Opinión

"Deja vu" setubaliano

El pasado siempre vuelve. La convocatoria del sector "progresista" del radicalismo a discutir sobre el porvenir del partido revive viejas épocas.

Lunes 06 de Noviembre de 2017

"Tenemos que evitar que nos pase lo mismo que en Santa Fe. El sábado se inaugurará el Cemafé (un centro médico de atención ambulatoria de alta complejidad y de última generación) y nadie jamás hasta ahora ni en los próximos 50 años lo asociará al radicalismo. El Cemafé lo hicieron los socialistas. Sin embargo, como quedó demostrado, les dimos los votos para que ganen y se mantengan en el poder. Sin ello, no habría habido Cemafé ni nada. No habría existido la saga de los gobiernos del PS. Apenas nos corrimos, los socialistas volvieron a estar en condiciones de hacer su convención provincial en un baño".

Esto se decía en la semana en las cercanías del histórico dirigente radical Luis Changui Cáceres en relación a su convocatoria de ayer y de hoy a discutir sobre el futuro de la Unión Cívica Radical, el país y la política argentina, al borde de la laguna Setúbal, emulando aquel otro encuentro de 1968 que diera origen a lo que en 1972 tomaría la forma definitiva de la Junta Coordinadora Nacional, liderada por él. Muchos de aquellos jóvenes devenidos en experimentados dirigentes todos y en historia viva de los últimos 35 años, están reunidos otra vez a la vera de la laguna en la capital provincial.

"Convoqué a autoconvocarnos", me dijo el Changui. Su fórmula es de una simpleza que a él se le antoja central. Dice que en un país en el que ningún partido político ni dirigente de ninguna extracción debate nada más que candidaturas y especulaciones electorales, no se puede esperar un presente en calma ni un futuro expectante.

La convocatoria cacerista es a radicales que están conformes de haber hecho la alianza con el PRO y a quienes no. Ese todos sin excepciones encierra el objetivo central. Entre otras razones porque los radicales que se oponen abiertamente a la integración de la coalición que gobierna el país son, al menos en visibilidad, menos que aquellos que no cuestionan públicamente la sociedad, aunque lo hagan en privado.

Aquella creación de 49 años atrás del grupo Setúbal integrado por Cáceres, Sergio Karakachoff, Marcelo Stubrin, Enrique Nosiglia, Freddy Storani, Juanjo Cavallari, Ricardo Campero, Héctor Velázquez, Mario Losada, Ramón Mestre, Jorge Wandelow, Guillermo Aramburu, Julio Cesar Bebe Alén, Rodolfo Miguel Parente, fue más importante de lo que el argentino de a pie estuvo nunca dispuesto a reconocer. Entre otras razones porque, estoy seguro, no lo conoce.

Esta muchachada se juntó entonces para pensar en una alternativa —casi, se podría decir, igual que ahora— a la que parecía ser la única y por todos adoptada (peronistas, izquierdistas, católicos, nacionalistas): la lucha armada. La Junta Coordinadora Nacional y la Franja Morada se propusieron saldar el dilema de "pueblo-antipueblo" y una liberación nacional sin violencia. A diferencia de otros partidos, el radicalismo no sólo se planteaba los fines, sino que también hacía mucho hincapié en los medios para conseguir esos fines.

A la vera de la Setúbal ahora hay también radicales que alentaron e integran la coalición con el PRO. Entre otras cosas porque para un partido orgánico como es la UCR esa alianza surgida del debate y la votación democrática en su convención nacional (reunida en Gualeguaychú de marzo de 2015 donde de 330 convencionales, 186 votaron a favor; 130 en contra, hubo una abstención y 13 ausentes) reúne toda la legalidad y legitimidad posibles.

Pero además, el radicalismo —con excepción del período en que gobernó Arturo Illia y en el que Raúl Alfonsín fue su líder con el Movimiento de Renovación y Cambio y la Junta Coordinadora Nacional que en la reunión de Setúbal había adoptado un programa de centroizquierda, lo siguió—nunca fue un partido de izquierda. Pese a llamarse radical, fue siempre moderado con una notoria inclinación al centrismo ideológico o a una centroderecha en la que sus dirigentes y militantes nunca se sintieron incómodos. Y se podría decir más: sus votantes en general tampoco. La Argentina es un país en el que hasta su socialismo tuvo "cuna liberal", dice Jorge Halperín y Rodolfo Puiggrós señalará contradicciones contando "que el propio Juan B. Justo era librecambista, y estaba en contra de que el gobierno argentino, entonces radical presidido por Hipólito Yrigoyen, aplicara el proteccionismo".

