Opinión

Chisporroteos de campaña

La dura pelea por la provincia. Entre el oficialismo y el PRO, diferencias que distan de ser sutiles. El discurso de Carrió y la apuesta de Contigiani. Imágenes que no muestran lo que dice su título.

Lunes 03 de Julio de 2017

"Tenemos que ganar Santa Fe, fundamentalmente, para derrotar al narcotráfico en Rosario". La frase pertenece a Elisa Carrió y cierra un video de campaña que su representante en Santa Fe y candidata a tercera diputada nacional en la lista de Cambiemos de esta provincia, Lucila Lehmann, difunde profusamente en las redes sociales.

Ya al salir de la cumbre de candidatos oficialistas realizada en un complejo porteño el viernes último, la propia Carrió había declarado a la prensa —luego de burlarse del teñido de Jaime Durán Barba, quien fue nada menos que el encargado de una de las principales arengas de estrategia a los postulantes— que ella hará campaña en el país anunciando que recorrería las provincias de Buenos Aires y Santa Fe.

Todos los candidatos fueron luego a un besamanos en Olivos donde los agasajó el presidente Mauricio Macri. Al igual que Lehmann, los radicales santafesinos no dejaron de resaltar su éxtasis por el lugar que en la foto oficial de los candidatos de Cambiemos le dieron al primogénito de la lista: el radical Albor Cantard. Efectivamente la foto muestra a Nicky —como lo conoce buena parte de la comunidad universitaria de la Universidad del Litoral (de la que llegó a ser rector) y que ahora, siguiendo consejo del ecuatoriano de hablarle a la gente, será el modo como lo nombrarán sus correligionarios en la campaña— en primera fila compartiendo el centro exacto con la vicepresidenta, Gabriela Michetti, y con el presidente y Lilita parados detrás de ellos. El resto del grupo rodea a este centro.

Apenas 24 horas antes en la capital provincial, el Frente Progresista Cívico y Social hizo su puesta en escena en el complejo Néstor Kirchner de la Festram, presentando a sus candidatos encabezados por el radical Luis Contigiani, el aguerrido ministro de la Producción que levantó en más de una ocasión el perfil a la administración de la Casa Gris dándole densidad ideológica al sector del gobernador Lifschitz quien, obligado más de una vez a la coexistencia pacífica con la Casa Rosada que exige la gestión, quedaba apagado frente a las críticas a las políticas macristas de otros dirigentes de su partido, incluido el propio líder socialista, Antonio Bonfatti.

La toma que inmortalizó el acto —en el estilo que sus propios estrategas comunicacionales le han impuesto a la gestión— está al revés como en casi todas las reuniones masivas, institucionales o partidarias del socialismo: una primera línea de figuras que miran directamente a la cámara, y a sus espaldas todo el público que el jueves en la sede gremial de la federación de municipales era la totalidad del funcionariato (con excepción de los dos ministros del radicalismo de Cambiemos, Schneider y Mattozo), legisladores con Binner y Bonfatti a la cabeza, afiliados, simpatizantes del socialismo, los sectores radicales que adhieren, con el vicegobernador Carlos Fascendini al frente y de los otros partidos satelitales del socialismo.

La primera línea parte de un centro claro con Contigiani al medio, Lifschitz (con muletas) a su derecha y Fascendini, a la izquierda, en la que continúan los demás postulados: Fabián Bastía, Alicia Ciciliani y Juan Cruz Cándido. Del otro lado, siguiendo a Lifschitz pero un paso más atrás, se ubicaron Binner, Bonfatti, Jatton.

Hasta aquí las fotos. Que se suponen que están hechas "para mostrar, no para evocar. Por eso cuentan como evidencia. Pero ¿evidencia de qué? La sospecha de que la imagen no muestre lo que su título dice mostrar continúa persiguiendo las discusiones sobre fotografía de guerra", escribiría la gran Susan Sontag en "Ante el dolor de los demás", la obra en la que revisaría su ensayo "Sobre la fotografía".

Está claro que las fotos que referenciamos hoy no son de guerra. Apenas de aprestos para una compulsa electoral y nuestro recorte es sobre el territorio santafesino, que es el que nos interesa. Tampoco se trata de hacer una lectura académica de ellas sino solo encontrar algunas señales para ver cómo se preparan, ya sea para mantener, recuperar o ganar el poder, quienes compiten por él. Generalmente en nombre del bien común.

Se supone que todos —no sólo nuestros ejemplos de Cambiemos y el Frente Progresista que usamos por ser oficialismos en la Nación y en la provincia, respectivamente— están convencidos de que su aporte a ese bien común será el más propiciatorio y que tienen las herramientas para modificar las cosas en beneficio de una mayoría cada vez más extendida. Por oposición, aunque de un modo un tanto brutal, podríamos deducir que todos los demás, quienes no postulamos a una banca legislativa, es porque no consideramos que estemos en condiciones de llevar adelante la tarea. Claro que no es así, pero sirve acentuar el contraste y de paso señalar el primer dato relevante: todos los demás, los que no estamos en las fotos porque no somos candidatos, somos parte del mismo proceso. Y una parte relevante.

