Opinión

El día nacional de la rosca

Claves. En todos los frentes hubo beneficiados y también heridos. El kirchnerismo logró incluir muchos postulantes propios. El Frente Progresista va con lista larga. Cambiemos, con roces internos.

Domingo 23 de Junio de 2019

En el día nacional de la rosca, se dio un ejemplo concreto, pulimentado y empírico del pésimo momento que vive la política argentina. Aquí, allá y en todas partes.

Ya no se trata de la ausencia de los partidos políticos como únicos disciplinadores de las candidaturas. Ahora, ni siquiera las tribus políticas están en condiciones de marcar los rumbos. Son, en muchos casos, los propios individuos los que protagonizan las historias, casi siempre refractarias con el sentido común.

En todos los frentes mayoritarios el cierre de listas dejó una ola de heridos y de haters (enemigos). Los que se quedaron afuera, o entraron y tienen la honestidad intelectual de marcar distancias con las tácticas, se encargaron de marcar situaciones poco ejemplificadoras.

En Santa Fe, todo el proceso —que se terminaba de definir en el tribunal electoral al momento de escribirse esta columna— de inscripción de los candidatos a diputado nacional llevó implícito ese sello. El peronismo puso al frente de la nómina al dirigente de La Cámpora Marcos Cleri, en un claro indicio de que, a la lista, la armó Cristina.

El Pacto peronista

La número dos de la nómina (al parecer, pedida por Omar Perotti) fue Alejandra Obeid. La hija del ex gobernador que —increíble pero real— no pudo superar el filtro de las Paso a diputado provincial (cosechó poco más de 21 mil votos). Muchos otros integrantes pertenecen al kirchnerismo. “Se cumplió el pacto. Cristina le bajó a Perotti los candidatos K y no se metió en la campaña. Ahora, Perotti no se metió en el armado de la lista”, dijo a La Capital un operador todoterreno. Favor con favor se paga.

En el Frente Progresista tratan de sacarse de encima el karma de la derrota, aunque hay toda una saga de quejas y un background de resistencia a la autoridad que habrá que ver si se traduce en frente de tormenta con nombre y apellido propio.

La lista a diputado nacional será encabezada por el titular del partido en la provincia, Enrique Estévez, quien representa al gobernador Miguel Lifschitz en la interna del oficialismo.

En ese sector preferían decir que “es el candidato del consenso”, al tiempo que reivindicaban el hecho de que el resto de la nómina se haya integrado con postulantes de los demás partidos del Frente Progresista.

A diferencia de 2015, la coalición irá con boleta larga, llevando como presidente y vice a la fórmula Roberto Lavagna-Juan Urtubey. Fue muy traumático el pre cierre, porque, finalmente, el primer lugar de la lista en provincia de Buenos Aires resultó para Graciela Camaño, la mujer de Luis Barrionuevo, y no para Margarita Stolbizer, a quien le ofrecieron el tercer lugar.

El socialismo consiguió el puesto cuatro del setlist en la provincia de Buenos Aires y encabezará las grillas en Córdoba, Entre Ríos, La Pampa y Misiones. Les espera a los socialistas una intensa tarea de convencimiento a sus militantes para votar a la fórmula que lleva como vice a Urtubey, dirigente con una notoria impronta conservadora. “Era esto o ir a una boleta corta que nos dejaba fuera de carrera, como en 2015. Ahora tenemos la posibilidad de volver al Congreso y de mantenernos al margen de Macri y de Cristina”, dijo una fuente anoche, sabedor de las especulaciones que se hacían adentro del partido de la rosa.

En Cambiemos, como tantas veces, hubo anuncios de tormenta que, al cierre de esta edición, no se sabe si se cumplirán o terminarán en una suave brisa. La idea de un sector de enfrentar a Federico Angelini con una nómina paralela, encabezada por Roy López Molina, se quedó sin la voluntad del concejal.

Luego se bajaron otros dirigentes (Cesira Arcando, Germán Mastrocola. Sergio Más Varela) y quedó Lucas Incicco en el tribunal electoral intentando explorar la posibilidad de un armado que le de pelea a Angelini y Ximena García (radical, del Grupo Universidad).

Minutos antes de que este diario se envíe a imprenta, el sector de Julián Galdeano, presidente de la UCR, viajaba a Santa Fe para inscribir una nómina de postulantes ucerreístas, encabezada por Martín Rosúa.

La ausencia de partidos políticos fuertes, decidiendo sus candidaturas por congresos partidarios o algún otro procedimiento institucional, es algo que se hizo notar en este cierre, que, por la estampida, se convirtió en una especie de Puerta 12.

Esta clausura de nóminas también confirmó la vigencia de una cita que no falla, y menos en estos tiempos de labilidad política, travestismos y saltos en garrocha: en política no hay muertos, sólo desmayados.

Desde adentro del peronismo se analizaba la notoria presencia de candidatos kirchneristas, en la creencia de que existe una posición eventual de Alberto Fernández —si es que gana las elecciones y se convierte en presidente— de tomar distancia con La Cámpora y otros sectores del universo K. Conjeturas.

“Si gana Alberto va a querer dar una demostración de independencia de Cristina. No creo que haya muchos lugares para La Cámpora, La Corriente y otros sectores. Ante esto, Máximo y Cristina armaron las listas con dirigentes que pasen la prueba de la blancura K”, dijo a este diario un dirigente peronista santafesino.

La madrugada del domingo encontró a numerosos dirigentes de todos los partidos cruzando llamadas telefónicas y mensajitos de Whatsapp. Incluso desde adentro del edificio en el que se inscribían las listas. Terminaron la jornada, como la empezaron: a pura rosca.

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