Opinión

El gran día de la verdad

Claves. Argentina va hoy a las urnas, condicionada por una crisis económica que convierte al proceso electoral en un evento tan importante como el día después.

Domingo 27 de Octubre de 2019

Es la hora, es la hora. Es la hora de ganar. O Alberto Fernández es hoy el nuevo presidente de la Nación o habrá ballottage entre el postulante presidencial del Frente de Todos y Mauricio Macri. Lo demás es poesía.

Argentina va a las urnas en un contexto de decadencia económica que torna opaco el horizonte, no sólo el presente. El mal gobierno de Cambiemos (desde las Paso Juntos por el Cambio) produjo el contraplano inesperado. A Macri lo votaron para terminar con el kirchnerismo, encarnado en la figura de Cristina Kirchner. Hoy, el kirchnerismo, encarnado en la figura de Cristina, está a punto de volver al poder. Ese elemento comparativo explica casi todo.

Macri y el macrismo debieron quemar los manuales que dictaban Marcos Peña y Jaime Durán Barba, para quienes no había que dejarse influenciar por los analistas ni por los teóricos que aseguraban que al gobierno le faltaba política, por responsabilidad primaria del jefe de Gabinete y el gurú ecuatoriano. Las Paso les restregaron todos sus errores. Gravísimos.

Ahora es otra historia. Influenciados por los radicales y por el ala política, Macri salió a las calles, se desgañitó en los actos, se mostró empático. Y ese giro generó sólo espasmos positivos. A tal punto, que ese Macri que estaba por dejar la política podría llegar a convertirse en el jefe de la oposición. Para eso necesita que hoy, si pierde, la diferencia no sea tan grande. Si hay ballottage, cambia la historia. Se verá.

Después de los votos

Para saber cuál es el futuro del macrismo habrá que seguir de cerca los resultados de hoy en la Ciudad de Buenos Aires. Si Macri pierde por amplio margen y Horacio Rodríguez Larreta evita el ballottage, el jefe de Gobierno podría constituirse en nuevo líder del espacio. Pero hay dudas: nadie sabe si Rodríguez Larreta tiene ganas de ir por ese lugar.

En el peronismo todo es algarabía y expectativa. Alberto Fernández sacó el pie del acelerador las últimas semanas, como sintiéndose ganador. Fue curioso el intermezzo entre las Paso y las generales. Fernández hizo campaña como un presidente electo y Macri como un opositor virtual.

Todas las encuestas publicadas dan como ganadora a la fórmula Fernández-Fernández. Ninguna, a la vez, habilita la posibilidad de un ballottage. Podrán decir, con razón, desde el oficialismo que ningún encuestador acertó los pronósticos. Un bochorno que se agigantó con los sondeos de algunas encuestadoras que se prestaron a dar información falsa en las horas previas a las Paso, diciendo que había empate o triunfo macrista.

Tal vez limada para siempre la credibilidad de las encuestas, cobra más valor que nunca el costado empírico de los procesos electorales. Y, en ese sentido, hoy hablarán las urnas.

Pero es tan importante el hoy como el mañana. Fernández y Macri se han dedicado toda la campaña a ningunearse, hasta estuvieron a punto de irse a las manos en el detrás de escena del debate. Mañana, cuando las elecciones hayan pasado, los dos dirigentes más votados tendrán que dar señales de madurez política a la sociedad.

Si Macri vuelve a adoptar la táctica ensayada el día después de las primarias del 11 de agosto, el país podrá volar por los aires. Lo propio si Fernández no ensaya un acercamiento al presidente de la Nación para formatear un esquema acordado en la transición política. Ambos deberían asumir que el horno no está para bollos.

Y, si no quieren mirar la realidad económica del país, que observen lo que pasa afuera. Pese a que Chile tiene mejores números que Argentina, el país trasandino vive una crisis política de proporciones. El resto de América latina, salvo Uruguay, tiene procesos parecidos. A ponerse las barbas en remojo

La oferta electoral de hoy se completa con Roberto Lavagna, Nicolás del Caño, Juan Gómez Centurión y José Luis Espert. Habrá que ver si el ex ministro de Economía logra mínimamente insertar con votos su plegaria de "camino alternativo". Servirá también para saber si los debates tienen alguna correlación pulimentada con los resultados. ¿Mejorará Espert su pobrísima performance de las Paso tras su buena labor en los debates?

La oferta electoral dominguera tiene su gran capítulo provincial en Buenos Aires, donde Axel Kicillof, seguramente, se convertirá en gobernador electo. María Eugenia Vidal luce hoy descolorida y sin la gran expectativa que despertaba meses atrás. Más que complicarla el no desdoblamiento electoral, el problema de Vidal es su pobre performance en la gestión y las consecuencias económicas nacionales.

Kicillof llevó adelante una estrategia de campaña totalmente diferente a la de Vidal. Recorrió la provincia sin coucheo y en un auto desvencijado, estableciendo un mano a mano real con los votantes. El resultado final servirá también para definir (al margen de quién gana y quién pierde) el futuro político de la gobernadora, de pésima relación actual con Marcos Peña.

Si Macri, aun perdiendo, consolida su núcleo duro alto y decide seguir en la política nativa, será muy difícil para Vidal y Rodríguez Larreta disputar la hegemonía de Juntos por el Cambio. Terciará allí el radicalismo, que deberá definir hacia donde direcciona sus barcazas.

Todas estas especulaciones estarán a la orden del día cuando hayan pasado las elecciones y cuando haya pasado el temblor económico que viene condicionando a la política.

Hoy también quedará conformada la futura integración del Parlamento, clave para los tiempos que vienen, El estado de la economía necesitará que, rápidamente, los diputados y senadores se pongan a trabajar. Algo que no han hecho demasiado en lo que va de 2019: se la pasaron de campaña en campaña. Para la democracia, siempre es importante que el Congreso no se convierta en una escribanía, como ya ha pasado con cierta frecuencia.

Los partidos se ganan en la cancha y los votos se cuentan de a uno. Y eso sucede hoy. Que gane el mejor.

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