OPINIÓN

El caso Verbitsky: la normalización de lo irregular tomó forma con el "vacunatorio VIP"

El presidente reaccionó rápido con el pedido de renuncia de Ginés González García, pero el escándalo complica a su gobierno

Viernes 19 de Febrero de 2021

El mismo día en que en la Capital Federal colapsó la página web para que los mayores de 80 años se anoten para vacunarse, el periodista Horacio Verbitsky contaba muy suelto de cuerpo cómo había logrado conseguir una dosis de la Sputnik V gracias a un llamado a su “amigo” Ginés González García. Llama la atención la “normalidad” con la que Verbitsky narró en primera persona un episodio irregular, como si fuera una persona “esencial” que debía inocularse por estar en una posición de privilegio. También agrega un rasgo de doble vara, la de ser un periodista siempre encargado de hacer señalamientos críticos de las conductas públicas y privadas de los políticos o personas arropadas en el poder. Pero esta vez, él mismo quiso colocarse afuera del escrutinio público.

El caso Verbitsky desnudó otros casos graves. Por el “vacunatorio vip”, en el que pasaban registro por el Ministerio de Salud, desfilaron también el sindicalista Hugo Moyano, su esposa y su hijo menor. También el diputado Eduardo Valdés, el senador Jorge Taiana y el canciller Felipe Solá.

Días atrás se había desatado un escándalo en la localidad bonaerense de Chivilcoy, cuando un grupo de militantes de La Cámpora recibió la dosis de la vacuna pese a no estar en los grupos de riesgo. Acá, como Verbitsky, fueron los propios jóvenes los que se ufanaron de ello subiendo imágenes en las redes sociales.

Fuera de la Argentina, en Perú despuntó un escándalo cuando se conoció que toda la “cooperativa política” (personajes destacados del oficialismo y la oposición) recibieron la vacuna por cadena de favores. Lo mismo pasó en España con un alto mando del Ejército, luego renunciado, con la misma modalidad de ir por “zurda”.

El escándalo de los “vacunados vip” no es un golpe letal al plan sanitario del gobierno, pero llega en un momento en que ya se había saldado toda esa discusión berreta sobre la eficacia de la vacuna rusa y el “envenenamiento” que había pergeñado el presidente Alberto Fernández para todos los argentinos, como denunciaron Elisa Carrió y algunos gurkas de Cambiemos.

Pese a la reacción rápida del presidente, quien le solicitó de inmediato la renuncia a su ministro de Salud, el “caso Verbirsky” opaca innecesariamente todo lo bueno que hizo el gobierno desde que se desató la pandemia, ya sea en el plano económico con la batería de medidas de rescate, o el frente sanitario mismo, en la que una cuarentena decretada a tiempo evitó el colapso de un sistema sanitario que venía maltrecho por las desatenciones del gobierno anterior.

Todos los desatinos que no debían cometerse, se cometieron. Con las dosis llegando en cuentagotas, sin que se hayan vacunados todo el personal sanitario que está en la trinchera, es imperdonable que los responsables de Salud, los mismos que tienen que garantizar seriedad y equidad en el reparto de las dosis, hayan permitido que los “amigos del poder” se saltearan la lista del registro, la misma que hoy miles de abuelos no pudieron hacerlo por el colapso de la página web por la alta demanda. ¿Podrá el gobierno remontar este escándalo? La respuesta se vuelve incierta y flotan nuevos interrogantes.

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