Opinión

Crisis social y seguridad pública

Viernes 16 de Octubre de 2020

La crisis social que, en todo sentido, está trayendo aparejada la pandemia y la cuarentena tiene su doble impacto en las problemáticas de seguridad. Por un lado, y como toda actividad económica, la criminalidad se ve afectada por la malaria en todos los niveles, desde los ladronzuelos que preferirían un mejor trabajo hasta los potentados dueños de empresas millonarias manejadas tras las rejas. Por otro lado, la locura que arrecia en cada rincón de la sociedad ante una situación tan inédita como incierta.

Esta crisis pone en claro que esa locura afecta a toda la sociedad, dirigentes y dirigidos, cuidadores y cuidados, víctimas y victimarios. Y también pone en claro, algo que es lógico que la sociedad no quiera ver e insista en negar, que las problemáticas de seguridad son una cuestión social que atañe a todos sus componentes, más bien a su expresión colectiva, y no algo que pueda ser resuelto por una sola persona, incluso una gestión.

Lo que es indiscutible es que su tratamiento corresponde al Estado, en el caso de la Argentina, un Estado democrático fruto de un acuerdo entre ciudadanos responsables de sus vidas que delega facultades y tareas mediante el voto. Y si bien la evolución de la sociedad argentina, de sus pactos y de su Estado pone a menudo a éste como una empresa que tiene que satisfacer a sus clientela —triste consecuencia de aplicar tanto marketing a la política-- está claro que una cosa es hacer un reclamo a una empresa estatal proveedora de un servicio y otra muy distinta es pretender solucionar problemáticas muy complicadas siguiendo ese tipo de lógicas, pletóricas de eslóganes que no llevan a ningún lado; más allá de que a alguien le pueda servir para ocupar algún cargo temporalmente.

La seguridad pública es una problemática que suele abordarse como "inseguridad" sin entender que ese concepto es intangible y difícil de llevar a algo concreto que no sea la venta de puertas blindadas o la proliferación de cámaras de videovigilancia. En nombre de la "inseguridad" el vecindario pone cámaras, compra armas, lincha ladrones y se indigna por cosas que no pasan pero podrían pasar: "Acá te matan por las zapatillas", se suele decir como si fuera una constante cuando en realidad los homicidios en ocasión de robo son minoritarios. "La inseguridad duele", dicen algunos, como si alguien se pusiera mal por algo que no existe, ya que está claro que lo que duele son los homicidios y los robos violentos. Pero ojo, no se trata de negar lo que ha dado en llamarse "inseguridad" sino en abordarla desde su lado concreto en vez de hacerlo desde el miedo, el odio o la venta de aerosol antirrobo.

La mala noticia es que los concretos problemas de seguridad pública son muy difíciles de resolver. A esta altura hay que decidir y elegir ser medio pavote para no darse cuenta de que no alcanzan las cámaras, los patrulleros, la gendarmería y los parches que se demandan al Estado y luego se ofertan desde éste. Resolver esos problemas englobados fallutamente en lo que se llama "inseguridad" requiere de dispositivos que aborden en escritorios y en territorios la creciente desigualdad e injusticia social. Requiere de ideas y acciones, ganas de cambiar el mundo, concesiones, humildad y honestidad intelectual. Requiere de buena leche por parte de un sector mayoritario de la sociedad que produce y sufre de esos problemas, tanto de sus causas como consecuencias. Requiere terminar con la hipocresía y el individualismo.

Dichas todas estas obviedades, queda una pregunta picando: ¿alguien quiere resolver los problemas de seguridad pública?

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS