Opinión

Cristina, la de siempre

Claves. El fracaso del gobierno de Macri se ejemplifica por el presente empoderado de CFK, quien es el filtro que deben sortear los pretendidos ministros de Fernández. Días finales en Santa Fe.

Domingo 01 de Diciembre de 2019

El fracaso del gobierno de Mauricio Macri se refleja en una cuestión que sobresale: Cristina Kirchner está vivita y coleando políticamente. Si a Cambiemos lo votaron para terminar con la ex presidenta, la realidad muestra lo contrario.

Hasta aquí, y fundamentalmente en los últimos días, Cristina enhebró una serie de decisiones que la volvieron a subir a la cima del protagonismo. Desde que fue anfitriona (junto a su hijo Máximo y a Wado De Pedro) del presidente electo, CFK tomó decisiones de poder, como si en verdad fuese la única protagonista, no la vice a sumir el 10 de diciembre.

Ella hizo dos gambitos en paralelo: colocó a Máximo como futuro jefe de bloque y corrió a Agustín Rossi al Ministerio de Defensa. También hizo convocar al cordobés Carlos Caserio al gabinete para unir al peronismo en la Cámara de Senadores bajo la batuta de José Mayans, un delegado de Gildo Insfrán. Pero no sólo esos movimientos puso en práctica la autora intelectual y material de "vamos por todo". "Yo resigné volver a ser presidenta, vos qué sos capaz de resignar", dicen que le dijo a Caserio.

Nombres en danza

Pasando revista a los nombres potenciales del gabinete, la presidenta se molestó por varios que pertenecen al selecto grupo de enemigos íntimos. Se habló del massista Diego Gorgal, para quien habría bolilla negra. Se habló de Vilma Ibarra, autora de un libro crítico de Cristina. No se habló, como muchos dijeron, de María Eugenia Bielsa. Al menos, es lo que expresa Alberto Fernández. "Lo de Bielsa es falso", dijo el futuro mandatario. Respecto de Ibarra, no puede retroceder: es la que le cuidará la firma.

En cambio, admitió Fernández que en el Ministerio de Seguridad "estamos viendo dos opciones". Los movimientos, los giros y las acciones tienen un protagonista lateral: Sergio Massa. El tigrense contribuyó, y en mucho, a la victoria del Frente de Todos, pero para el kirchnerismo sigue siendo difícil de digerir.

Hasta último momento circulan rumores de que un sector prefiere a José Luis Gioja en su lugar, aunque eso lleve a incumplir acuerdos. No es una novedad decir que en el horizonte de Massa está siempre la Presidencia de la Nación, cargo para el que también comenzará a activar Máximo.

"La decisión de que Máximo sea presidente del bloque se toma para que los diputados no empiecen a tomar la idea de que Massa es número uno entre los diputados del panperonismo", admitió una fuente relevante del episodio de las designaciones. Por lo pronto, el hijo de Cristina ya mantuvo reuniones con gobernadores, intendentes y legisladores preparando el terreno.

Habrá que esperar para saber si los desvelos de Cristina para recuperar protagonismo se limitan a las designaciones, y vuelve a un lugar secundario, o si es el comienzo de una etapa de doble comando, algo que el peronismo nunca aceptó.

Durante mucho tiempo la mirada estará puesta en la interna peronista, mucho más que en lo que pueda hacer o deconstruir Juntos por el Cambio. Esa lectura obligará a seguir de cerca la relación entre Omar Perotti y Casa Rosada.

Así como Rosario dependerá de entrada de la billetera provincial, la provincia dependerá de la billetera nacional. El premio que ganará el rafaelino será el fallo de la Corte Suprema comprometiendo a la Casa Rosada a desembolsar una millonada por la deuda de coparticipación. Pero eso se pagará en especie o en cómodas cuotas.

Todo indica que Rosario tendrá dos ministros: Rossi y Bielsa, algo que no sucedía desde hace muchos años y que constituirá toda una rareza en un gabinete que estará poblado de porteños y bonaerenses. Pero, habrá que esperar hasta el 6 de diciembre para chequear y rechequear. En política no hay que medirse el traje antes de que inviten a la fiesta.

Lo mejor que les puede pasar a todas las transiciones es que se terminen. Santa Fe vivió un impresentable intermezzo desde el 16 de junio, con dos gobernadores (uno en funciones y el otro electo) que se dedicaron a un juego de suma cero. Finalmente, se pusieron de acuerdo y sacaron a la luz el presupuesto de 2020.

En paralelo, empiezan a ver la forma de consensuar las ceremonias de traspaso del poder del 11 de diciembre, A la mayoría le importó un pito toda la pelea previa sobre el lugar de la entrega de atributos. Las preocupaciones están focalizadas en otras cuestiones.

Sobre el final de la transición rosarina, Pablo Javkin levantó la voz desde su cuenta de Twitter y se posicionó respecto de dichos del secretario de Gobierno, Gustavo Leone. En realidad, las declaraciones de Leone, diciendo que las medidas de fondo las tendrá que tomar la administración que viene, le sirvieron al intendente electo para mandar mensajes internos. "Voy a ser muy responsable, voy a cuidar los recursos de los rosarinos y, sobre todo, voy a hablar con la verdad", alertó Javkin.

La transición mostró severos desajustes en el peronismo provincial, que quedaron evidenciados en el voto a favor del presupuesto de seis senadores justicialistas, y en el Frente Progresista, con el mar de fondo entre Javkin y el socialismo. Es más, como se dijo en esta columna el jueves pasado: la transición generó más ruidos y ruiditos que la campaña electoral.

Quedan pocos días para esos ruidos y ruiditos. Desde el 10 y 11 de diciembre, habrá que ver cómo gobiernan. Y olvidarse un poco de lo que dicen.

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