Opinión

El ataque a los kurdos

Medio Oriente. La población kurda del norte de Siria quedó a merced del poderoso ejército turco tras la decisión de Trump de retirar las tropas de EEUU en esa región.

Martes 15 de Octubre de 2019

Sin ella nunca hubiésemos hecho aquel viaje. Ella nos daba la seguridad que nosotros no teníamos. "¿Por dónde entraremos? ¿La frontera es segura? ¿Dónde dormiremos?". Ella lo contestaba todo con una tranquilidad que nunca supe si era real o impostada. Pero un día de principios de octubre del 2017 entrábamos en zona de guerra.

Con una barcaza cruzamos el mítico río Tigris. En la punta noroeste de Irak, el Tigris hace de frontera con Siria. Al otro lado del río nos esperaba una combatiente alemana que formaba parte de las YPJ, organización militar de mujeres que defiende al pueblo kurdo. Desde ahí, un camino de siete horas por carreteras (por llamarlas de alguna manera) hasta Raqa, entonces capital del Estado Islámico (EI) tras la caída de Mosul, en Irak.

Los alrededores de Raqa eran los de una ciudad fantasma: casas destrozadas o abandonadas, y un silencio que se rompía por golpes secos y duros que parecían llegar desde no muy lejos. Ella nos volvió a tranquilizar: son morteros que están lanzando los últimos combatientes del EI, pero el frente está a dos o tres kilómetros de aquí. Al bajar del auto, al lado del edificio destinado a la prensa, una línea de piedras en el suelo dibujaba la silueta de una persona, con unas flores al lado. "¿Qué es? El homenaje que le han hecho las combatientes a un documentalista británico tiroteado aquí mismo por el Estado Islámico".

Pasamos cuatro días en Raqa, cuidados y protegidos por el ejército kurdo. Luchaban para acabar con el Estado Islámico, una amenaza global, y lo hacían en primera línea del frente en colaboración con la coalición in­ternacional, liderada por Estados Unidos. Cuando les preguntabas qué harían los americanos cuando acabasen con el EI se encogían de hombros y te contestaban: "Primero acabamos con el EI, y luego ya veremos".

El jueves pasado la llamé. Ella es la cineasta Alba Sotorra y ha rodado tres de sus películas documentales en territorio kurdo. Justo acaba de volver de Rojava (así llaman al Kurdistán sirio). Llegó con el corazón en un puño, pero no pude parar de hacerle preguntas. "Me he despedido de amigos que no sé si volveré a ver. El sábado pasado hacíamos vida normal en Rojava. Los niños volvían de la escuela. Vimos un par de bodas. Se casaba mucho la gente últimamente. Fuimos a tomar unas cervezas. Los restaurantes estaban llenos. Se habían abierto tras la caída del Estado Islámico. Hoy la gente huía. Más de 60.000 desplazados por el ataque del ejército turco". "Es incomprensible que Erdogan (presidente de Turquía) vea en los kurdos de Rojava un peligro terrorista. El tipo de sociedad que allí se ha impulsado se basa en principios democráticos, feministas y ecologistas. Eso es lo que le asusta. Que el modelo se asiente y sea un ejemplo para los kurdos de Turquía. No soporta ver cómo en el corazón de Oriente Medio se está construyendo una sociedad paritaria, donde la mujer está accediendo a lugares de poder tanto en las estructuras políticas, sociales como militares".

"El ataque turco es un despropósito. Los soldados kurdos han tenido que acudir al frente y hay cárceles llenas de terroristas del EI que han quedado desprotegidas. Hay un riesgo real de que se reactive el Estado Islámico".

"¿Y Europa? Erdogan amenaza a los países de la Unión Europea: si hablan de invasión, dejará pasar a los 3,6 millones de refugiados sirios que retiene Turquía en su territorio, gracias a los 3.000 millones de euros prometidos por la UE. Una pescadilla perversa que se muerde la cola".

"¿Y Estados Unidos? Nadie entiende la decisión del presidente Trump de abandonarlos, ni en su partido, ni en el propio ejército, que lleva años trabajando codo con codo con los kurdos. Por no hablar de frases Made in Trump como ‘los kurdos no nos ayudaron en Normandía'. Un mando militar estadounidense, explicándole a la población kurda a la que protegía la decisión de la Casa Blanca, rompió a llorar".

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