Opinión

Condenados a creer

Condición humana. Aun en las peores crisis, los hombres depositan su confianza en algo o alguien. Es una característica de la especie.

Lunes 04 de Febrero de 2019

Lo sabemos. El ser humano está condenado a creer. En deidades, en un futuro mejor, en la ciencia, en salvadores, en milagros, que todo es posible, en que todo el mundo es bueno o en que "el mundo fue y será una porquería", entre tantísimas creencias. Pero, ¿qué sucede cuando invade la incredulidad? Muchos dirían, que "se deja de creer". Psicológicamente imposible. Quien dice no creer, cree firmemente y siente que no puede creer como antes. Quizás hasta le gustaría creer como antes. Es una persona "resentida" (no puede dejar de sentir que no puede creer como antes). O cree en la imposibilidad. Y si esta persona responde, "no es que creo, estoy convencido", sigue creyendo. Porque las convicciones son creencias con carácter de verdades incuestionables. ¿O no se habla acaso de las "religiones seculares" como las ideologías por ejemplo?.


Pero supongamos que nos llega la incredulidad, el descreimiento. Algunos la definen como situaciones de crisis. Si la crisis se produce por falta de algo creíble, esto finalmente, jerarquiza a las creencias. En el ser humano, así como en las sociedades, las crisis son los momentos de predominio del pensamiento mágico, o sea, más creencias. Pero supongamos nuevamente que nos llega la incredulidad, el descreimiento. En ese preciso momento surge, automáticamente, la vieja conocida "sálvese quien pueda" (que siempre es a costa de los demás). Siempre acompañada de resentimiento. Lo que significa que ya no se cree en salidas grupales, sino individuales. Y aquí y ahora; con robos, saqueos y asesinatos para la supervivencia individual. Cuando la supervivencia por descreimiento se organiza grupalmente, también hay asesinatos; pero para la supervivencia grupal. Y lo sabemos, estos grupos no perdonan traiciones. Creen firmemente, tienen convicciones sobre la necesidad del respeto por la verticalidad y la obediencia al mandamás. Algo casi sagrado. O sea, creen. Renuevan sus creencias. Y si alguien quiere disputarle el lugar al mandamás, o quedarse con una porción de su poder, obviamente debe recurrir al asesinato. Seguramente porque cree que mandaría mejor o porque cree ser el merecedor de la primera posición. O sea, cree. Además, paradójicamente, todas estas posibilidades, reproducen las condiciones que generaron aquel rechazable descreimiento original.

Parece entonces que hasta en los momentos de crisis, de supervivencia o de supuesta incredulidad, los seres humanos siguen creyendo. Distinto pero creen. Y esto no es algo para dejarlo pasar. Porque creer es una necesidad para el ser humano y las creencias pueden tomar infinitas formas. Podemos sorprendernos de las nuevas formas que toman, pero no podemos sorprendernos de que existan. Siempre existieron, existen hoy y seguramente existirán mientras el ser humano siga siendo lo que es. Al menos hasta que nos transformemos en "cyborgs".


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