Opinión

Como tumbas errantes

La estrategia a imponer se parece al título de la vieja película del gran Luis Sandrini La culpa la tuvo el Otro.

Domingo 26 de Noviembre de 2017

La estrategia a imponer se parece al título de la vieja película del gran Luis Sandrini La culpa la tuvo el Otro. Era una comedia que los reyes del despojo convirtieron en drama sin suspenso. Porque el final se avizora inexorable. El barco, cuando todos estén descuidados como en el Titanic, recibirá sin anestesia el fatal impacto como acostumbra el FMI y rematadores asociados. La ilusión arranca con la ventilación de un proyecto. Opinadores y obedientes esbirros dirán que es necesario y urgente para que el país se convierta en el anhelado paraíso, aunque se cuidan de decir de quién. Todo será una maniobra. Como el tero, que grita por un lado y pone los huevos en otro. Silenciosamente, otros proyectos avanzarán al mismo tiempo en silencio y cuando la maniobra se haga evidente, será tarde. Resulta curioso que el paquetazo proveniente de la más rancia alcurnia de la ultraderecha tiene los números en rojo sangre, que será una estocada fatal para los que claman en las arenas de los necesitados, como reza una encíclica. Es muy difícil ser libres cuando todo se compra y se vende como en el mercado. Pero la banda de los CEO's habrá logrado su propósito utilizando promesas que se olvidan a poco de ser enfáticamente dichas. Es sabido que la vida es fácil, pero difícil es vivirla y salir indemne. Eso es imposible. El tipo, un ganapán cualquiera, ya se está arrepintiendo de algunas decisiones que lo convirtieron en un ciego que marcha con una lámpara de nadie perdido en el holocausto. Percibe un peligroso retorno de la censura y la mordaza que de buena fe creyó desterradas. Y hasta le revuelve las entrañas que como si nada se vuelva a hablar de tumbas sin nombre, de gente que no lo es más. Ya se investigará cuando sea conveniente. Los que deben impartir justicia premian con la absolución a los intocables. En qué espejo se mirarán los seguidores de los falsos dioses, eso no logra dilucidarlo el tipo. Sólo sabe que percibe que nada está cambiando para bien. Que una amarga historia se repite. Leyó una vez que un fracaso nunca se improvisa, se construye. Sueña que cuando se harten de engullir más de lo que puedan tragar, habrá llegado el fin de la hipocresía moral. Y el tiempo de una lucha colosal que lo libere de ser una tumba errante para recuperar su extraviada condición humana. Somos un país con sed de libertad. Y el tipo, por instinto y ya sin venda en los ojos, sabe que siempre se puede volver a empezar.

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