Opinión

El gran dilema socialista para las elecciones

Claves. El gobierno nacional quiere ganar las elecciones en Santa Fe y hace números a partir del precio de los commodities. Si no hay alianza opositora se le favorecen las cosas al peronismo.

Domingo 17 de Enero de 2021

El gobierno nacional se restrega las manos con la soja a 500 dólares, pensando en dar vuelta la historia en las provincias más ricas del país, entre ellas Santa Fe. El problema es el precio de las cosas, no de la soja. Si la oposición no articula una política de “unidad en la diversidad”, copiando al Frente de Todos, el oficialismo cantará victoria.

  La cuestión impacta de lleno en la política santafesina, donde los radicales —al menos los dirigentes de la primera línea— han decidido la construcción de un frente diferente al que mantiene con el progresismo. En la intimidad, dicen los dirigentes radicales que no quieren ser parte de una nueva derrota que les impidió, incluso, llevar legisladores al Parlamento nacional.

  La realidad empírica les da la razón, en parte. Hasta Hermes Binner terminó su historial electoral con un impiadoso cuarto lugar en las en las elecciones, carcomido por la grieta. Eso que antes se priorizaba para “mantener la unidad y los triunfos en Santa Fe”, de parte del socialismo y los radicales se terminó en junio de 2019, cuando el peronismo derrotó al Frente Progresista y puso en la Gobernación a Omar Perotti.

Deseo y realidad

El marco teórico para este tipo de análisis está construido sobre los datos de la realidad, no sobre otra cosa. Si Juntos por el Cambio y el Frente Progresista no buscan un paraguas que los contenga, el peronismo volverá a cantar victoria. Y ya saben todos qué ”pasa cuando el PJ gana en Santa Fe: se queda veinte años".

  Curiosamente, fue Guillermo Estévez Boero el que entendió la lógica de poder. La Alianza Santafesina se construyó, además del progresismo, con Alberto Natale (aquel excelente legislador del PDP), Horacio Usandizaga (el vector de derecha de la UCR) y fue avalada por los círculos de poder más emblemáticos. Hoy, el no peronismo está como entonces, aunque sin ley de lemas.

  Puede ser un falso dilema plantear que Lifschitz —al fin, los socialistas— tienen que elegir entre su culto verbal a la progresía o una estrategia de poder. Ayer, el sociólogo Gabriel Puricelli dijo algo muy interesante en un tuit, respecto de ese supuesta confrontación ideológica: “Lifschitz debería poder las dos cosas”. Y es verdad.

  Para mejor, los socialistas tendrían antes del camino electoral para las legislativas elecciones internas. Allí podría instalarse el camino de ampliar el Frente Progresista, que parece haber quedado encorsetado para lo que viene.

  Ese esquema de Perotti encerrado en sí mismo en vez de ampliar las fronteras internas del gobierno parece haber quedado atrás con la designación de Roberto Sukerman en la cartera política. Parece haber llegado de la mano de un acuerdo entre el gobernador y Agustín Rossi. Por algo estuvieron reunidos casi cuatro horas. En contraste con la esperada política verbal de consenso, Sukerman entró castigando a la oposición.

  Pero la estrategia electoral la tendrán que definir los socialistas, porque los radicales parecen haber tomado el camino del acuerdo con el PRO. Eso, no termina de agotar el deseo de Horacio Rodríguez Larreta, quien quiere contar con Lifschitz a la hora de dejar atrás esa imagen de derecha dura que implantaron los cuatro años de Mauricio Macri en la Presidencia.

  De la lectura de algunos posicionamientos, por ejemplo de Enrique Estévez, el único diputado socialista, y, dicen del propio Lifschitz, hay una frase por lo menos polémica: “Preferimos perder elecciones a perder los principios”. Es política. Acaso Estévez Boero no los tenía cuando formó la Alianza Santafesina con “dirigentes de derecha”.

  En el peronismo se restregan las manos porque, además, todas las encuestas están marcando a nivel global un triunfo opositor, pero con porcentajes que, al dividirse el no peronismo, lo llevarán a saborear la victoria.

  En el PRO Santa Fe, los mensajes son equívocos. Primero, porque el concejal Roy López Molina parece decidido a mantener una alianza no escrita con el peronismo. Es el único defensor de las políticas de Sain, al margen de Perotti y el Movimiento Evita. Raro mix.

  En la vereda de enfrenta esté el diputado nacional Federico Angelini, quien habla de un acuerdo con el socialismo pero también propone incorporar a Amalia Granata. A los militantes del socialismo se les aceleran las pulsaciones cuando escuchan eso. “Ahí me tiene que dar la razón. Esta gente del PRO se cree que hacemos política adentro de un termo. En vez de facilitar un posible acuerdo, nos proponen a Granata”, dijo un legislador provincial del PS.

  Los del Frente para Todos se ríen de las disquisiciones que hacen los socialistas. Y recuerdan la cita del general: “Peronistas somos todos”.

  Empieza de ahora en más otra historia. El año electoral moverá el calendario desde marzo para las Paso, a menos de que el Covid impida la realización de las primarias. El asunto está en punto muerto, pero podría haber una decisión en el mediano plazo si las cifras de la peste siguen trepando.

  Por otro lado, la confirmación de Perotti de los cambios en le gabinete confirman lo que se adelantó hace un par de meses en esta columna: se trata de rotaciones y no de incorporaciones. Pero no serían las únicas. Perotti empieza a mirar el boletín de calificaciones y cuáles son los ministros en problemas.

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