Opinión

De la grieta al bolsillo

Claves. El éxito del gobierno fue más político que económico, a favor de la voluntad de un gran sector de la sociedad de romper amarras con el pasado. Mañana, será otra historia, y cambiarán las demandas.

Jueves 25 de Enero de 2018

Cumplidos dos años de mandato, la gestión comienza un tiempo nuevo para el gobierno nacional. La sobredimensionada "grieta" no dura toda la vida y, desde ahora, deberá dar mejores respuestas económicas. Sin embargo, sigue gozando de una realidad que no muta, ni mutará en lo inmediato: el peronismo sigue en la lona.

El gobierno tuvo un éxito político arrollador al poner toda la carne al asador en la confrontación con el kirchnerismo, al fin el resultado de "la grieta", ese formidable negocio político de Mauricio Macri y Cristina Kirchner que le permitió a uno ganar las elecciones y a la otra ser senadora nacional. Clink, caja.

El fin del año pasado y el principio del 2018 encuentra a una parte de la Justicia en una cruzada contra algunos sindicalistas corruptos, casi en un símil de lo que ocurrió con los bolsos de López o aquellos road movies mediáticos tras la detención de algún pez gordo, como Julio De Vido.

Asquean a la opinión pública los episodios que se han visto con los sindicalistas Omar Caballo Suárez, Pata Medina, Marcelo Balcedo (y siguen las firmas), al punto de justificar por qué el gremialismo goza de la peor imagen entre la sociedad argentina. Lo que falta saber es si la resolución de la ofensiva macrista es tan exitosa como con los casos de los kirchneristas presos o sí, como preanuncia el siempre impresentable Luis Barrionuevo, el "tigre" se cansará de que le toquen la "cola".

El dirigente gastronómico fue aún más allá: "A los sindicatos los atacaron los militares, (Raúl) Alfonsín y (Fernando) De la Rúa y no terminaron su mandato. Yo no amenazo, aviso". Esas repudiables declaraciones, en otros tiempos, hubieran merecido la convocatoria a Tribunales o la intervención de oficio de un fiscal.

Pero, al margen de Barrionuevo —un personaje que fue funcional a Macri desde la campaña electoral—, en el sindicalismo saben que no están en condiciones de protagonizar batallas épicas. Se verá en los próximos meses si la relación fluctuante entre el gremialismo y el gobierno tendrá como resultado la ley de reforma laboral, o si ese intento del presidente queda en la nada.

Pero, esa ofensiva a mandíbula batiente del macrismo, encontró una piedra en su propio zapato: Jorge Triaca. El escándalo del que fue parte el funcionario no dejaría otra opción que la renuncia, de no ser por esa posición que adoptan muchos presidentes cuando hay una crisis política que involucra a uno de los suyos.

Macri no es de entregar ministros en momentos críticos. Es más, cuando se hace una evaluación desde sus tiempos de jefe de Gobierno porteño hasta hoy, al único que le soltó la mano fue a el entonces ministro de Educación porteño, Mariano Nardowsky, en 2009.

El presidente cree que Triaca, además de actuar como un principiante con la mucama familiar, fue víctima de una "cama política" de parte de sectores del sindicalismo, justo cuando se acerca el momento del debate de las paritarias. Y ahí está el mayor problema: ¿cómo va a hacer el hijo del histórico dirigente del Sindicato del Plástico para negociar cara a cara con los sindicalistas y, a la vez, pasearse por los canales de televisión reclamando cosas que él no cumplía? Ya se dijo: el colmo de un ministro de Trabajo es tener personal en negro.

"Es verdad que Mauricio no resuelve cosas bajo presión de la oposición, pero hay que esperar que vuelva de la gira. O no, mucho no sabemos", despejó una fuente del PRO, desde una playa, de la que se filtraban los sonidos de los vendedores ambulantes. Se verá.

En el plano político, Marcos Peña parece haberlo convencido a Macri de la necesidad de apostar a las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias para los turnos electorales que se vendrán en las provincias. La consolidación de Cambiemos como marca sirvió para triunfar en las legislativas, pero ahora se necesitará ensanchar el plan de acción política.

En Santa Fe ya existen las Paso desde hace tiempo, pero el macrismo nunca las utilizó mientras Miguel Del Sel fue candidato. Incluso, en los comicios a diputado nacional impidió por todos los medios que Jorge Boasso se presente a competir con Albor Cantard.

"Ahora estamos a la búsqueda de un candidato propio, bien PRO, para competir con el radicalismo. No podemos no tener un postulante propio, de Rosario, para enfrentar a (José) Corral", dijeron casi al unísono dos referencias del macrismo, mientras la medianoche del martes hacía pata ancha. Habrá más noticias para este boletín.

Corral, sabedor de que necesita niveles mayores de conocimiento, largará en marzo su campaña, aunque parece haberla comenzado con su crítica en los medios y en las redes sociales al gobernador Miguel Lifschitz por la situación del aeropuerto de Sauce Viejo. "Es mejor tirar todos para el mismo lado, José", le respondió Lifschitz, quien, luego, se fue a sacar una foto con Margarita Stolbizer, quien quiere volver al pago progresista tras el fracaso electoral con el massismo.

De las conversaciones con los políticos locales y nacionales se desprende que —créase o no— para ellos todo se divide en antes y después del Mundial. Creen que desde junio la sociedad argentina estará narcotizada por las imágenes que lleguen de Rusia y que, luego del campeonato, se pondrá proa hacia el 2019.

Parece ser un prejuicio y un deseo de la clase política, más que una realidad. Santa Fe al tener elecciones desdobladas adelanta sus tiempos políticos: los comicios serían casi seis meses antes que los nacionales. Habría primarias a gobernador e intendente en abril y generales en junio, como en 2015. Para la política local, el 2019 empieza antes.

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