Y a nosotros están dirigidos los actos, los discursos y las fotos y toda la gestualidad de quienes tienen la tarea de convencernos de que son ellos y no otros los mejores para este momento de la provincia. Por eso, por ejemplo, Contigiani dirá que no va al Congreso sino "para defender los intereses de la provincia" como si se esperara que hiciera otra cosa —lo que sería, además, del todo defraudatorio— pero no lo dice por eso que es obvio sino para subrayar que él cree que los candidatos de Cambiemos irán a cumplir sólo las órdenes de la Casa Rosada aunque éstas, en algún caso, colisionen con los intereses de la provincia.

Esto tiene directa correlación con las declaraciones de Carrió. Contigiani dice si nos eligen a nosotros que estamos gobernando y por eso sabemos que es lo que tenemos que ir a buscar al Congreso, defenderemos mejor que nadie los intereses provinciales que se ven afectados por las políticas del gobierno nacional. Vamos dispuestos a esa pulseada.

¿Qué dice Carrió? Siempre, adviértase, que toda campaña electoral puede (y debe, diría yo) leerse en clave dialógica. Ya sé que Durán Barba aconsejó en Parque Norte a los candidatos de Cambiemos que no dialoguen con sus adversarios sino directamente con el pueblo. ¡Qué paradójico! Si hay una actitud que emparenta al macrismo con el kirchnerismo es ese rasgo que todo populista que se precie sacraliza: quien pretenda ser o se presuma líder no necesita intermediación institucional para hablar con el pueblo porque sabe interpretarlo por sí solo como si de un imperativo categórico se tratara. Se me dirá que es una cuestión táctica que permite a un dirigente correr de su centro de miras a otros negándoles entidad al debatir con alguien que uno elija. Ya Maquiavelo en las "Cartas a Tito Livio" advirtió que más importante que los aliados y amigos es saber elegir a los enemigos o adversarios. Un ejemplo de esto que digo es Cristina Kirchner ocho años peleando con los medios de prensa para no poner en su mismo nivel a ningún dirigente de otro partido. Cuando no tuvo más remedio que hacerlo eligió a un intendente: Mauricio Macri. Hoy, éste le devuelve la atención.

Volviendo a la respuesta de Carrió (que podemos leer como respuesta a lo que dice el poder provincial —el socialismo— en la voz de Contigiani) se advierte que dice lo contrario al candidato del Frente Progresista: "Hay que votar a Cambiemos para ganarle al narcotráfico en Rosario". Veamos. Lo dijo cuando ya la ciudad estaba en la mira de los medios del mundo a raíz del casamiento de Lionel Messi y a horas de que fuerzas federales capturaran a la madre del líder de la banda narco Los Monos. ¿Se advierte la asociación semiótica que hace? Es la misma que hiciera alguna vez desde su banca de diputado el secretario general de La Cámpora, Andrés Larroque, aunque con una formulación menos torpe y rústica.

¿Esto preanuncia que la campaña será así de dura? Probablemente. Del mismo modo, la foto socialista en el Centro Kirchner de la ciudad de Santa Fe muestra a Lifschitz que, con muletas y todo, se pone la campaña al hombro. ¿Eso quiere decir que Binner y Bonfatti aparezcan en la imagen un paso atrás? Lifschitz sabe que hasta agosto deberá bancarse el asedio de visitas constantes y acciones de funcionarios nacionales bajo sus ventanas. Y por eso, él en tanto titular del Ejecutivo (tal como ayer contó el colega Mauricio Maronna) saldrá a mostrar todas las obras que lleva adelante su gobierno. "El plan más ambicioso de la historia de la provincia", exageró. La Rosada ya largó spots de televisión con la obra hace poco inaugurada de un metrobús en la ciudad de Santa Fe, que concluye con la frase: "Haciendo lo que hay que hacer, todo es posible juntos".

El viernes en las reuniones de Cambiemos en Buenos Aires y Olivos quedó claro que a la trinchera santafesina bajaran los funcionarios nacionales. Hay otro dato que, además de ser una necesidad, es ya una decisión. A Cambiemos le urge poner en el centro de la escena a Nicky Cantard, de conocimiento nulo fuera del ámbito universitario de la capital provincial. Para ello Corral debe correrse de esa escena y, de paso preservarse (después de agosto se verá), el problema es que el perfil de candidato no alcanza para encender los debates ni zaherir al adversario con ironías y mordacidad.

Ahí aparece como la imagen de la Libertad guiando al pueblo de Eugene Delacroix, Elisa Carrió: "Ya gané muchas veces en Santa Fe, así que allá voy", desafió el viernes.

Oficialmente, la campaña para las Paso comienza el 14.

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