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El Delta en llamas

Los incendios han profundizado la destrucción del Delta del Paraná. "No se puede ni respirar" denuncian los habitantes de Rosario.

Domingo 06 de Septiembre de 2020

“No se puede ni respirar” denuncian los habitantes de Rosario. Los incendios han profundizado la destrucción del Delta del Paraná, un humedal de aproximadamente 17.500 km2 que se extiende desde Rosario hasta la desembocadura en el río de la Plata, una suerte de “esponja” que permite que cuando hay mucha agua no se inunde la ciudad de Buenos Aires y, cuando hay poca agua, se suelte para evitar los estragos de las sequías.

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, Juan Cabandié, dice sobre las quemas: “Tienen que ver con métodos añejos de producción y concebir a los bienes naturales como recursos, con una mirada muy intensiva sobre los recursos, y los productores ven mayor rentabilidad con la soja que el ganado, entonces para maximizar ganancias los campos solamente cultivan soja y al ganado lo trasladan a las islas. Y eso lleva a que para mejorar el forraje del alimento de consumo de los animales queman pastizales a mansalva, sin ningún criterio de solidaridad ni cuidado ambiental con las comunidades que viven en las proximidades del río”.

Cabandié expresa su preocupación por la pérdida de fauna y flora en las islas y por el impacto del humo sobre las poblaciones aledañas en el contexto de la pandemia. El ministro considera que una ley que proteja a los humedales podría ser posible, pero llevará tiempo y hay que buscar una solución para que esto no vuelva a suceder en el año, aunque choque con muchos intereses.

Vivir en una cortina de humo

Camila Peca vive a dos cuadras del río y desde hace dos meses sufre el humo de las quemas clandestinas, que suceden de noche. Por las mañanas el aire amanece irrespirable y siente picor en la garganta. Se despierta en su departamento en medio de la noche y piensa que se está incendiando su edificio.

La visión compartida tras los incendios es que hay una falta de regulación que ahora se enfrenta con denuncias judiciales y unos pocos detenidos. Los responsables de los incendios sacrifican flora y fauna locales para instalar ganado. La voz de Camila transmite la impotencia de saber que los dueños de esos campos están vinculados a las altas esferas de poder en la provincia de Entre Ríos, por lo que la Justicia provincial no los afecta.

A la irrespirable cortina de humo, se suman los barbijos por la pandemia, haciendo la situación insoportable. En julio, la breve fase 5 de la cuarentena habilitó el uso del río, pero el humo imposibilitó las visitas a las islas. Cada mañana Camila revisa la app de Weather Channel donde aparece el indicador de que la presencia de humo es insalubre. La ropa que lava tiene que ser colgada en el balcón durante el día para que el humo no la arruine por la noche.

En Twitter, bajo la consigna #HumoenRosario, se empezó a crear el clima político para presionar al gobernador de Santa Fe, Omar Perotti. El sábado 18 de julio hubo un corte en el puente Rosario-Victoria, donde más de 300 autoconvocados protestaron. Hace poco, un “tuitazo” demandando #LeyHumedalesYA logró ser tendencia a nivel nacional.

Compleja gobernanza ecosistémica

Tras décadas de cambios en los usos del suelo del Delta, la balanza se está inclinando finalmente hacia el lado de la ganadería gracias al poder del fuego. En la provincia de Santa Fe estas prácticas están prohibidas y en Entre Ríos se está intentando regularlas a través del Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná (Piecas-DP), un instrumento creado en 2008 que fue desactivado por el gobierno de Macri, para recuperar la potencialidad de un manejo de la agricultura y la ganadería en esa zona adecuado al humedal.

Rubén Quintana, presidente de la Fundación Humedales (capítulo argentino de la ONG Wetlands International) y director del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (Conicet-Unsam), explica que las quemas en el Delta no son algo nuevo. En 2008 también hubo grandes incendios que afectaron más de 200.000 hectáreas. Esa fue la primera vez en la que el gobierno nacional y las provincias se sentaron a discutir la problemática de la región, dando lugar al Piecas-DP. Esto resultó de un acuerdo entre la Nación y las tres provincias que tienen jurisdicción en este territorio, el cual fue muy innovador puesto que por primera vez se considera al Delta como una unidad ecológica y no política, dado que esta región constituye un macrosistema de humedales. El Piecas estuvo inactivo durante los últimos años, pero ahora la nueva gestión pretende reactivarlo.

Quintana resume la metamorfosis de la siguiente manera: “En el 2008 veníamos de un período de ocho años de aguas bajas y los ganaderos vieron esto como una oportunidad para llevar más animales a las islas. Esto, en parte, fue consecuencia de la expansión de la frontera agrícola de monocultivos anuales (particularmente soja) en la región central de la Argentina: el ganado fue desplazado a zonas marginales a la agricultura como el Delta. En esta región había en 1997, 160.000 cabezas de ganado y, una década después, las cifras oficiales contabilizaban 1.750.000 vacas, un aumento de más de 10 veces, con el consiguiente impacto sobre estos humedales”.

