En Foco

El hombre que votó con la mirada

La valentía de un docente chileno que lucha contra una grave enfermedad

Lunes 24 de Mayo de 2021

Con respirador mecánico, traqueotomía y postrado. El sociólogo y profesor universitario chileno Claudio Avendaño Ruz no solo le aplicó el fin de semana pasado un golpe magistral al Covid sino que votó por segunda vez en siete meses por un país más igualitario.

Había afrontado el plebiscito de octubre del año pasado con el que se inició el proceso constituyente, y el sábado 15 de mayo volvió al ruedo. Llegó al colegio Juan Pablo II del barrio Las Condes en Santiago acompañado de su enfermero, José Luis, y de su hijo menor: Maximiliano. Y se encontró con que las urnas estaban en un primer piso.

No sería ni el primer ni último obstáculo que sortearía en esta vida, pensó.

Bajaron las “132 V” especialmente para él. Y votó, solo y nada menos que con los ojos.

Según las estadísticas, dos de cada cien mil personas en el mundo viven algunos años, entre dos y cinco, con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Y Avendaño Ruz es uno de ellos.

Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que impregnó la vida del físico inglés Stephen Hawking y la del cantante chileno de origen austríaco, Peter Rock: el Elvis Chileno de la Nueva Ola trasandina de la década del 60.

La misma que transitó el dibujante Roberto Fontanarrosa y que hace pocas semanas le diagnosticaron al senador de Juntos por el Cambio, Esteban Bullrich.

Es una patología impiadosa que desde hace tres años le aquietó paulatinamente todos los músculos a este chileno de 66 años, profesor por años de la Universidad Diego Portales y hasta que dejó de dar clases, de la Escuela de Periodismo de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago. La ELA lo alejó de las aulas pero aún no pudo con sus ojos y tampoco le quitó el derecho al voto.

Las cámaras de televisión estuvieron allí para dar testimonio de la acción de Avendaño Ruz. La definieron como “ejemplo” y “proeza”. Pero él no lo vio ni lo ve así.

Dice que “votar es un derecho humano universal que debe garantizar el Estado”. Y agrega: “La ELA, como otras enfermedades, se vive en forma distinta según a la clase social que se pertenezca, según las redes de apoyo con las que se cuente, el apoyo familiar, las amistades; el acceso a la salud de calidad y a la cuantía de recursos simbólicos personales. Los postrados, permanentes o transitorios, requerimos el acceso a urnas móviles. ¿Y el voto digital? Dada la desigualdad observada en la pandemia, no parece a corto plazo la solución”.

Avendaño Ruz, grupo de riesgo de esta pandemia, no salió a las calles a protestar contra el gobierno neoliberal de su país durante el año pasado, como lo había hecho tantas veces. Es el único con posgrado universitario y de izquierda en su familia. Hijo de un trabajador del salitre y una enfermera; un ex militante de la Izquierda Cristiana Unidad Popular que llegó a tirarles piedras a los pacos durante la dictadura; un hombre que admiró a Allende.

“El resto son todos momias”, decía y se reía hace tiempo cuando aún podía hablar por sí mismo y discutir de política con su familión de clase media que galanteaba con el pinochetismo.

Avendaño Ruiz no se mueve pero aun así hace una semana tomó posición política sobre lo que quiere y lo que ya no quiere más para Chile. La desigualdad y la brecha económica son parte de sus reclamos, de siempre.

Quieto sigue tras un derrotero que comenzó en La Habana, en mayo de 2018, mes de su cumpleaños, cuando iba caminando por una calle empedrada y de la nada tropezó. Una escena que continuó con una significativa y abrupta pérdida de la masa muscular.

“Usted tiene entre tres y cinco kilos de carne de vacuno menos”, le dijo un médico. Brutal, gráfico: una realidad que se agravó.

Al año que le diagnosticaron la ELA, le hicieron una incisión en la tráquea porque sus pulmones no podían solos y necesitaban de un ventilador. Fue mucho antes de que el oxígeno cotizara en bolsa por el Covid. Después le adaptaron un dispositivo, de nombre Tobii, que le permite leer y escribir con el movimiento de sus pupilas en una computadora. Un aparato que fue su salvación hasta hoy: la posibilidad de decir, de enojarse, de expresar que sigue vivo, aunque desde hace poco siente los párpados lentos.

El cuerpo de Avendaño Ruiz es otro. Siempre de piel morena, ojeras, cabello renegrido, nariz recta, pecho más ancho que su cintura, poco traste, manos y pies pequeños, permanece desde hace tiempo en posición horizontal. Sobre una cama reclinable, con dos almohadas.

La manera de dormir de este cuerpo, de amar, escuchar música y leer, cambió definitivamente.

Tenía en su cuarto más de mil libros de ensayos, de comunicación, de educación, de poesía, cuentos y novelas que les regaló a sus amigos cuando ya no pudo sostenerlos con las manos.

Desde esta nueva cama, armado ya con dos dosis de vacuna contra el Covid, con sus ojos renegridos e inmóvil hasta el cuello, venció al coronavirus y en esa misma posición votó.

Más de catorce millones de chilenos fueron convocados a elegir convencionales constituyentes, gobernadores regionales, alcaldes y concejales. Los analistas sostienen que fue una paliza al neoliberalismo trasandino. Lo que no se dice es que Avendaño Ruz fue el único en ese país que votó con la mirada y se siente feliz.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario