Opinión

El guiso de Los Monos

En la provincia de Santa Fe cada preso cuesta por mes 27 mil pesos. Eso incluye las cuatro comidas diarias,. Así y todo, sus familiares se empeñan en llevarles cada semana grandes cantidades de alimentos.

Domingo 08 de Julio de 2018

27 mil pesos por mes cuesta cada preso en la provincia de Santa Fe. Eso incluye brindarle las cuatro comidas diarias. Por lo que resulta exagerado que los familiares de algunos detenidos se empeñen en acercarles en cada visita (hay dos o tres por semana) grandes cantidades de alimentos.

Hasta diez kilos de lechuga llegó a registrar un control de ingreso, aunque podrían ser 20 o 50 kilos, los que quieran. Pero lo que más abunda en las cárceles de la provincia son los guisos en grandes porciones. Es que la única manera de detectar que entre tanta salsa, papa y arroz no se haya "caído" un celular es revolviendo con las manos de una manera que no se puede evitar dañar el alimento.

Ese es sólo uno de los asuntos mal resueltos para favorecer el control de los presos en Santa Fe. La propuesta del gobierno de limitar a dos kilos lo que se puede ingresar a una cárcel sigue con trabas legales que favorecen las complicidades internas y facilitan el tráfico de cualquier cosa. Hoy no hay límite para que quienes visitan a los detenidos puedan llevar los alimentos que quieran. Es sorprendente y extraño ver las cantidades que se tienen que controlar. No siempre bien.

¿Cómo se puede permitir, en una provincia que sufre el asedio de las bandas narcos, que sus integrantes presos estén todos juntos en un mismo espacio que otros 60 o 120 internos? Parecería una tomada de pelo si no fuera que esa situación tiene respaldos reglamentarios que la convierten en legal, aunque afecte el sentido común.

¿Quién ordena que eso tenga que ser así: las autoridades del penal, los responsables políticos de la seguridad o la Justicia? Casi siempre esta última. Aunque suele decirse que los presos se alojan dónde quieren y no dónde el Servicio Penitenciario dispone.

¿No es vox pópuli que desde la cárcel se sigue manejando el negocio y se traman ajustes de cuenta? ¿Y que se organizan las intimidaciones a jueces y sus familiares? ¿Y entonces, por qué no atacar ese centro de producción logística? Que estén todos juntos Los Monos, o los Funes, o Los Camino o los Ungaro en un mismo pabellón, donde puede haber 300 personas hablando entre sí y moviéndose libremente, impide hasta las tareas de inteligencia más básicas. Pero eso pasa: están todos juntos gracias a un permiso judicial. Falta que les pongan secretaria.

Si bien el confinamiento, ese que cualquier persona de la calle imagina que habría que disponer, no está permitido (probablemente por la adhesión a algún tratado internacional), un escenario de aislamiento parcial podría implementarse. Pero es ahí donde las trabas leguleyas facilitan lo que hoy se padece. Una organización que parece desmembrada, pero que sigue operando casi con mayor resguardo que antes. Protegida por el Estado, que a la vez no puede desbaratar sus planes.

Monchi vuelve a la escuela

Para agravar el cuadro, esta semana se produjo una novedad que pasó desapercibida. La Justicia le ordenó al Servicio Penitenciario de la provincia que a Monchi Cantero, el rey de Los Monos, habría que llevarlo a la escuela secundaria.

Como si el traslado de un detenido de semejante perfil fuera una cuestión sencilla. Cuando después ocurren los ataques violentos suele soslayarse lo problemático que es custodiar estos movimientos.

Y, aunque todos los presos tienen derecho a reeducarse, es difícil no especular con que esta salida tiene otras intenciones.

Igual que en "Vis a vis"

Otra medida que debiera implementarse, pero que en la práctica no logra encontrar efectividad, es la inhibición de celulares en las cárceles.

En la actualidad hay algunos inhibidores sólo en celdas de alto perfil. Pero otra medida judicial ante el Ente Nacional de Comunicaciones determinó que había que retirarlos porque bloqueaban la señal en el exterior del penal, afectando al resto de la comunidad. Con lo que hasta que se resuelva ese trámite no pueden ser prendidos o, cuando se habilitan, otra medida similar puede volver a suspenderlos.

Cuando se discuten estas medidas con las autoridades provinciales, algunos mencionan la serie española "Vis a vis" para mostrar que ahí también, en una cárcel modelo para mujeres, se muestran este tipo de problemas, se trafica droga y celulares y existen grietas a la hora del control. El problema es que esa es una secuencia de ficción y esta una escena de la realidad.

Un tercer punto que al parecer también serviría pero no puede implementarse es el cacheo minucioso de las visitas. Hace unos días, los propios responsables de seguridad mostraron imágenes de cómo una mujer ingresa y sale de la cárcel con un teléfono escondido en lugares de su cuerpo donde no es posible acceder al control con las actuales reglamentaciones.

Un violento con domiciliaria

Para cerrar un círculo que pareciera condenar cualquier política al fracaso, muchos de los responsables de delitos graves, homicidios o balaceras, que tuvieron múltiples detenciones, lograron mantenerse libres. Por los límites de las penas que establece la ley o, bastante más común, por permisos y beneficios que le otorgan los jueces, los mismos que después expresan públicamente su temor por la violencia en la que se vive.

Es el caso del joven que mató a puntazos al estudiante de ingeniería, que registraba entradas previas a esta nueva detención tras un homicidio.

Por si hicieran falta otros malos ejemplos, uno de los más conocidos integrantes de una de las bandas narcos de Rosario, Ema Pimpi Sandoval, acusado de haber baleado el frente de la casa del ex gobernador Antonio Bonfatti, y autor de varios homicidios en grado de tentativa, apresado a principios de este año por esos hechos, hoy goza del beneficio de la prisión domiciliaria. Increíble.

¿Los jueces que toman estas decisiones, evaluarán como corresponde si están haciendo las cosas bien?

Pareciera que no es tan complicado. No hace falta cambiar ninguna ley, ni crear nuevas. Bastaría con que se respeten y apliquen con mejor criterio las que existen. Para que no haya que vivir con miedo y, sobre todo, no sentir que hay demasiada gente que nos toma el pelo.

Al menos serviría coincidir en que mantener a líderes narcos en un régimen común de detención no tiene demasiada lógica.

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