Opinión

El largo camino de la transición

Claves. El verdadero contenido de la transición se definirá con los números del presupuesto. Línea abierta entre Lifschitz y Perotti. El reparto del poder en el PJ.

Jueves 27 de Junio de 2019

Primer dato: Miguel Lifschitz y Omar Perotti tienen línea directa desde el día después de las elecciones. Segundo dato: la transición real empezará con la discusión del presupuesto, allá por agosto-septiembre. Tercer dato: el peronismo quiere saber, antes, con qué se encontrará.

El gobernador no tomará ninguna decisión clave, que genere impacto y efectos, sin consultar con Perotti. Al menos, eso dicen desde la Casa Gris. Allí creen que al mandatario electo no le convendrá hacer reuniones individuales, ministerio por ministerio, porque de ese modo deberá ir haciendo públicos quienes serán sus futuros funcionarios. Y, en política, nunca se muestran antes las cartas.

Al margen de cómo sean las negociaciones en el futuro, los ganadores de los comicios del 16 de junio sorprendieron al oficialismo al acelerar los gestos respecto de la transición. "Nos sorprendió que aceleraran tanto los pasos. Nosotros no vamos a hacer ningún desastre de acá hasta diciembre, pero vamos a gobernar hasta el último minuto. No hay razones para apresurarse", dijo una calificada fuente del gobierno.

Desde el otro lado, dicen que sí hay razones. Y hablan de ascensos en la policía, deuda flotante, compra de leds. Y cosas por el estilo

La salida del peronismo del poder en 2007 produjo doce años de gobiernos extra PJ y, desde aquel momento hasta hoy, el Estado cambió por adentro y por afuera. Cerca de Perotti quieren tener la mayor cantidad posible de información para empezar a diseñar su propia estructura de poder.

Al Ejecutivo no le disgusta la idea de que el peronismo tenga una comisión de seguridad para que interactúe con los funcionarios actuales del área. "Eso sería mandar un mensaje de la política hacia otros factores de poder. Ojalá se pudiera hacer", relata la fuente.

Difícil que Perotti acepte esa posición, porque pasaría a compartir responsabilidades antes de tiempo en un tema en el que se jugará su sobrevivencia de gestión. La cuestión de la seguridad fue clave para que gane las elecciones.

La transición actual es entre sectores políticos antagónicos, algo que no se registra desde 2007, cuando Jorge Obeid le entregó la banda a Hermes Binner. El peronismo se retiró del poder dejándole dinero en caja al gobierno entrante. Una rareza.

Obeid, incluso, pagó costos políticos ante sectores del peronismo que le reprochaban no haber consumido todo el crédito. La entrega del poder a un partido que no es el propio lleva sensaciones intensas. "Nosotros lo vivimos. Hay que mantener la expectativa de gestión, cuando se mira al que viene y no al que se va. Es muy difícil. Pero de cómo entregues el gobierno, depende tu futuro", reveló un peronista que se fue en el 2007. Y está a punto de volver.

El desembarco

Antes de volver, el peronismo quiere condicionar la transición, algo que también intentó hacer el Frente Progresista. A favor del oficialismo, juega que Perotti tendrá que dedicar buena parte de los meses que quedan hasta su asunción a definir los nombres de la administración. Por lo pronto, necesitará algo más de 300 cuadros técnicos y políticos para empezar a plantar bandera. Sólo para comenzar.

En las últimas horas crecieron las especulaciones respecto a potenciales decisiones a la hora de repartir cuotas de poder a diferentes sectores del peronismo. La realidad es que, aún, no hay ni siquiera borradores.

La primera tanda de rumores, sobre supuestas preferencias de Perotti, llegó con la polémica candidatura de Alejandra Obeid, quien no había superado el filtro de las Paso a legisladora provincial. Al tiempo que desde un sector interno de peronismo se decía que ese nombre (número dos en la lista) había sido prohijado por el senador en funciones, desde ese lugar se aclaró que Perotti "no sugirió ningún nombre de la lista".

Por lo pronto, y para clausurar los dimes y diretes de la transición, ésta comenzará a tallar fuerte y a generar hechos políticos y económicos cuando esté en camino el presupuesto. Mientras tanto, habrá rondas de conversaciones. Quedan seis larguísimos meses de convivencia política. Ni Lifschitz querrá convertirse en un pato rengo ni Perotti querrá tomar responsabilidades antes de tiempo.

Por otro lado, hay una situación en la que pocos repararon: desde el 11 de diciembre, el nuevo gobernador deberá convivir políticamente con una Cámara de Diputados con mayoría del Frente Progresista. Y esa bancada será presidida por Lifschitz.

Pronto será tiempo de preguntarse si el actual mandatario seguirá pensando en la reforma constitucional, y si tratará de impulsarla desde su bloque. Con este cambio de viento político, tal vez al peronismo le convenga avanzar, tomar como propia la idea de Lifschitz y pensar en un gobierno de ocho años.

Habrá quienes piensen que es descabellado plantear esa escena cuando todavía no se acallaron los gozos y lamentos de las elecciones, pero un gobierno debe encarar los procesos de reforma cuando tiene el viento de cola del triunfo electoral. Y Perotti lo tendrá desde el mismo momento en que asuma.

Tampoco la realidad nacional será indiferente para el espacio político que debutará en el poder el 11 de diciembre. En las últimas horas, el ex intendente de Rafaela ratificó su apoyo a la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner, pero siempre ha sido más que buena la relación con el presidente Mauricio Macri. Y Macri, si gana, tendrá un peronista como vicepresidente, de histórico buen vínculo con Perotti.

Estos juegos de poder serán atractivos, y estarán a la orden del día, cuando quede definida la futura constelación electoral. Y para eso falta tiempo, como para sellar la transición santafesina.

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