Pandemia

Dutra y la Gran Guerra

La sanción económica al empresario acusado de violar 15 veces la cuarentena deja preguntas sobre el carácter aleccionador de la pena

Martes 02 de Junio de 2020

En La Gran Guerra (Mario Monicelli, 1959) hay una escena genial al promediar la película. En el medio de un hambre que seca las tripas un soldado italiano que es Alberto Sordi ve pasearse una gallina robusta en la primera línea de trincheras. Obviamente no puede buscarla porque los austríacos apostados del otro lado le sacudirán plomo a lo loco. Entonces Sordi hace lo que puede para atraerla: cacarea, la llama, le arroja un mendrugo de pan. Como la gallina no se acerca finalmente toma un fusil y le tira. Le da de lleno, pero el impacto hace volar a la gallina hacia el otro lado donde un brazo la ataja y los austríacos estallan en una ovación interminable.

Hace cinco días el procedimiento penal contra el empresario gastronómico Roberto Dutra fue suspendido a cambio de una compensación económica. Se le habían imputado 15 hechos de violación de las medidas dispuestas por el gobierno nacional para evitar la propagación del Covid-19. Dutra deberá contribuir con 1.800 viandas de alimentos durante un mes a comedores del Arzobispado de Rosario. Además tiene que depositar 200 mil pesos en una cuenta oficial que según resolvió la Fiscalía General de la provincia deben destinarse a efectores públicos de salud. La jueza interviniente, Patricia Bilotta, ordenó devolverle la fianza de un millón de pesos que pagó en su última detención para ser liberado.

El 3 de abril pasado, cuando el caso de Dutra era ventilado a nivel nacional, en una audiencia pública el fiscal dijo al acusar que en caso de condena ésta sería de efectivo cumplimiento. Se lo puede constatar en el minuto 21'28 del audio de la audiencia de ese día. En ese acto el imputado argumentó que por su actividad todas las veces estuvo exceptuado a salir a la calle por lo que no transgredió la obligación de guardar aislamiento.

Es muy importante refrescar cómo este caso se utilizó para mostrar a la sociedad las consecuencias penales que tendría para cualquier persona quebrantar la cuarentena. Este parecía el caso de máximo aleccionamiento. El fiscal expone cómo un empresario transgrede 15 veces la ley. Dice que este delito que probará prevé pena efectiva. ¿Por qué entonces frente a la posibilidad de imponer una prisión concreta como él mismo dijo, lo que implica utilizar uno de los fines sociales de la sanción penal, se contenta con 200 mil pesos, más las raciones? Algo que implica mucho menos que el millón que le reembolsan y ni un minuto de prisión efectiva.

La sospecha es que porque en un proceso de largo aliento difícilmente hubiera obtenido la pena a la que aspiraba, en un caso donde no solo no aparecen con nitidez pruebas de un ilícito, sino siquiera apariencia de delito. Esto no implica la menor simpatía hacia Dutra. Lo que importa no es él sino lo que puede pasarle a un ciudadano en su situación.

Si Dutra fuera inocente, entonces, ¿por qué no fue a fondo? ¿Por qué acepta pagar 200 mil pesos? ¿Por qué aportará de su bolsillo un mes de raciones para comedores de la Iglesia? Probablemente porque le convenga más eso que seguir ligado a un proceso largo donde deberá seguir pagando honorarios a sus defensores privados, y donde perdurará abierto un conflicto con el Estado del que es un proveedor, que puede afectar sus intereses como ciudadano o empresario. Entonces paga algo que para una persona de su condición aparenta ser menos gravoso que un proceso abierto donde tenga perspectivas de triunfo. De hecho le devuelven un millón de fianza que ya pagó.

Este procedimiento, llamado suspensión de juicio a prueba, no es un juicio abreviado. Acá la paga del imputado no equivale a confesión de culpa ni reconocimiento de la responsabilidad civil presunta. El fiscal puede decir que sale triunfante. Obtiene una reparación de 200 mil pesos que quedará para la salud pública y si en el futuro comete un delito el proceso suspendido contra Dutra se reanuda. Pero ningún acusador que tenga contra las cuerdas a un imputado hace eso. Mucho menos en un caso cuya máxima resonancia fue buscada para exhibir a la comunidad el escarmiento que les espera a los infractores de una medida sanitaria donde lo que está en juego es la defensa de la vida.

Lo que en verdad le muestra a la sociedad la fiscalía es que si se le cierra una probation al acusado del caso más grave que tenían, un sujeto que quebrantó abusivamente la cuarentena, todos los demás imputados no deben temer demasiado por hacerlo una o dos veces. Si la fiscalía le impone una pena más severa a cualquier imputado que a un tipo que según el fiscal se burló de sus vecinos 15 veces la sociedad no va a entender nada.

El otro lado

Este es el gran tropezón de la política de persecución en este caso. En un contexto histórico inédito donde se busca proteger la vida, si había prueba contra Dutra en nombre justamente de la salud pública es nada comprensible que no hayan ido por la prisión efectiva que anunció el fiscal. En realidad la sospecha es que lo hicieron porque sería bravo probarlo. Y que el imputado, al que le devuelven 800 mil pesos de lo cautelado, deja 200 mil porque hacerlo le sale más barato que demostrar que es inocente.

Dutra es una persona poderosa con reputación polémica que a mucha gente le produce aprensión. Pero lo que le pasó a él le puede ocurrir también a alguien que genere simpatía, que sea débil o que no pague un abogado caro. Es en esos casos cuando se entiende mejor lo peligroso que es utilizar en forma opaca y contradictoria el poder de persecución y el derecho penal para producir o evitar un comportamiento. A eso hay que estar atento. Este incidente recuerda mucho los casos en que para contener las amenazas de bombas a colegios de estudiantes secundarios ponían presos a los padres. Generar prevención debe hacerse con hechos probados y de forma justa. De otro modo será un enigma por qué para el Estado es un buen negocio obtener 200 mil pesos de un empresario sin problemas de plata que violó 15 veces la cuarentena. Como en La Gran Guerra, se puede acertar el tiro y la gallina terminar del otro lado.

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