Opinión

El movimiento estudiantil

El primer gobierno realmente democrático, es decir elegido por la voluntad popular por el sufragio secreto y obligatorio establecido por la Ley Sáenz Peña de 1912.

Sábado 16 de Junio de 2018

El primer gobierno realmente democrático, es decir elegido por la voluntad popular por el sufragio secreto y obligatorio establecido por la Ley Sáenz Peña de 1912, llevaba poco más de un año de gestión cuando se encontró, de manera totalmente inesperada, con una serie de sucesos que cambiarían cultural y socialmente la realidad Argentina y sus repercusiones no tardarían en diseminarse por toda América Latina.

El año 1918 había comenzado con efervescencia peculiar entre la juventud universitaria de Córdoba. En esa Universidad, fundada en por los jesuitas en 1613, lejos de dar signos del progreso natural luego de tres siglos de historia, sofocaba a sus claustros con tradiciones medievales y retrogradas: sus autoridades, representada por la elite doctoral cordobesa e íntimamente ligada a la alta jerarquía clerical, no titubeaban ni un segundo a la hora de decretar y tomar medidas antipáticas y discriminatorias para sus estudiantes y docentes. Un ex gobernador mediterráneo, Ramón J. Cárcano, manifestaba por ese entonces "la Universidad es una corporación cerrada". Cierto que lo era.

Ninguno de los antecedentes acontecidos en la Universidad de Buenos Aires habían tenido eco en la anquilosada "Docta". Ni el Movimiento Pro Reforma Universitaria de 1871, con sus banderas de reclamos por la autonomía universitaria y la enseñanza libre y gratuita, ni la Reforma de 1906, con sus proclamas de cogobierno con participación estudiantil y de autonomía científica y financiera. Córdoba se mantenía en la más pura expresión de elitismo, oscurantismo y menosprecio hacia quienes no les asentaba bien el sayo de la rancia aristocracia académica y clerical.

El 10 de marzo de 1918 los jóvenes salieron a la calle y tras la marcha surgió el Comité Pro Reforma que, el 13 de marzo, declaró la huelga general estudiantil a partir del 1º de abril. El 11 de abril de 1918 se crea la Federación Universitaria Argentina (FUA) con delegados de las cinco universidades argentinas (Tucumán, Santa Fe, Córdoba, La Plata y Buenos Aires). Mientras tanto, el presidente de la Nación, Hipólito Yrigoyen, advertido de la situación, manifestó que "su gobierno pertenecía al espíritu nuevo y que la Universidad debía nivelarse con el estado de conciencia alcanzado por la República" y dispuso la intervención de la Universidad de Córdoba dejando al frente al procurador general de la Nación, doctor José Nicolás Matienzo.

Tras comprobar importantes irregularidades, Matienzo declaró vacantes los cargos de rector de la Universidad y decanos de las facultades y dispuso un nuevo sistema para la elección de las autoridades por parte de la totalidad de los docentes.

El 15 de junio de 1918 la Universidad de Córdoba se apresta a celebrar su primera Asamblea Universitaria con el objeto de elegir un rector bajo las nuevas reglas. El candidato reformista apoyado por los estudiantes era Enrique Martínez Paz, mientras que el candidato de los sectores tradicionales era Antonio Nores. Hubo dos votaciones y ninguno obtuvo mayoría absoluta. En la tercera votación la mayoría de los profesores modificaron su voto y apoyaron a Nores, que ganó por 24 votos a 13.

En la puerta del rectorado, los estudiantes que esperaban con optimismo el resultado de la votación, sintieron el inconfundible latigazo de la traición y no dudaron en tomar la historia en sus manos inmortalizando en un libro de actas: "La asamblea de todos los estudiantes de la Universidad de Córdoba declara la huelga general. Junio 15 de 1918". Mas de mil estudiantes, dos tercios del total que cursaba en la Universidad, refrendaron esa decisión, tomaron los edificios de las facultades exigiendo la renuncia de Nores quien se manifestó dispuesto a usar todos los recursos a su alcance para sofocar la revuelta.

