A partir del año 2003 la tasa de faena de hembras superó el umbral aceptable del
42 por ciento, ascendiendo vertiginosamente año a año a medida que las políticas públicas
castigaban cada vez más a los productores. En el año 2007 la tasa promedio se ubicó en el 47,5 por
ciento, elevándose al 49,3 por ciento en junio pasado. De continuarse con estos guarismos, los
especialistas advierten que a partir de 2011 Argentina se verá obligada a importar carne para
abastecer su mercado interno.
Huelga recordar que el stock ganadero nacional se mantiene casi invariable (55 a
60 millones de cabezas según la fuente) desde 1970, a pesar del incremento poblacional y el
mantenimiento del promedio anual de consumo (66,7 kg/habitante). Este dato nos sigue colocando a la
cabeza de los países más consumidores de carne vacuna, secundados ahora por Uruguay, que ha
incrementado su consumo en los últimos años, llegando a 52 kg/hab en el 2006.
Justamente por no encontrar trabas a la producción y a la exportación, el
consumo de pollos se incrementó en mayor medida que el de carne bovina, llegándose a la cifra
récord de 25,8 kg/habitante. También aumentó, pero en menor medida el consumo de cerdo, que alcanza
hoy en día a 8 kg/habitante.
A la situación en que hoy nos encontramos se llegó por una serie de medidas
oficiales que no sólo desalentaron, sino que perjudicaron al productor; fue así que se pasó de un
reintegro inicial a las exportaciones de carne del 5 por ciento a una retención del 15 por ciento a
las carnes frescas y congeladas.
En marzo de 2006 se prohibieron totalmente las exportaciones durante más de 40
días, para luego autorizarlas en hasta un 50 por ciento de lo exportado en el año 2005.
También se buscó impedir las exportaciones a través de la implementación de
trabas para-arancelarias como el Registro de Operaciones de Exportación (ROE), creado por
Resolución Nº 31/06 del Ministerio de Economía, agravado posteriormente por el denominado ROE Rojo
que obligó a la demostración de los costos totales incurridos en cada embarque y todavía más aún
por el denominado "Encaje Productivo Exportador" (Resolución Nº 42/08) que impuso como condición
para obtener el ROE la presentación de una declaración jurada por parte de los frigoríficos que
acredite el tonelaje neto de carne que tienen en existencia, permitiéndoseles exportar sólo el 25
por ciento del total.
Menos exportaciones. Las políticas implementadas desde El Poder Ejecutivo
Nacional tuvieron como resultado una fuertísima disminución de los volúmenes totales exportados.
Así, según fuentes oficiales, las exportaciones de carne fresca de bovino fueron las
siguientes:
-
2005: 405.860 toneladas.
2006: 290.635 toneladas (28 por ciento menos interanual).
2007: 269.549 toneladas (7 por ciento menos interanual).
2008: 211.108 toneladas (22 por ciento menos interanual).
La lógica de los funcionarios del gobierno nacional sostiene que es necesario
impedir las exportaciones de carne bovina para mantener bajo el precio de la carne. Sin embargo, la
realidad demuestra que el resultado enunciado no se ha conseguido, la barrera a la exportación
frena la producción que a la larga la disminuye contribuyendo al aumento del precio interno; por el
contrario la posibilidad de exportar incentiva la producción, incentiva hacer novillos pesados, de
los cuales sólo se exporta una parte (el 25 por ciento aproximadamente), quedando el resto para el
consumo interno.
Se exporta solo las carnes ubicadas al cuarto trasero del animal (excepción de
la nalga) que equivalen aproximadamente a 75 kilos, si produjéramos bovinos de 300 kilos,
despachándose para el mercado interno el resto, vale decir 225 kilos de carne —siempre
teniendo en cuenta animales de 300 kilos— correspondientes justamente a los cortes que más se
consumen en nuestro país.
La prueba evidente de la viabilidad de esta alternativa la encontramos en la
República Oriental del Uruguay, país que desarrolló fuertemente la exportación ganadera en todas
sus variantes, sin que de ello hayan surgido mermas en la comercialización interna.
Desde que Uruguay puso en práctica esta política, en el año 2003, la producción
de carnes se incrementó en un 45 por ciento, se exportó más de un 30 por ciento y, lo que es digno
de destacar, se incrementó el consumo en un 62 por ciento.
