Domingo 22 de Agosto de 2021
Fue un clásico rosarino que se incrustó en el molde de lo previsible, con Newell’s y Central yendo al frente y dejando la vida hasta el paroxismo en cada pelota. Con dos equipos que actuaron a imagen y semejanza de Gamboa y el Kily González. Lo que sí se escapó del marco de lo presumible fue la buena actuación de Andrés Merlos. Es que la mayoría no creía, sobre todo en el mundo Central, que el árbitro iba a tener una labor que estuvo realmente a la altura del volcánico partido que jugaron leprosos y canallas. En ese sentido, se saluda con un fuerte aplauso que a partir de hoy sólo se hable de que el clásico fue grande en jugadas pero bastante chico en goles. El resultado mereció terminar con más gritos.
Separada la hojarasca de lo que estrictamente entregaron ambos equipos, la otra gran enseñanza que dejó el clásico fue que Merlos les tapó la boca a todos. El árbitro les enseñó a los que dudaban de él que hablar antes sin saber no fue el mejor atajo para condicionarlo. Justamente eso demostró con las decisiones que tomó en el partido, más allá de alguna acción que puede prestarse para la polémica como el penal que reclama Newell’s por falta de Almada a Scocco. Otra señal fue que Gamboa y el Kily acomodaron un discurso de disconformidad porque entendieron que sus equipos merecieron ganar. Ninguno puso la mira telescópica en el trabajo de Merlos y eso debe entenderse, sobre todo por el lado del Kily, como que el árbitro pasó desapercibido. Todo lo contrario a lo que ocurrió en la semana, donde Merlos fue señalado como el villano de la película. Deberían pedirle disculpas.