El 18 de junio la FUA declaró la huelga general estudiantil en todo el país por el término de cuatro días y en la jornada siguiente, el 23, decidió nacionalizar el movimiento cordobés convocando para el 14 de julio al Primer Congreso Nacional de Estudiantes a ser realizado en la convulsionada ciudad de Córdoba.

La Gaceta Universitaria de Córdoba publica el 21 de junio el célebre "Manifiesto Liminar" dirigido "A los hombres libres de Sud América", redactado por el joven abogado Deodoro Roca, cuyo primer párrafo expresa: "Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana".

Significado y trascendencia

La Reforma Universitaria significó un quiebre irreversible para la Universidad argentina en su esencia. Podríamos graficar que puertas para adentro inició un camino imposible de desandar en la democratización de la enseñanza superior, hasta el momento encapsulada en la concepción elitista de que el saber es patrimonio de pocos y solamente unos pocos son capaces de transmitirlo y son muchos menos aún los elegidos para la sublime tarea de gestar el saber.

Los preceptos fundamentales de la gesta del 18 se pueden resumir en los principales puntos que fueron aprobados en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes Congreso de la FUA: Participación estudiantil en el gobierno universitario (cogobierno por tercios de profesores, estudiantes y graduados); participación de graduados en el gobierno universitario; asistencia libre; docencia libre (libertad académica, cátedra paralela, cátedra libre, derecho a optar entre cátedras); periodicidad de la cátedra (con designación por concurso) y. extensión universitaria, entre otros.

Sin lugar a dudas este movimiento, que está cumpliendo su centenario, no puede ser visto como un acontecimiento aislado de la sociedad que lo vivenció. Así como en 1810 las réplicas de la Revolución Francesa, de la Independencia Norteamericana y de los brotes insurgentes en la América Hispana despertaron el germen emancipador en nuestra patria, los nuevos aires, las nuevas ideas que se propalaban en el viejo continente a partir de la Revolución Rusa, la finalización de la Primera Guerra Mundial y el avance de las organizaciones obreras consecuente con el irrefrenable proceso de industrialización que experimentaba occidente, hicieron de anclaje para que la juventud estudiosa vernácula adhiriera a las nuevas formas de entender el mundo y la sociedad.

El espíritu reformista del 18 venía a poner sobre la mesa la transformación social que se estaba experimentando en Argentina, que con lentitud y mezquino recelo dejaba atrás la parafernalia perversa e hipócrita de la "Belle Époque" de las pampas. Las clases medias pujantes y comprometidas con la transformación productiva nacional, junto con oleadas de inmigrantes embebidos en ideologías progresistas encontraron el lugar y el tiempo propicios para establecerse, acceder a la educación y, en algunos casos, para enviar a sus hijos a la Universidad. Estos jóvenes se convirtieron en el numen de esta revolución logrando desenmascarar los artilugios con que las clases aristocráticas y oligárquicas retenían el poder en el país.

Con la Reforma Universitaria la democracia toma su verdadero valor en una sociedad que hasta el momento había disfrutado bastante poco de la vida republicana. Los conceptos de libertad, justicia y espíritu crítico alcanzan su madurez. Desde ese momento la universidad deja de mirar la realidad desde adentro hacia afuera y los universitarios desisten de salir al mundo para imponer las verdades que lo rigen.

Lo que la Reforma nos dejó es que la Universidad sea un instrumento de la sociedad y como tal, no puede ir a contramano de ella. La Universidad y todos los niveles de la educación deben acompañar y compartir los preceptos y los valores que apuntalan a una sociedad y en este caso hablamos de democracia, igualdad de oportunidades, libertad de pensamiento, tolerancia y respeto hacia las instituciones de la República.

De esta manera podemos decir sin temor a equivocarnos que la Reforma Universitaria entronó para siempre una universidad estrechamente ligada a la sociedad que la sostiene, que la nutre y la aprovecha para sus fines más nobles que son el bienestar, la libertad y la justicia del pueblo.

Bien vale entonces compartir una reflexión de Josè Luis Lanuza, hecha en 1924: "La Reforma Universitaria pone frente a frente en la Universidad, las fuerzas que luchan fuera de la Universidad".

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