Libros

El delicado encanto de hojear un libro

El Grupo Planeta cerró un acuerdo para vender sus libros en Mercado Libre y encendió las alertas de los libreros que, en la pandemia, sumaron a la crisis de la industria una caída en las ventas

Viernes 26 de Junio de 2020

El Negro Fontanarrosa era un hombre de costumbres. Se levantaba cada día, recorría el puñado de cuadras que separaban su casa de Alberdi de su otra casa de Alberdi, donde tenía el estudio, para ir a trabajar y, cuando caía la tarde, como si un silencioso silbato anunciara que su jornada laboral había terminado, arrancaba para el centro. Iba a El Cairo, a reunirse con ese puñado de amigotes al que bautizó la Mesa de los Galanes, pero también a pasear por la peatonal y a husmear las mesas de librería Ross.

Sentía, como muchos de nosotros, una atracción irresistible por los libros. Y era por eso, y nada más, que se pasaba un largo rato mirando acá y allá los títulos que se ofrecían nunca inocentemente en la vidriera, las novedades, pero también los que habían sido relegados, por su suerte esquiva, al fondo del salón. Abría alguno, leía la dedicatoria, repasaba el índice, espiaba la foto del autor en la solapa y veía si las primeras palabras lo tentaban, cuando pasaba, se acercaba silencioso a la caja, lo pagaba y se lo llevaba bajo el brazo.

El rito, el suyo, el de muchos de los amantes de los libros, que no necesariamente son los amantes de la literatura, ha sido dolorosamente anestesiado durante la pandemia. Ha sido puesto en “stand by”. Y el golpe, durísimo, no atontó la lectura ni un poquito, durante la cuarentena el que quiso leer lo hizo, rescató esa novela que dormía el sueño de los justos de la biblioteca, encaró ese ensayo que por pereza había abandonado y hasta pidió prestada esa novela que le recomendaron y postergó para un incierto más adelante.

Hubo quien, traicionando sus principios, se atrevió al libro electrónico, ése que le habían regalado para el cumpleaños, cuando ya no sabían que más regalarle porque tenía de todo, y dejó olvidado en la mesita de luz. Pese a que lo suyo fue, es y será el papel, el tacto áspero y amable, el color de la tinta, aunque se empecine en mancharle la punta de los dedos, y, sobre todo, el olor inconfundible que desprenden los libros cuando se los explora por primera vez y que, cuando son viejos, usados, evocan otras voces, otros ámbitos.

El mandato “quedate en casa” puso en duda el futuro de las librerías tal y como las hemos conocido y amado desde siempre, y con ellas, el del fino arte de hojear libros en las mesas de saldo, acá, en el caos embriagador de El Pez Volador o en la encantadora inocencia de Dulcinea en Alberdi -sí, otra vez Alberdi, ahí, a un par de cuadras de la casa del Negro-, y también en el laberinto borgeano de la calle Corrientes en el que nos perdíamos cuando éramos jóvenes e intrépidos y salíamos en busca de una verdad antes de caer en el el sopor bohemio de La Paz.

Si hasta Homo Sapiens digitalizó su catálogo de libros de educación y los puso a la venta en el portal publica.la, y no lo hizo porque temiera por el futuro del negocio sino todo lo contrario, porque pensó que sería una buena forma de acercarles a los docentes un material que podía serles útil y que, confinados, no iban a tener a mano. Hay que decirlo, Perico Pérez, el cerebro de la librería y la editorial, confía en el libro pero mucho más en los lectores, en su pasión incontenible por las historias, la fantasía y el conocimiento.

Cómo será que ni el desembarco del Grupo Planeta en Mercado Libre lo inquietó, mantuvo la calma optimista con la que, al no poder ocupar por completo el bar de la librería, le llevó a reemplazar a los parroquianos por gigantografías de sus escritores más queridos, Osvaldo Bayer, María Elena Walsh, Victoria Ocampo y los canallas Eduardo Galeano y Fontanarrosa, que sentó un lugar de privilegio: la mesa de la ventana. Porque, hay que decirlo también, Perico es canalla desde su más tierna edad y sufre más por el futuro del equipo que por el de los libros.

“No me desespera que Planeta venda sus libros en Mercado Libre, no en lo inmediato, me preocupa, eso sí, en perspectiva”, confiesa sin perder la compostura Pérez a La Capital, y explica: “El problema se va a dar si hay más venta directa, si no se respeta la Ley de Protección de la Actividad Librera y venden con descuentos, si, como está pasando ahora, las tiradas son más cortas y las novedades no nos llegan y, por supuesto, como viene pasando y un poco más durante la cuarentena, la gente empieza a volcarse al libro digital”.

La pandemia, y la principal arma contra el Covid-19, el aislamiento, aceleró procesos de transformación digital que estaban en ciernes, pero que la resistencia al cambio y la ausencia de una necesidad real venían demorando. “Con la cuarentena surgieron inquietudes. El cierre de los shoppings y de las grandes cadenas hizo que replanteáramos los puntos de venta para llegar al lector, la otra gran ventana era Mercado Libre”, explicó para quién quiera oír que oiga el gerente de comunicaciones de Planeta, Santiago Saitz.

Lo cierto es que, por ahora, el gigante editorial, que se divide el mercado local con Penguin Random House, no puso a la venta la plataforma digital su catálogo completo, y lo más importante, no ofrece títulos que no estén en las librerías. No obstante, la Cámara Argentina del Libro advirtió que la cadena de pagos del sector está rota desde marzo y que el panorama de la industria es desalentador, y los libreros ven en la alianza de los grandes grupos editoriales y las plataformas de e-commerce una amenaza tangible.

Su temor es fundado, como en muchas otras industrias, la llegada de las nuevas tecnologías se ve, más que como una oportunidad, como un peligro. Y es razonable que sea así, Amazon nació como una librería online en 1995 y hoy es uno de los jugadores más fuertes del mundo digital, junto con Facebook y Google, y el creador y dueño de la empresa, Jeff Bezos, es el hombre más rico del mundo, con 113.000 millones de dólares, según el ranking que confecciona cada año la revista especializada Forbes.

“No sabemos cuánto durará esta pandemia, pero es probable que muchos de los hábitos que se adquieran durante estos días duren mucho tiempo más”, apuntó Daniel Benchimol, fundador de Proyecto451 y experto en innovación para el sector editorial, y, frente al crecimiento de los consumos online, propuso: “No considero que sea una buena medida dejar de publicar títulos, sino tratar de ver en lo digital una oportunidad de compensar al menos parcialmente los números negativos que dejará la pandemia”.

Netflix, YouTube y el streaming de videojuegos tuvieron un crecimiento formidable durante el aislamiento. El encierro no hizo más que consolidar la tendencia al aislamiento y la individualidad extrema que propone como modelo la sociedad moderna. Acaso, hasta que podamos volver a disfrutar del delicado arte de hojear un libro en una librería o en la Biblioteca Argentina, habrá que ingeniárselas para no perder su contacto entrañable, ya sea vía delivery o en la tienda digital. Porque el amor por los libros es para siempre.

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