que siempre dice que Lifschitz es el mejor candidato a senador, pero que el ex gobernador nunca reivindica su tarea. Desde adentro del despacho de Javkin se escucho decir que hay un diputado provincial del socialismo y un diputado nacional del PRO que “se unen para hacer maldades” en contra suya.

   La presencia de Lousteau en el almuerzo con Lifschitz y dirigentes radicales tiene que ver con un posible armado conjunto. La posibilidad de constituir una gran alianza entre el progresismo y Juntos por el cambio no tiene demasiada viabilidad en el 2021, pero deberá ser refrendada para el 2023 si es que quieren derrotar al peronismo.

   Por eso preocupa tanto a dirigentes nacionales del Frente de Todos los estruendos en Santa Fe. Si la “unidad para la diversidad” se rompe como consecuencia de lo que sucede actualmente, el peronismo perderá su trébol de cuatro hojas.

   Con voz muy baja algunos dirigentes santafesinos quieren constituir un movimiento transversal que involucre a figuras de diferentes partidos (casi todos progres) lo que haría de tránsito imposible ese carril. Le cuesta mucho entender a buena parte de la oposición que las elecciones nacionales de 2021 estarán dominadas por la “grieta”, un fabuloso negocio que peronistas y macristas cobran en caja.

   Hay que volver al filósofo alemán Peter Sloterdijk: “Se sabe que la primera víctima de la creciente polémica es el matiz. Estamos tratando con una alarmante tendencia a la destrucción de los matices”.

   A veces, entre el bien y el mal hay diferencias sutiles.

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