Del dicho al hecho, largo trecho
No es posible que alguien como Prat Gay pronostique el éxito económico y Lavagna el colapso. Son incopatibles y así es la Argentina.

Martes 06 de Diciembre de 2016

Carlos Menem fue muy sincero cuando alguna vez reconoció que si en la campaña electoral presidencial hubiera dicho lo que pensaba hacer nadie lo hubiese votado. En realidad, tal vez él tampoco sabía muy bien qué hacer y fue ajustando irresponsablemente sus políticas según su conveniencia: fue así que la Argentina sufrió durante su mandato los dos atentados terroristas más importantes de su historia y su gestión fue el comienzo de la crisis que estalló en 2001.
Salvando las distancias, si Mauricio Macri hubiera revelado que a un año de su gobierno iba a transferirles a las organizaciones sociales unos 30 mil millones de pesos para los próximos tres años en programas de trabajo en cooperativas mediante una ley de emergencia que hoy es probable que la Cámara de Diputados dé media sanción, el resultado electoral hubiese sido distinto. En este caso, contrario al de Menem, el cambio de discurso es valorable desde el punto de vista de entender que la Argentina no puede avanzar sin una solución definitiva de su deuda social por la que millones de personas viven en la pobreza, en uno de los países más ricos en recursos del planeta. Lo que ocurre es que si el uso de esa suma millonaria no tiene el control del Estado podría convertirse en un nuevo episodio de clientelismo político fenomenal utilizado para silenciar la protesta social y no para promover el trabajo y la capacitación de la gente que requiere inclusión social.
Otro cambio de discurso, en sentido inverso, es lo que ha ocurrido con la modificación del impuesto a las ganancias. De las promesas electorales de Macri de eliminarlo para los asalariados (también lo hizo Massa), los referentes de esos dos partidos definen también hoy cambios parciales por las que algunos pagarán algo menos y muchos otros comenzarán a tributar. Peor, sin embargo, fue el gobierno anterior, que hacía una justificación teórica y hasta filosófica de por qué se mantenía ese impuesto para los trabajadores.
El gobierno emplea recetas de las que prometió abjurar, la oposición intenta sacar ventajas para las elecciones legislativas del año próximo y personajes que ya debieran haberse retirado hace rato aún siguen en escena. Mientras, la población asiste a un concierto que desafina. No es posible que alguien, como el ministro Alfonso Prat Gay, pronostique el éxito económico del país y otro ex ministro, como Roberto Lavagna, el colapso. Son incompatibles y así es la Argentina.
El refrán popular del título de este artículo se interpreta en algunos sitios especializados de la siguiente manera: "No debemos confiar en todo lo que nos dicen pues en muchas ocasiones serán exageraciones". Se podría añadir que se promete más de lo que se puede cumplir aunque, claro está, esto no significa la imposibilidad de apartarse de una idea original cuando se advierte a través de un pensamiento crítico, y no por conveniencia política, de la necesidad de cambios. Una tarea difícil en este país.