Jueves 10 de Diciembre de 2020
El debate del aborto está en plena efervescencia, mientras el hambre duele, la educación hace agua y la pobreza crece sin freno en medio de una pandemia. Sin embargo, la vida siempre se abre paso. Más allá de las catástrofes, de los gobiernos de uno u otro color, la vida siempre se regenera e irrumpe con energía, fuerza y belleza. Este debate sobre un tema tan visceral como el comienzo de la vida no deja a nadie indiferente. Hoy la vida divide a la sociedad que clama, desde los distintos sectores, por la protección de derechos vulnerados.
Más allá de los extremos, hay miles de ciudadanos de a pie que no portan pañuelos, pero que aman a sus hijos y nietos. Y no sólo eso, sino que descubren en ellos el sentido de su existir, y también las más profundas lágrimas. Además, hay cientos de rosarinos que, sin hacer ruido, trabajan acompañando a mujeres que sufren todo tipo de violencia y las acompañan para llegar a alumbrar al hijo que están gestando, más allá de todas las penurias que atraviesan.
El resultado de esas gestaciones difíciles es siempre positivo, de allí la imperiosa necesidad de dejar a la vida abrirse paso. En medio de la pandemia, brota la necesidad de unirse y abrazarse y recobrar una "vida normal" con los otros, de valorar aquello que antes era tan "normal".
Atreverse a continuar el embarazo
De la misma manera, el proyecto del aborto ayuda a considerar cuán admirable son las mujeres que se atreven a llevar adelante el embarazo, aunque el entorno sea extremadamente hostil. Porque no se puede ocultar la alegría de quienes, sin recursos, abrazan la vida y no se les ocurre pensar en terminar con una gestación.
Para confirmarlo, basta recorrer las zonas más pobres. Sí, las más pobres de la ciudad para descubrir que allí la vida es mucho más fuerte que un deseo. Tal vez los diputados y senadores, ante tanta presión a la que están sometidos, no pueden dimensionar el sentir del pueblo ni conocer lo que pasa en los barrios.
En este año de pandemia, donde no son pocos los que perdieron a un ser querido, el Congreso de la Nación debate una ley que obligará (aunque no lo diga de manera tan clara) a que los médicos deban realizar abortos cuando una mujer lo pida. Y si no están de acuerdo, busquen a algún colega que lo practique. Además, se intentará que el Estado se haga cargo de los costos y no se podrá realizar una ecografía a una mujer antes del aborto, no vaya a ser que se dé cuenta de que lo que lleva en su cuerpo es una vida que late.
Discriminadas por gestar una vida
Cabe destacar la fuerza y el empeño de tantos grupos que arman marchas y pañuelazos, y da para pensar qué pasaría si se aplicara el mismo ahínco para acabar con el hambre, la pobreza, el desempleo y hasta se podría promover una ley de adopción que facilite la acogida de la vida a quienes tanto la esperan.
Ojalá los legisladores incluyan en el proyecto del aborto un servicio para las mujeres que sufran el síndrome posaborto, y distribuya información sobre las consecuencias que estas prácticas, aunque sean legales, causan en la persona gestante. Urge volcar la energía de la sociedad en cuidar a los que cuidan, a los que luchan y a las mujeres que son discriminadas por gestar una vida o por defenderla desde el primer momento.