Opinión

Con la emoción a flor de piel

La ex presidenta se mostró en Rosario íntima, descontracturada, y renovó una vez más el vínculo con sus seguidores.

Viernes 21 de Junio de 2019

Intima, descontracturada, soltando con plasticidad algunas palabras, tal vez, cuidadosamente incorrectas, Cristina sigue con su gira nacional de presentaciones de su “Sinceramente”, una creación literaria con pretensión autobiográfica. Que, al cabo, motoriza un modo de campaña política, de autor. Todo transcurre sobre un escenario despojado; una mesa, un presentador, el talentoso escritor y periodista Marcelo Figueras, que apenas propone tips disparadores, para que aparezca la palabra de Cristina.

Los gestos, las emociones, algunas lágrimas que, inevitablemente, brotaron de los ojos de la ex presidenta, se multiplicaron en las pantallas gigantes para el disfrute de los dos mil fans que ocuparon ayer el Metropolitano. Y para los miles que la siguieron desde el parque contiguo. También por las pantallas gigantes.

Con el “Amor después del amor”, el megaéxito de Fito Páez, en la apertura, justo antes del ingreso, y luego la previsible “Mariposa Tecnicolor”, también del rosarino, al cierre, el momento de firmar algunos libros, Cristina dio otro paso más en su secuencia de vínculo emocional con la rosarinidad K. “Cómo no venir a Rosario, y cómo no venir un 20 de junio, el día de la Bandera”, se justificó la ahora candidata a vicepresidenta, en la fórmula con Alberto Fernández.

Ya lejos de las épocas del agite presidencial, del gesto tenso, la palabra querellante, y sobre todo, “del dedito” (según su propia descripción, en modo humor) señalador, Cristina Kirchner parece disfrutar de la sorprendente jugada con que noqueó a todo el sistema político oficialista: colocarse levemente corrida del centro de la escena, aunque no retirada, y promover el retorno al frente nacional y popular de “todos”, los que lucían —hasta hace poco— como “perdonables”, y los imperdonables, también. El frente con todos.

La gira de la jefa con su libro megaéxito, el más vendido de la historia editorial argentina (se acerca a los 300 mil ejemplares), no ofrece luces, ni sonidos estridentes, ni discursos políticos tradicionales. Sin embargo, concentra de a miles en cada ciudad (empezó con la Rural de Palermo, de Buenos Aires, siguió con Santiago del Estero, y ayer llegó a Rosario). Se trata de una estética de comunicación política, cara a cara, donde flotan las emociones antes que las grandes explicaciones político doctrinarias. Y, sin embargo, la política está. No podría ser de otro modo.

¿Por qué Manuel Belgrano es mi prócer favorito?, se preguntó Cristina con el pie que le ofreció su presentador. Y se lamentó de que estemos celebrando el “día de su muerte”. “Por qué no celebrar las grandes batallas ganadas, como la de Salta”, donde los españoles tuvieron cerca de 500 muertos. Allí la Cristina punzante, retorna. La narración de la historia en modo revista Billiken, nunca fue de su gusto.

En la hora en que Cristina estuvo en escena, hubo apenas dos menciones, sin nombrarlos, a sus contendientes principales de las elecciones de agosto y octubre próximos. Del presidente Mauricio Macri refirió al curioso discurso que dio ayer en Rosario, por la mañana, en conmemoración del día de la Bandera, pero en un club de barrio de la zona sur de la ciudad. Macri, rodeado de niños, atacó al sindicalista Hugo Moyano, durante siete minutos. Y se fue de la ciudad. “Lo invitó a inaugurar un monumento a Perón, el 17 de octubre de 2015”, recordó CFK sobre aquel clima de amistad — hoy roto— que prevalecía entre Moyano y Macri. Eran otros tiempos, otra Argentina, que hoy parecer lejana.

Luego Cristina jugó fuerte contra María Eugenia Vidal, también sin nombrarla. Y no fue casual, la gobernadora de la provincia de Buenos Aires será el rival más duro a vencer para el peronismo kirchnerista. “A mí me inventaban amantes, y eso que soy una señora, una abuela”, desafió, a propósito del hostigamiento mediático que padece desde hace más de una década. “Pero hay otras mujeres, jóvenes, de 45 años, que no son viudas como yo, y que son como hadas buenas, asexuadas”, fustigó.

Hasta que se precipitó el final. Cuando las pantallas mostraron a la multitud en la calle, ya bajo las sombras de la noche temprana que le daba fin al día previo al inicio del invierno, el día más corto del año. Y salió a saludar, para que la emoción también pudiera flotar, sobre miles de cabezas, al aire libre, y que con sólo esos pocos minutos de contacto con CFK consiguieron aplacar sus almas. Y alimentar los sueños de retorno. Vamos a volver.

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