Miradas

El día que apagaron la luz

En tiempos pandémicos, los recitales como alguna vez los disfrutó Rosario y su gente son una excusa para el recuerdo y un motivo para renovar la esperanza.

Sábado 07 de Agosto de 2021

Paradójico. El primer recital de su vida fue una despedida. Fila 10 al medio, La Comedia sold out, a su lado la hermana mayor, que era la única que tenía permiso para salir sola de noche. Topper tenis inmaculadamente blancas, pantalón pata de elefante, camisa planchada con esmero, el uniforme de que los que odiaban los uniformes, las botas locas, cortase el pelo una vez al mes y ese maldito ejército de locos que terminaría en la noche más oscura de todas las noches del país de Alicia, el Rey de Espadas, los amigos del barrio y los dinosaurios.

Eso fue después, la pesadilla, ése septiembre mágico se iluminó con un baño celestial que era un poco melodía de mellotron, triste, solitaria, final, y un tímido punteo de guitarra acústica, un maridaje imposible que solo se le podía ocurrir a Charly, que siempre fue Charly, una usina insaciable de sorpresas, y otro poco, la voz de Nito, tan hippie que hacía revolver en sus asientos a los pibes que se apiñaban en el paraíso y escondían la brasa del cigarrillo en la palma de la mano, como soldados que esperan la madrugada acurrucados en una trinchera helada y fuman y esperan, como Scalabrini Ortiz, pero temblando de frío y de miedo.

Ni bien se iluminó el escenario y las siluetas de los Sui, más flacos y desgarbados que nunca, apretó el programa que le había dado la chica que los acompañó amablemente a sus ubicaciones y que tenía más o menos su misma edad, el pelo atado con una cola de caballo, los cachetes colorados y una pollera a cuadros tableada, unirome del colegio, que no tenía nada que hacer ahí esa noche, pero estaba, como el tríptico impreso en mimeógrafo, riguroso blanco y negro, una guarda garabateada a mano alzada, a la derecha un cisne y un espejo, a la izquierda un cortesano con la mirada perdida y escrita con letras temblorosas la leyenda “Sui Géneris en Concierto, recital despedida antes de la separación”, la iconografía de la edad de la inocencia.

Adios Seru Giran.jpg

“Instituciones”, que tenía un título más largo pero que todo el mundo antes, ahora y seguramente después lo llamaban así, “Instituciones”, a secas, y fue el tema que abrió el setlist, el comienzo del final de los Sui, de esa noche legendaria, que tendría que haber sido la última, pero no lo fue, volvieron y no hacía falta, ni a los fans del viejo Charly les hacía falta, él estaba ahí igual, como siempre, caminando por la cornisa, aerosol en la mano, brazalete “Say no more” en el brazo, otro Charly, nada que ver con el pibito que en el “Adiós…” cantó “Nena”, que después sería “Eiti-Leda” y que parecía haber sido escrita justo después de ver a Vincent Vega salvarle la vida a Mia Wallace en “Pulp Fiction”, pero eso fue mucho después, cuando Tatantino dejó el videoclub y se decidió a hacer lo que siempre había querido hacer: historia. Por aquello de la “inyección a tiempo”, no hace falta aclararlo. Travolta y Uma Thurman, tampoco hace falta aclararlo.

Hola y chau, aunque hubiera sido más atinado decir “ciao”, como saludaba Don Hugo, que era italiano hasta las médula, había estado en la Guerra, hablaba un cocoliche ininteligible y se pasaba las mañanas y las tardes haciendo ronronear un torno en el taller que tenía en la terraza, paredes de madera, techo de chapa, olor a metal quemado y tabaco, porque siempre tenía en los labios, entre los dedos machados de amarillo, en el cenicero improvisado con un pedazo de hojalata, un cigarrito cortito, sin filtro, que humeaba más que las locomotoras que, en medio de la noche, traquetaban sobre los durmientes de las vías que corrían paralelas a Vera Mujica, que no era una mujer, ni un personaje de Borges, sino un militar criollo, que se las dio de conquistador y conquistó y nada, pero nada, tenia que ver con el Pepe, el oriental, el sabio dijo, y con toda la razón del mundo, que si no podés ser feliz con pocas cosas no vas a ser feliz con muchas cosas.

Adios Seru Giran 02.jpg

Fue un chau y un ciao para el pibe que estrujaba entre sus manos el programa del “Adiós Sui Géneris”, que advertía abajo y al pie que “cada butaca rota o tajeada, cada pucho encendido es una sala que se cierra al rocanroll”, 15 años, pura inocencia, y la vida por delante. Se le congelaron los pies en la cola para entrar al Astengo la noche que debutó la Máquina de Hacer Pájaros, la noche que cuenta la leyenda que fue el primer recital que vio Fito, que era un pibito como él en el “Adiós…”, todavía iba a la Dante y tocaba folklore en un piano desafinado, diez dedos largos y flacos, y juró que esa era la música que iba a tocar por siempre jamás. Se volvieron a cruzar en La Comedia, cuando Serú presentó “Peperina”; la maldita dictadura se había adueñado de las calles a sangre y fuego y los chicos que solo querían escuchar a rockanroll eran la semilla de maldad y terminaban en la comisaría, como ellos esa noche, y si se retobaban terminaban rapados a cero.

12831f06-8563-4ad1-9e91-1079a13789d6.jpg
El aviso en la Cartelera del diario La Capital que anuncia el show del "Adiós Sui Géneris".

El aviso en la Cartelera del diario La Capital que anuncia el show del "Adiós Sui Géneris".

Fue mil años después, en los tiempos de "livin’ la vida loca" de la primavera democrática, cuando finalmente cumplió su sueño. Impermeable negro, corbata a lunares, anteojos negros de carey. Pintado como un auto robado, la marca en el orillo de Renata Schussheim, un chico con juguete nuevo. Ya no se apretujaba en la puerta del paraíso para conseguir un buen lugar desde donde ver al gran Charly, no, estaba en el escenario, en medio de una maraña de teclados, cables, brillante sobre el mic, al lado del gran Chaly, un poquitín más atrás, pero a su lado al fin. Era el estadio cubierto Newell 's, la presentación de “Piano Bar”, la noche que explotaron los vidrios de la salida de emergencia por la tremenda agitación que había en el aire. Fito, sí, el mismo Fito que había pasado la noche en la segunda porque se le había ocurrido ir a La Comedia a escuchar “Desarma y sangra” y tenía el pelo largo y la mirada perdida y, como él mismo, se había quedado con las ganas de ir a Aguiló comer uno de miga con una Coca y a soñar despierto.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario