Opinión

El fútbol argentino no compite

La paupérrima organización, debido a las improvisaciones dirigenciales, amplió la brecha con Europa y otros países sudamericanos, una tendencia que asoma como irreparable

Lunes 24 de Agosto de 2020

El fútbol argentino ingresó en un proceso de degradación de imprevisible magnitud, porque la llegada de la pandemia profundizó la fragilidad e insolvencia organizativa de un deporte que padece una clase dirigencial que hoy se encuentra en un estado de confort por no tener que rendir examen los fines de semana. Y para prorrogar esa conveniencia, suspendieron los descensos y proyectan un torneo de transición en modo engendro que no impacte en los promedios.

En este contexto, el fútbol nacional hoy sobrevive sólo por la calidad que poseen algunos futbolistas, un recurso esencial que también tiene una tendencia descendente en cantidad, por eso hoy los planteles se nutren de algunas pocas irrupciones juveniles y del regreso de jugadores muy experimentados que buscan por decisión propia retirarse en los clubes de origen.

Para contextualizar el lugar al que llevaron al fútbol argentino alcanza con realizar una tabla comparativa entre Sudamérica y Europa, y así comprobar cuánto se amplió la brecha económica preexistente, la que a su vez por lógica consecuencia extiende el abismo entre las competencias.

Bayern Munich ganó la Liga de Campeones y en su derrotero se hizo de una cifra impensada para la Argentina y Sudamérica: 116 millones de euros.

Es más, el equipo alemán sólo por ganar el partido final ante PSG obtuvo 19 millones de euros, mientras que Flamengo el año pasado acumuló a lo largo de la Copa Libertadores 19 millones de dólares.

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Pero esta distancia mundial también se comprueba en lo continental, ya que hoy el fútbol argentino por cuestiones económicas y deportivas ha perdido posiciones con relación a las competencias de Brasil, Chile y Colombia.

A excepción de la pasión de la gente cimentada en la pertenencia cultural, el fútbol argentino no ofrece atractivos porque los directivos han implementado una organización que diluyó la competitividad y la calidad.

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