Opinión

El costo de esconder la basura

El municipio destina más del diez por ciento de su presupuesto a la política de gestión de residuos.

Sábado 11 de Noviembre de 2017

De acuerdo al Presupuesto municipal 2017, Rosario destinará 1.422 millones de pesos anuales al servicio de recolección de residuos y $ 202 millones para pagar la disposición final de residuos en el predio ubicado en la localidad de Ricardone. Es decir, algo más de $ 1.600 millones al año destinados a la gestión de residuos.

Para que se tome dimensión de lo que estamos hablando: el Presupuesto total de la ciudad para el año en curso es de algo más de 13.000 millones, por lo que la política de gestión de residuos se lleva más del 10 por ciento del total presupuestado y es la segunda erogación después de lo destinado a salud.

Otro dato interesante para dimensionar adecuadamente de qué estamos hablando, es que el presupuesto de Promoción Social es de $ 668 millones, menos de la mitad que el destinado a Higiene Urbana. Con estos datos se trata de explicar que el problema de la basura no se termina cuando sacamos la bolsa y la dejamos en el contenedor. En todo caso, podríamos decir que a partir de ese momento es cuando empieza el problema.

Diariamente se trasladan desde nuestra ciudad al relleno sanitario de Ricardone 800 toneladas de residuos —el relleno abarca hoy una superficie de cuarenta hectáreas y alcanza los veinte metros de altura—; cada habitante de nuestra ciudad genera 1,05 kg. de basura al día y, a pesar de que ha habido mejoras en cuanto a las políticas de recuperación y reciclaje, solo se evita llevar a disposición final el 23,55 por ciento de los residuos generados.

El profundo impacto producido por la basura enterrada en el relleno y sus consecuencias en el medio ambiente, debieran bastar por si mismos para que todos hagamos un esfuerzo para reducir la cantidad de residuos que generamos; pero si ese único dato no nos convence, o nos resulta abstracto y lejano, quizás dimensionar —a partir de los datos mencionados— los recursos que se dilapidan y que se podrían destinar a políticas sociales u obras públicas, ayuden a mensurar adecuadamente la cuestión. Pero el Departamento Ejecutivo municipal insiste en minimizar el problema. Pareciera que la necesidad de mostrar el éxito de determinadas políticas es más grande que la de resolver el problema.

A través de la ordenanza llamada de "Basura Cero" sancionada en 2008, el Concejo municipal fijó lineamientos y metas a alcanzar para que en el año 2020 se prohibiera "la disposición final en relleno sanitario de materiales tanto reciclables como aprovechables, incluyendo los residuos orgánicos". La realidad actual nos ubica lejos de esa meta; es más, en 2006 se llevaron 250 mil toneladas al relleno sanitario y en 2016 el número fue de 292 mil toneladas. Es decir, a casi diez años de la sanción de la norma municipal, la cantidad de residuos enterrados no sólo no ha disminuido sino que ha ido en aumento.

Puntualmente creo que las políticas de difusión han resultado insuficientes. No se proporcionaron las herramientas necesarias para un acompañamiento efectivo por parte de la población a la solución del problema; me refiero a los instrumentos y a la información que hacen falta para hacer eficaz la separación en origen y la recolección diferenciada de los residuos domiciliarios, elementos que sólo encontramos presentes de manera sistemática en los casos de barrios con programas de recolección diferenciada.

En definitiva, la mayor tarea de recuperación la realizan los sectores informales a cambio de la ganancia mínima que reciben por los materiales —otro aspecto en el que se incumple la normativa— y realizando su trabajo en condiciones precarias.

Es hora de repensar el funcionamiento de las políticas de Higiene Urbana del municipio; no se trata de esconder la basura debajo de la alfombra —contenedores o relleno sanitario— sino de lograr la puesta en marcha de estrategias orientadas a una reducción sustancial en la generación de residuos, la reutilización y el reciclaje. Para esto es fundamental apuntar, desde el Estado, a promover una toma de conciencia colectiva por parte de la ciudadanía, para que acompañe las transformaciones significativas en las prácticas y los hábitos que se necesitan para una efectiva gestión de los residuos en nuestra ciudad.

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