Contramano
No hay carros con caballos, pero Rosario está lejos de haber terminado con la tracción a sangre para el cirujeo. Cuando la solución de un problema pone un velo e incluso profundiza otro

Viernes 07 de Mayo de 2021

Fabián camina. Va por la avenida de la Costa, empuja un carro con el que todos los días sale a hacer su trabajo. El carro tiene cuatro ruedas pero una no llega a apoyarse en el pavimento. Pero él va, sin sobresaltarse, paso a paso, sobre unas ojotas que claramente le quedan chicas.

¿Cuántos kilómetros, cuántas horas caminará Fabián por día? ¿Cuántos Fabianes caminan las calles de Rosario, juntando lo que pueden de lo desechos de otros, para después venderlo por unos pocos pesos?

La pobreza crece desde hace muchos años sin pausa en la Argentina. La pandemia aceleró el proceso y hoy cuatro de cada diez habitantes del país son pobres. Casi 20 millones de personas. La indigencia ronda el 10 por ciento.

¿Qué opciones tienen quienes forman parte de ese universo? El delito no da tregua en Rosario. Cada vez más chicos se dedican al narcomenudeo a sabiendas de que pueden terminar como tantos que en estos tiempos aparecen en las páginas policiales del diario: víctimas de las balaceras que se repiten día a día, en el marco de las disputas entre bandas por el dominio de los territorios.

Mientras tanto, en las calles de la ciudad, la imagen de hombres y mujeres que empujan o arrastran changos de supermercado con el que juntan lo que les pueda servir de los contenedores de basura se multiplica.

En otras épocas se hacía con caballos, pero desde 2017 ya no, porque la Municipalidad comenzó a aplicar ese año una ordenanza sancionada en 2010 para terminar con la tracción a sangre.

FABIÁN CORTOMETRAJE

Suele pasar: una norma soluciona un problema (la explotación e incluso el maltrato del ser humano sobre los animales) pero pone un velo e incluso profundiza otro. La pobreza sigue allí. La tracción a sangre también.

Mientras tanto, Fabián camina. Avanza por la avenida de la Costa rumbo a Puerto Norte, se cruza de frente con los autos que van a toda velocidad hacia el centro. La cámara que lo sigue enfoca sus piernas, sus talones que se salen de las ojotas.

En un momento se ven los obradores y una de las torres altísimas de la zona, esas en las que confluyen el dinero de empresas prósperas, profesionales exitosos, chacareros y también del narcotráfico, cada vez más presente en la estética y en la economía urbanas.

Fabián, cartonero y protagonista del corto documental que lleva su nombre (realizado por Martín Pesenti y Julián Alfano), en un momento parece cansarse de esa intrusa que marcha imperturbable detrás de él. Se da vuelta, mira hacia ella, nos mira a los ojos, nos interpela.

La sube a su carro y también nos sube a nosotros. Que entonces podemos ver el temblor, la inestabilidad, la zozobra de ir a contramano.