Antes de la socialdemocracia alfonsinista (ingreso de la UCR a la Internacional, incluido), al radicalismo lo lideraron largos años Ricardo Balbín y su delfín, Fernando de la Rúa. En 1983, Alfonsín debió ganarle la interna a de la Rúa para acceder a la postulación presidencial de la UCR y cuando el radicalismo volvió al poder lo hizo de la mano de éste en 1999. Todos cuentan, y uno de ellos es Changui Cáceres, que Alfonsín solía decir que "a la derecha de Fernando sólo queda la pared". Durante la Convención Constituyente de 1994, una vez le pregunté a Alfonsín si era cierta esa humorada y sonriendo me dijo que "eso sería faltarle el respeto a uno de los dirigentes más importantes que tiene la Unión Cívica". Cuando se ponía enfático, en serio o en broma, solía obviar el "radical" al nombrar a su partido.

Cuando el radicalismo volvió a intentar acceder a la presidencia del país con un alfonsinista de pura cepa (hoy renegado y kirchnerista converso y por eso mismo ausente de la reunión que se realiza en Santa Fe) como Leopoldo Moreau, obtuvo un vergonzoso dos por ciento de los votos en el 2003. Cuatro años más tarde el radicalismo en el país iría llevando a un candidato peronista a la presidencia de la Nación: Roberto Lavagna y, simultáneamente, por primera vez accedería al triunfo en la provincia de Santa Fe aunque adosado al socialismo.

Si la discusión y la desconfianza fue lo que signó la relación de los radicales santafesinos con sus socios socialistas desde 2007 hasta nuestros días en que la tensión se volvió extrema, tuvo origen en la génesis misma de aquellos albores. Ya lo hemos referido en alguna ocasión anterior. El comité provincial de la UCR presidido por Felipe Michlig se oponía a los términos de la alianza tal cual la proponían los socialistas. Entre otras razones porque no existían tales términos fuera de la voluntad de Hermes Binner quien así lo había demostrado desoyendo la decisión del comité radical que había nombrado a Alicia Tate, la mujer del Changui Cáceres, para vicegobernadora y en cambio eligió a Griselda Tessio para que lo secunde en la fórmula.

Entonces un pragmático Mario Barletta, ex rector de la UNL candidato a intendente de la ciudad de Santa Fe de donde desalojaría a los peronistas luego de 24 años, impulsó la alianza con los socialistas con todo entusiasmo. Cuatro años más tarde reclamó su turno para ir por la Casa Gris pero los socios tenían otros planes. Argumentando carencia de institucionalización de la coalición, Barletta entonces se convirtió en un crítico ácido del Frente Progresista. El socialista Antonio Bonfatti sucedió a Binner, y el radical, convertido en diputado nacional y también presidente del comité nacional de la UCR, se dedicaría con su prima, Elisa Carrió, a trabajar de lleno en una alianza con el PRO. Con José Corral, el delfín que Barletta dejó en la intendencia capitalina, la relación radical-socialista recorrió un derrotero parecido. Hay quienes dicen que los radicales se ganaron en buena ley los desplantes de sus ex socios. También los hay quienes aplican a los socialistas semejante causalidad.

De modo que los radicales han sostenido un partido que siempre osciló entre el centro y la centroderecha (con las excepciones señaladas) por lo que aliarse con la construcción de centroderecha que el macrismo había generado en la comarca porteña no fue visto en su convención nacional como algo necesariamente contrario a su naturaleza. Simplemente porque no lo es.

Ahora claro, el domingo 22, antes y después en este país ganó Mauricio Macri. Algo así como el Cemafé santafesino. Los radicales, cual claque, acompañan desde atrás pese a ser la fuerza que mayor cantidad de votos aporta junto al desarrollo territorial que el PRO todavía no tiene. Y, lo que es peor aún, apenas se enteran de muchas medidas de Macri o éste no tiene en cuenta sus opiniones. Tal como Binner hiciera en 2007 al desechar la candidatura a vice de la esposa del Changui mostrando cómo sería la relación desde ese momento y para siempre.

Esto y no mucho más es lo que se debate a la orilla de la laguna Setúbal. Cuánto le costará al radicalismo este acompañamiento sin beneficio de inventario que le hace al macrismo. El objetivo de derrotar al peronismo está cumplido. Ahora buscan salvar al radicalismo. Nadie, ni ellos mismos, pensaron en 1968 que lo resuelto en su reunión llegaría a incidir en la vida política argentina del modo en que lo hiciera. Cáceres afirma que eso fue así porque, en más o menos, fueron consecuentes con aquellas ideas. Ganando y perdiendo.

De modo que no se puede descartar que esta vez no pase algo como entonces.

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