De esta margen del Plata, en lugar de incrementarse la producción para favorecer
la exportación y el ingreso de divisas, se alentó el engorde en feeds lots —engorde
rápido— pagándose compensaciones a quienes produjeran animales de 300 kilos. Esto produjo que
muchos de los animales que estaban destinados a engordar para exportación (500 kilos) fueran
destinados a engorde rápido, con la consecuente pérdida de kilos comercializables, que puede
estimarse en alrededor de 156.000 toneladas.
Para compensar la baja en las toneladas comercializables se debió faenar mayor
cantidad de cabezas, pasándose de 13.418.824 en el 2006 a 14.924.691 en el 2007. Como la producción
no se incrementó, se debió echar mano a vaquillonas y terneras (1.077.548), con lo que se explica
también la mayor faena de hembras de la historia argentina.
Además de perderse ingresos por 500 millones de dólares a causa de la merma en
las exportaciones, se pagaron más de 600 millones de pesos en concepto de compensaciones para
engordes en corral; a esto debemos agregar que si nuestro país, producto del desacierto de estas
políticas, mantiene estas tendencias y se ve obligado a importar carne, la población de nuestro
país tendrá que pagar precios internacionales para poder consumir carne.
Hay que reformular. Las políticas erráticas, cuando no contradictorias o
equivocadas, vienen provocando una peligrosa disminución del stock ganadero, desalentando de todas
las formas posibles al productor bovino. Resulta indispensable reformular la política
agroindustrial del país, para lo cual deberían tenerse en cuenta los 10 puntos que el Gobierno de
Santa Fe presentara a la Presidenta en abril del año pasado, entre los que se destaca —en lo
que hoy atañe a los productores ganaderos— la necesidad de elaborar un cronograma secuencial
y coherente de apertura de exportaciones, y mecanismos de fijación de volúmenes y precios internos,
para desacoplarlos de los internacionales.
Sin perjuicio de ello, por la gravedad de la crisis producida por la conjunción
de terribles sequías y erradas medidas de gobierno, en ejercicio de las facultades-deberes que la
Constitución Nacional (artículo 75 inciso 13. "Reglar el comercio con las naciones
extranjeras…") otorga al Congreso de la Nación, entendemos que resulta imprescindible que los
legisladores nacionales aprueben Nuevas Políticas que permitan a los productores ganaderos el
recupero de su capital de trabajo a través de la apertura de la exportación de carne vacuna por un
lapso que estimamos prudente fijar en 180 días y eximir del pago de derechos de exportación, las
operaciones realizadas durante ese período. A partir de allí, deberían fijarse en una mesa de
consensos, que bien podría ser el Consejo Federal Agropecuario ampliado, Nuevas Políticas para el
sector.
Nuestra propuesta implica la reasunción por parte del Poder Legislativo de
facultades que le son propias y que fueron delegadas al Poder Ejecutivo con anterioridad a la
reforma constitucional de 1994.
En efecto, en el año 1981 el artículo 755 del Código Aduanero delegó en el PEN
la facultad de: "a) gravar o desgravar con derechos de exportación la exportación para consumo de
mercadería gravada con este tributo". Si bien esta delegación caducó en agosto de 2006, por el
transcurso del plazo previsto en la Cláusula Transitoria Octava de la Constitución Nacional (con
sus prórrogas dispuestas por leyes Nº 25.148; 25.645 y 25.918) entendemos que resulta conveniente,
para evitar razonables planteos judiciales, que el Congreso se pronuncie expresamente por reasumir
la facultad contenida en el artículo 75 inciso 1º de la Constitución Nacional que dispone que
corresponde al Congreso "legislar en materia aduanera. Establecer los derechos de importación y
exportación, los cuales, así como las evaluaciones sobre las que recaiga, serán uniformes en toda
la Nación."
Esta realidad, que brevemente reseñamos, afecta no solo al sector agropecuario
sino a la totalidad de la delicada maquinaria que en conjunto constituye nuestra sociedad, ya que
basta con que cualquiera de sus partes se encuentre afectada, dañada, para que toda la maquinaria
funcione mal o no funcione. La situación ruinosa y de desesperanza que viven numerosas familias de
nuestro interior, afecta al agro, a la industria, al comercio, al trabajo en general y en
definitiva a los trabajadores; produciendo en cada caso un daño proporcional a las propias
fuerzas.
Ante esta realidad, las Nuevas Políticas no deben hacerse esperar en el Congreso
de la Nación que debe priorizar encarar un diálogo fecundo para poder superarla en forma
satisfactoria para el interés nacional.
(*) Diputada nacional.