Opinión

El desatino de Kirchner

Resulta difícil explicar por qué el ex presidente Néstor Kirchner desdibujó su imagen hasta lo paródico por embarcarse en una aventura típicamente latinoamericanista Clase B, a la que lo condujo el presidente venezolano, Hugo Chávez, un personaje en caída libre tras las derrota que sufrió en Venezuela cuando perseguía sueños de eternidad en el poder.

Domingo 06 de Enero de 2008

Resulta difícil explicar por qué el ex presidente Néstor Kirchner desdibujó su imagen hasta lo paródico por embarcarse en una aventura típicamente latinoamericanista Clase B, a la que lo condujo el presidente venezolano, Hugo Chávez, un personaje en caída libre tras las derrota que sufrió en Venezuela cuando perseguía sueños de eternidad en el poder.

  ¿Qué hacía Kirchner en la selva colombiana junto a un grupo de dirigentes políticos y militares que se ponían a la retaguardia del venezolano, que relataba los pormenores de la negociación con las Farc como si se tratara de un Camel Trophy? Cuando se trata de la liberación de rehenes hasta el más candoroso de los integrantes de una misión salvadora conoce que hay principios que se deben resguardar como un escudo. Sin embargo, el parlanchín caribeño usaba las cámaras, hablaba de las coordenadas como si fuera un juego de niños y, al final, con el fracaso en la cara, culpaba al presidente Alvaro Uribe por el desastre.

  Chávez aparecía como un Tarzan módico; Kirchner lucía como Bomba, el hijo del rey de la selva. Demasiado grotesco tratándose de la vida de rehenes, demasiado sospechoso, si se tienen en cuenta los antecedentes. El grupo rebelde reconoció que no tenía en su poder a Emmanuel, hijo de Clara Rojas, nacido en cautiverio, y quien, junto con la ex congresista Consuelo González, iba a ser entregado a la comisión internacional. A comienzos de la semana pasada las Farc argumentaron a Chávez que la entrega no se había podido hacer por las operaciones militares en el sureste colombiano, pero el presidente Alvaro Uribe repuntó diciendo que Emmanuel no estaba con el grupo rebelde. En efecto, se encuentra en un orfanato en Bogotá. Ni Gabriel García Márquez lo hubiera hecho mejor.

  El influyente The Wall Street Journal publicó que Cristina podría tener una abultada cuenta abierta con Chávez y está haciendo un gran esfuerzo para pagarla.

  El Departamento de Justicia de Estados Unidos sostiene que la reciente campaña electoral de Cristina Kirchner era el destino de u$s 800.000 en efectivo que había en un maletín de Chávez que se envió a Argentina en agosto. Si resultara cierto, esto confirmaría lo que muchos sospechan desde hace tiempo: Argentina, bajo el mando del ex presidente Néstor Kirchner y ahora de su esposa, han sido arrendados por el hombre fuerte venezolano de la misma manera en que Bolivia y Nicaragua cayeron bajo su influencia. El periódico sorprende al sostener que varios miembros de la OEA "están de verdad en la nómina salarial de Chávez", lo que explicaría por qué el organismo multilateral con sede en Washington fue tan permisivo con el vocinglero presidente venezolano.

  Kirchner, que pasó del clima tropical de la selva a los hielos del Calafate sin solución de continuidad (como les gusta decir a los relatores de fútbol), irá tomando conciencia del desatino: el ejército informó ayer el hallazgo de los cuerpos de seis personas secuestradas en el sur del país en 2006 por la guerrilla de las Farc, asesinadas a garrote y luego degolladas.

  Una altísima fuente que supo trajinar los laberintos de la diplomacia dijo el viernes a la noche a La Capital que Kirchner "está sumamente preocupado por las derivaciones que pueden llegar en los próximos días desde Estados Unidos. Por eso creyó que Chávez tenía todo arreglado con la cúpula de la guerrilla y que eso haría olvidar el episodio de la valija. Ahora, ¿usted cree seriamente que la Casa Blanca le iba a regalar ese escenario al enemigo bolivariano?", sorprende el informante.

  Uribe es un delfín de los republicanos y, casi, la última esperanza blanca de la derecha norteamericana. A los amigos no se los deja solos en esas instancias.

  Los cortocircuitos entre EEUU y la Argentina son permanentes. Pero esto puede ser comprensible: en forma coincidente, el Barómetro Iberoamericano 2007, sondeo que realiza anualmente el Consorcio Iberoamericano de Investigaciones de Mercados y Asesoramiento para las cumbre de jefes de Estado de Iberoamérica, consigna que Argentina es el país que tiene peor opinión de EEUU en la región, ya que sólo el 11% de los argentinos tiene una imagen positiva y sólo 1 de cada 10 simpatiza con el presidente George Bush.

  "Es así, los dos sondeos realizados sistemáticamente, y que miden la opinión de los latinoamericanos, señalan que la opinión pública argentina es la más antinorteamericana de todas, superando no sólo a México, Brasil y Chile, sino también a Bolivia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua", confirma Rosendo Fraga, titular del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría.

  Confrontar con la primera potencia del mundo tiene raíces históricas y en el corto plazo puede generar popularidad, pero la falta de inversiones reales (que cayeron un 30 por ciento en el último ciclo) sí debería preocupar. En marzo, George W. Bush, visitó América del Sur y estuvo en Brasil, Colombia y Uruguay; el mismo mes lo hizo el presidente de Alemania, Horst Köhler, quien visitó los dos primeros y Paraguay. En paralelo, estuvo el jefe de Gobierno italiano, Romano Prodi, quien limitó su gira a Brasil y Chile; en julio, la gira sudamericana del primer ministro de Canadá, Stephen Harper, se redujo a Chile y Colombia.

  Luego vino a la región el secretario del Tesoro, Henry Paulson, visitando Uruguay, Brasil y Chile; en septiembre, el jefe del Pentágono, Robert Gates, estuvo en Colombia, Perú y Chile y el mismo mes, el secretario de Comercio norteamericano, Carlos Gutiérrez, estuvo en Brasil y en Uruguay, sin pasar por Buenos Aires. Traducido: ninguna de las giras de personalidades del G-7 ancló en la Argentina. Y, con Cristina en el gobierno, la canciller alemana, Angela Merkel visitó Brasil y tampoco bajó al país.

   Frente a semejante panorama, Kirchner prefirió irse a la selva con Chávez. Jamás imaginó que regresaría con las vestiduras tan rasgadas por el grotesco cometido.

 

mmaronna@lacapital.com.ar

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