Opinión

El miedo y la bronca de los jueces

Tres ataques a tiros en dos semanas contra lugares vinculados a los jueces que investigaron y condenaron a miembros de la familia Cantero y sus cómplices pusieron en alerta máxima e instalaron literalmente el miedo entre quienes intervinieron con distintos roles en esas causas.

Viernes 22 de Junio de 2018

Tres ataques a tiros en dos semanas contra lugares vinculados a los jueces que investigaron y condenaron a miembros de la familia Cantero y sus cómplices pusieron en alerta máxima e instalaron literalmente el miedo entre quienes intervinieron con distintos roles en esas causas. En los tribunales penales locales la bronca y el temor se extienden como una mancha de aceite: bronca contra el gobierno provincial porque más de una vez aseguró que la banda conocida como Los Monos está desarticulada, y temor por el riesgo al que se sienten expuestos frente a la impunidad con la que se produjeron esos ataques y a la inoperancia de la policía para encontrar a los autores.


Entre los jueces penales y los fiscales circula una sensación que eriza la piel de quienes alguna vez intervinieron en alguna causa donde estuviera imputado algún miembro de los Cantero: creen que el objetivo de los últimos ataques a tiros contra dos domicilios donde vivió uno de los jueces del tribunal que condenó a la banda y contra las casas de la ex esposa y el padre del magistrado que instruyó la causa es, literalmente, asesinar a alguien.

"Estos no son sólo mensajes. El objetivo es sembrar el miedo en el Poder Judicial y en esa búsqueda pueden hacer cualquier cosa, incluso matar. La impunidad para hacerlo los agranda", reflexionó un magistrado minutos después de conocerse el último atentado, el del miércoles a la noche contra la casa del padre del juez Juan Carlos Vienna. Este es el magistrado que investigó a los Cantero y sus cómplices, muchos de ellos policías, y los envió a juicio. En la balacera a la casa de su padre, un proyectil incluso rompió un jarrón dentro de la casa.

Sin ocultar un temor muy cercano a la desesperación, otro juez fue más directo: "¿Qué espera el gobierno de la provincia para hacer algo, que uno de nosotros aparezca flotando en el río?". Esta fuente fue incluso más lejos: "Eso va a pasar, y pronto".
Los dardos de los operadores judiciales alcanzados por estos mensajes mafiosos apuntan sobre todo contra el ministro de Seguridad de la provincia, a quien más de una vez escucharon decir públicamente que la banda Los Monos está desbaratada. Ninguno de ellos duda de que estos atentados fueron perpetrados por esa organización delictiva y por eso apuntan sus críticas a Maximiliano Pullaro. "Qué hable menos y que haga más", sostienen.

El gobernador Miguel Lifschitz tampoco se salva de las críticas. Y la bronca se potenció por las declaraciones de ayer que buscaron atenuar el ataque del martes a la noche a la casa de la ex mujer del juez Vienna.
En los pasillos de los tribunales se observan rostros de máxima preocupación e incluso no faltan quienes llegan al extremo de pedir por lo bajo medidas tan extremas como la intervención de la provincia. Otros, igualmente inquietos pero más razonables, se conforman con pedir protección y exigir drásticas mejoras en la seguridad pública. "No solo para los jueces sino para todos los ciudadanos", comentó otro magistrado.

Una situación que hace más intensas las críticas al Ministerio de Seguridad es el hecho de que Pullaro ha acusado públicamente más de una vez a los jueces por decisiones como las de otorgar prisión domiciliaria a detenidos considerados peligrosos. Los magistrados afirman que sólo aplican la ley. También consideran que el funcionario se excede en la publicidad de los supuestos logros de su gestión y en cambio apunta contra ellos cuando algo sale mal. Furioso, uno de los jueces comentó: "¿Qué va a decir el día que entre nosotros haya una víctima?".
Los magistrados creen que después de los últimos ataques a tiros supuestamente cometidos por Los Monos ya no tienen garantías para hacer su tarea e impartir justicia. En algunos diálogos entre ellos incluso se llegó a escuchar una propuesta extrema: "No vayamos a trabajar". Así de asustados están.

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