Opinión

El fútbol argentino tiembla cuando sus directivos "piensan"

Mientras la la Fifa recomienda reducir equipos en los torneos, aquí ya planean suspender los descensos

Lunes 23 de Marzo de 2020

El presidente Alberto Fernández fue claro en las últimas horas cuando dijo "el fútbol puede esperar, hay otras prioridades", y de esta manera despejó todas las especulaciones que giran en torno a las eventuales fechas de reanudación de los torneos. En paralelo, el titular de la Fifa, Gianni Infantino, reflexionó: "No sabemos cuándo volveremos a la normalidad. Jugá cuando se pueda y sin poner en riesgo la vida de nadie. Pero mientras tanto fijémonos en las oportunidades. Demos un paso atrás. Con formatos distintos . Menos torneos, menos equipos, más igualados, y menos partidos para proteger la salud de los jugadores".

Sin dudas la emergencia global por la propagación del coronavirus impuso un sentido común en los dirigentes de primera línea, así en la política como en el fútbol.

Claro que ese sentido común es muy difícil que se expande en un ámbito en el que casi nunca existió: la organización del fútbol argentino. Porque el problema es superior cuando más tiempo tienen, porque supuestamente en ese lapso piensan, y allí es cuando pugnan por crear el alcalde de los engendros organizativos.

Por eso ahora el colectivo dirigencial tiene al rojo vivo el Whatsapp. En el chat todos escucharon al Anton Pirulero, mientras que por privado arman la rosca.

A contramano de lo que requieren Infantino, hoy los cráneos que hace años no logran darle seriedad y previsibilidad al fútbol argentino ya discuten suspender los descensos, jugar un torneo largo con 26 equipos o dos cortos, o uno largo y uno corto, o todas las variables absurdas que pueden imaginar. Porque eso sí es para destacar, imaginativos son, tanto que hacen cosas que en ninguna parte del mundo harían.

Ojalá el mundo en general y Argentina en particular superen rápido y con el menor daño colateral posible la pandemia del coronavirus, para que la vida vuelva a la normalidad. Más allá de que el fútbol doméstico siga aislado del sentido común.

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