Es fundamental contar con protocolos que garanticen un Piecas activo y con compromisos, ya que constituye una herramienta que por primera vez busca entender el funcionamiento ambiental, y no jurídico, de un territorio. La región sufre serios impactos, como los provocados por la construcción de diques y terraplenes, que han alterado drásticamente la dinámica hídrica, afectando los importantes servicios ecosistémicos de estos humedales, tales como la amortiguación de los excedentes hídricos que contribuyen a mitigar las inundaciones. Hay que ver holísticamente todo el territorio; nadie se opone a que el Delta sea productivo, pero debe serlo de forma ordenada, coordinada y bajo lineamientos sustentables.

Para Gastón Fulquet, coordinador del Programa Corredor Azul de la Fundación Humedales, los episodios recientes en el Delta han precipitado la decisión política de darles prioridad a los pendientes que aquejan a la región y la apuesta por poner nuevamente en valor una iniciativa como el Piecas es una pista de eso.

En un país que se jacta de ser “el granero del mundo”, el Ministerio de Agricultura y Ganadería tiene un peso determinante en la agenda nacional. En este aspecto, Fulquet considera que “el talón de Aquiles de la cartera de Ambiente podría estar en seguir con un Piecas que no articula con otros ministerios a nivel nacional o provincial, o que no integra como parte de la iniciativa a los gobiernos locales como responsables últimos de ordenar sus territorios. Pero sucede que estamos en un momento de profunda crisis que puede comenzar a transformarse en oportunidad si damos espacio a un tipo de innovación institucional que promueva un diálogo más fluido entre sectores.”

Hay datos muy potentes que reflejan la importancia de los humedales y sus servicios en relación a un tema central como el cambio climático. Por otra parte, los sitios Ramsar constituyen una figura de conservación poco conocida, que muchas veces se crean bajo el prestigioso sello de “humedales de importancia internacional”, pero sin ser acompañados de una figura de conservación nacional que fortalezca su existencia. Estos sitios, a diferencia de los Parques Nacionales, admiten múltiples usos productivos, siempre y cuando se desarrollen bajo ciertas pautas de sustentabilidad.

Una ley contra las injusticias

La sociedad argentina exige que se apruebe de forma urgente una ley de humedales, que defienda las islas y prohíba los proyectos económicos dañinos al ecosistema. Hay distintas teorías sobre las quemas: algunos dicen que es por la ganadería, otros que por los proyectos inmobiliarios, pero lo que se pide es que por parte del Estado se haga algo. Sin embargo, hasta el momento hubo muy poco movimiento.

Para la rosarina Julia Scocco, la situación es cada vez más grave, ya que pasaron varios meses y ahora se siente mucho el humo en la ciudad. Las protestas comenzaron a multiplicarse a través de convocatorias en las redes sociales.

“Me enteré de que se hacía este corte, que fue más multitudinario que los dos anteriores. Fue impresionante, con una caravana de bicicletas desde el Monumento hasta el puente, con tres cuadras en bicicleta y en el puente más de 3.000 personas. Fue todo un éxito la convocatoria en sí, ya que para ser una protesta ecológica movilizó a mucha gente, y eso no suele pasar”, explica Julia.

Entre la juventud ambientalista que defiende los humedales se destaca Julián Monkes, quien comenta: “En 2016 el proyecto de Pino Solanas fue aprobado en el Senado, pero sufrió modificaciones en el recinto, sobre todo en lo referido a la moratoria para impedir que se siga avanzando sobre los humedales mientras se realiza el inventario. Además, se excluyó a los salares de altura, que son humedales reconocidos por toda la bibliografía académica, pero ahí operó el lobby de las mineras, por su interés en las reservas subterráneas de litio.”

Según Monkes, los proyectos presentados para el debate actual comparten una base común para definir quién hace el ordenamiento, a qué escala se hace el inventario y con qué plazos. Este proyecto plantea sanciones penales y hasta años de cárcel a quienes no respeten la norma, una novedad en las leyes de presupuestos mínimos ambientales.

En el Congreso hay un consenso en torno a la idea de establecer una reserva natural en el Delta del Paraná, el estrato más bajo de conservación, lo cual permitiría varias actividades productivas que no atentan contra las funciones ecosistémicas. Esto debería tener un marco normativo que defina qué actividades se pueden hacer y con qué mecanismos y tecnologías.

César Massi es naturalista y miembro de la Asociación Ecologistas de Santa Fe. Sostiene que los incendios son intencionales y no discriminan jurisdicciones; afirma, además, que es imposible pretender controlar un incendio de 400.000 hectáreas.

Remarcando que lo ambiental no es antiproductivo, el ministro de Ambiente dice que “el desafío, que ya está sucediendo, con la cuestión climática y ambiental implica tocar intereses. Uno está dispuesto a introducir discusiones a costa de que vengan los golpes: el glifosato es veneno; no lo dice el Congreso sino la ciencia.”

Mientras avanzan las investigaciones, se espera que en breve el Ejecutivo anuncie medidas para hacer frente a esta catástrofe ecológica. Resta saber si en los próximos meses la oposición, los productores y la prensa local apoyarán la creación de una legislación moderna para el manejo de los humedales argentinos. Hasta entonces, seguiremos hablando de fuego, humo y ecocidio.

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