Nueva York

El inexplicable dolor

El significado del dolor, tras la muerte violenta e inesperada de un ser querido, puede reconvertirse.

Domingo 05 de Noviembre de 2017

¿Qué es el dolor? No hay explicación. No se puede definir con palabras; sólo se siente.

Sin embargo, tras la muerte violenta e inesperada de un ser querido, puede reconvertirse. Y hasta diría que hay que intentarlo, mitigarlo siempre en busca de no dejarse destruir por la depresión, que requiere respuestas a preguntas que no la tienen.

¿Hay alguien capaz de decirle a quienes viven hoy su peor momento de dolor qué deben hacer o cómo tienen que comportarse? Sería una imprudencia.

Pero por qué no compartir una experiencia que pueda servir de consejo. Es imposible hallarle razón a la sinrazón o racionalidad a la irracionalidad. Para qué hacer ese esfuerzo.

Ante situaciones irremediables, el medicamento es el día a día, la construcción de la vida con el mejor de los recuerdos que la memoria y el alma marquen.

El martes, diez rosarinos andaban en bicicleta al lado de un río, en una experiencia de libertad única: individual y grupal, ambas a la vez. De golpe, la existencia de cinco de ellos se terminó impulsada por una reacción demencial.

La noticia que ligaba a ese hecho del terrorismo internacional con Rosario, se iba confirmando y, en la Redacción de este diario, había que darle la cobertura que la trascendencia requería.

En el fragor del trabajo, buscamos fuentes, testimonios, datos, teléfonos, imágenes. La publicación ya estaba lista. La mente no había dado tiempo para nada más. Hasta que llegó el momento de irse.

Sentí una sensación de vacío, parecida al dolor, que nunca tiene palabras de explicación. Sin quererlo, me trasladé al peor momento que me tocó vivir. Y pensé en las cinco familias de esta misma ciudad...

Al día siguiente, hablé con otro rosarino, Alberto Santoro, el papá de Mario: el paramédico de barrio Belgano que murió atrapado entre los escombros de las Torres Gemelas. En la nota de la radio, le pedí disculpas por hacerle recordar ese momento al relacionarlo con los amigos del Politécnico, que también fueron víctimas de la barbarie en Nueva York.

Alberto me dio una lección. Me dijo que recordar lo fortalecía. Volví a pensar en esas familias y también en mí.

El viernes, el sobreviviente Guillermo Banchini le dijo al planeta: "Nuestro maravilloso círculo de amor y amistad, que cultivamos durante décadas, fue lacerado". Y, con el alma en pedazos, se animó a construir otra vez el futuro. "Seguimos convencidos de que la forma de habitar este mundo es la que aprendimos desde chicos, en nuestras casas y en nuestra escuela. Que es la que nos trajo a esta ciudad".

El mensaje emocionó a los presentes y a los que mirábamos la televisión. Entre Guillermo y Alberto, el espíritu es el mismo. Y el camino también. Para todos.

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